MARCO DE NIZA
VIAJERO Y ESCRITOR.-
Nació en Niza, ducado de Saboya, desconociéndose
el nombre de sus padres. En 1531 ya era sacerdote
y mayor de veinticinco años por lo que la fecha
de su nacimiento debe ser colocada entre 1505 y 6.
Ese año se embarcó con destino a Méjico
y al arribar a la isla de Santo Domingo tuvo noticias
de la conquista del riquísimo imperio de los
Incas en el Perú, y se entusiasmó por
ello, pero siguió a su destino. En Méjico
le enviaron a la ciudad de León en Nicaragua,
a servir en las huestes del Adelantado Pedro de Alvarado,
Gobernador de Guatemala, que preparaba una expedición
hacia el sur en Enero del 34, a disputar el dominio
de las regiones del Quito a Francisco Pizarro.
Niza llegó como
Capellán de Alvarado. El desembarco se realizó
por Jipijapa donde hallaron algo de oro y unas cuantas
esmeraldas/ de allí exploraron las zonas de
Daule y el sistema hidrográfico de la cuenca
del Guayas, soportaron peligrosas guazabaras con los
indios Chonos de la región y tras múltiples
vicisitudes pudieron escalar la cordillera de los
Andes y salir por la zona cercana a Ambato, llevándose
la desilusión de comprobar que no eran los
primeros en llegar, pues numerosas huellas de herraduras
anunciaban que otros muchos españoles los habían
antecedido. Eran Diego de Almagro y Sebastián
de Benalcázar, que unidas sus fuerzas, los
estaban esperando en la recién fundada ciudad
de Santiago, en las llanuras de Liribamba.
El Cacique de Chimbo avisó
a Almagro de la presencia de Alvarado y éste
designó a siete de sus hombres para que fueran
a seguirle los pasos, pero Alvarado los sorprendió
y apresó. Con los mismos mandó a decir
a Almagro sus derechos, pero éste il contestó
que nada hacía allí, pues esos territorios
le pertenecían a él por las Capitulaciones
firmadas con el Rey y por la conquista material que
acababa de finalizar. De al líen adelante empezaron
las conversaciones amistosas, que la situación
no estaba para que los españoles se mataran
entre ellos, primera través de agentes o emisarios
y luego personalmente. Los de Alvarado fueron Fray
Marco de Niza y Juan de Rada, que concreta ron la
entrevista entre los caudillos.
Fruto de ella fue un primer convenio que luego se
cambió por otro definitivo y se pactó
la entrega a Alvarado de cien mil pesos de oro por
parte de Almagro, a cambio de su flota, hombres, armas
y caballos y para garantizarle el pago Almagro acompañó
a Alvarado al Perú, donde debía entregar
el dinero.
La discreción y tacto
de Niza en estas negociaciones le granjearon la amistad
y estima de los españoles del bando de Benalcázar,
a cuyo servicio quedó/ figurando en el reparto
de solares ,de la villa de San Francisco de Quito
el 6 de Diciembre y cuando en 1535 se erigió
en el Perú la Provincia franciscana de los
Doce Apóstoles, ocupó las funciones
de Comisario, Sin embargo, a fines del 36 regresó
a Guatemala. En Abril del 37 visitó al Obispo
Zumárraga de Méjico. Ya era un sacerdote
famoso por sus aventuras en el Perú, reputado
como osadísimo misionero y adoctrinador de
experiencia, su pelo pintaba canas y el Virrey de
Méjico Antonio de Mendoza le encomendó
que viajara con varios frailes a someter y catequizar
pacíficamente a los indios del norte en la
Gobernación de Nueva Galicia, que se estaba
conquistando.
El 7 de Mayo de 1539 Niza salió
de San Miguel de Culiacán, aprovechando la
primavera, pero solo se hizo acompañar de un
hermano lego llamado Honorato, del negro Estebanico
y de seis indios cristianizados. Primero arribaron
a Petatlan donde Honorato se regresó acompañado
de un indio pues no quiso o no pudo continuar el viaje,
luego siguieron a Sinaloa, atravesaron las regiones
de los ríos Yaquemí y Sangra y por ése
último siguieron siempre en dirección
nordeste, a tierras adentro, totalmente desconocidas
e inexploradas. En un río llamado Gila, Estebanico
y tres indios se adelantaron a explorar, pero el primero
no regresó jamás, ignorándose
su suerte. Los indios dijeron después que había
muerto y contaron a Niza que habían visto una
hermosísima ciudad de plata pura en el horizonte.
¿Quizás un espejismo?
Niza les restañó
las heridas y ya curadas, continúo como pudo,
con ellos, en largas jornadas; por terrenos estériles
y casi desiertos y bajo un sol abrasador que les quemaba
de día. Por las noches, en cambio, el frío
y el viento les hundía en negros presagios
y así durante varias jornadas, hasta que llegaron
a un basto alcor, desde donde divisó Niza en
las lejanías de las nubes "las siete legendarias
ciudades de Cíbola", no lejos de un extraño
poblado de indios pobres llamado Zuñí,
que pendía una gran peña a su entrada,
puesta sobre la tierra como si fuera un tótem,
y que parecería un gigante guardián.
Entonces decidió regresar
a donde el Virrey a contarle su feliz descubrimiento,
no sin antes tomar posesión de todas esas comarcas
en nombre del Rey de España, designándolas
como tierras de San Francisco, las mismas que hoy
forman el estado norteamericano de Nueva Méjico.
Su noticia fantasiosa se regó
por todo Méjico y ocasionó la expectación
de muchos aventureros deseosos de alcanzar riquezas
y honores. El propio Virrey aceptó pagar los
gastos de una expedición armada, que confió
al Gobernador de la provincia de Nueva Galicia, Francisco
Vázquez de Coronado. En ella se incorporó
el propio Niza, mas que como Capellán castrense,
como guía y sujeto principal. Por esto se saca
en claro que él fue el primer engañado
con el espejismo de las siete ciudades de plata, pues
de otra manera no hubiera aceptado correr la segunda
aventura. Además, el patetismo de sus descripciones
hace improbable que mintiera con tantos detalles.
Lo cierto fue que al arribar a Zuñi, la tomaron
por las armas y allí fueron informados de la
existencia del riquísimo reino de Tusayán
al norte, al que Vázquez de Coronado quiso
conquistar enviando una expedición a las órdenes
de Pedro de Tobar, pero sólo hallaron un gran
río y numerosos poblados pequeños, casi
insignificantes.
De ello solo quedó el
largo recorrido por el río Bermejo o Colorado,
que exploraron hasta el gran cañón y
varios meses después, desilusionados por la
falta de riquezas, emprendieron el regreso sin pena
ni gloria.
Niza sufrió mucho en
el viaje, no solamente por las burlas que diariamente
le endilgaban los cansados expedicionarios, sino también
porque su ambición se había visto insatisfecha,
pero de todo lo actuado y recorrido dejó memoria
en la "Relación del descubrimiento de
las siete ciudades y reino de Cíbola al norte
de México" que presentó al Virrey
Mendoza, donde anotó algunas noticias curiosas
y otras anecdóticas de los sucesos expedicionarios,
con mentiras tan grandes como aquella de que las siete
ciudades habían sido fundadas por otros tantos
obispos huidos de España cuando la invasión
de los árabes, todo lo cual creyó a
píe juntíllas el simplón del
Virrey. (1)
En 1540 fue elegido Ministro
de la provincia franciscana del Santo Evangelio en
Méjico, según lo indica detalladamente
el Cronista Buenaventura de Córdova y Salinas
en su obra sobre los franciscanos venidos al Perú,
publicada en 1953 en Washington y que traducida al
español apareció cuatro años
después.
Durante uno de los tantos asedios
moros a España, siete familias de Extremadura
habrían logrado escapar de la victoria musulmana
y, embarcándose en Portugal hacia el mar desconocido,
habrían llegado después de una audaz
travesía al Nuevo Mundo. Allí fundaron
las siete ciudades de Cíbola, en las cuales
abundaba el metal precioso y las turquesas tenían
las dimensiones de huevos prehistóricos.
En 1554 vivía en Jalapa,
tullido de pies y manos a causa de los padecimientos
sufridos en su viaje a Nuevo Méjico. A principios
del 58 y sintiéndose grave y deseoso de que
sus cenizas reposaran junto a Ja de los primeros religiosos
fundadores de su Orden en Méjico, se trasladó
a esa ciudad y allí falleció tranquilamente
el 25 de Marzo de ese año.
Aparte de la relación
ya mencionada se dice que Fray Marco de Niza fue autor
de dos obras más. Una titulada "Conquista
del Perú, ritos y ceremonias de los antiguos
Quitus y las dos líneas de los señores
del Cusco y de Quito", que frecuentemente mencionó
el padre Juan de Velasco como una de sus fuentes de
que se sirvió para escribir su Historia de
Quito y otra llamada simplemente "Antiguas Gentes
del Perú" que bien pudo haber sido una
relación o informe y que se sabe que fue refundida
por el Obispo Fray Bartolomé de las Casas en
su apologética "Destrucción de
las Indias", conociéndose que ambos fueron
amigos y hasta se carteaban.
(1) Entre las múltiples leyendas que alimentaban
la fantasía y la ambición de los conquistadores,
corría de boca en boca el relato de las siete
ciudades doradas.
Cabe también indicar
que durante muchos años se creyó cue
Niza había estado desde 1531 en el Perú,
acompañando a Pizarro en la conquista del Tahuantinsuyo,
así como en la captura del Inca Atahualpa en
Cajamarca, todo ello por un testimonio del propio
Niza; pero ahora se tiene la seguridad que eso no
pudo ser cierto, ya que Niza recién arribó
a las costas sudamericanas en 1534 con la expedición
militar de Alvarado, y regresó a Méjico
a fines del 36, de suerte que sólo permaneció
en estas regiones, dos años y un poco más.
Fue reputado por sus contemporáneos como hombre
docto y de vida ejemplar, pero ahora se conoce por
los fragmentos de sus escritos (una Carta Informativa
a Fray Bartolomé de Las Casas y el Viaje a
Cíboli recogido de la Colección de Ramusio)
que no solo que era fantasioso sino también
mitificador, pues acostumbraba asegurar hechos falsos,
pasándolos por verdaderos y luego él
mismo se los creía.