PRESIDENTE DE LA AUDIENCIA DE QUITO." Se desconoce
el nombre de sus padres, fecha y lugar de nacimiento,
pero parece que llegó al Virreinato del Perú
hacia 1784 en uno de los regimientos que fueron enviados
después de la revolución del Inca Túpac
Amaru. Esos cuerpos se refundieron en parte con el Regimiento
Real de Lima o volvieron a España. En 1799 fue
nombrado Gobernador Militar de Huarachiri y cuando en
1809 a causa de la revolución de Chuquisaca y
La Paz hubo que poner un cuerpo en la frontera, fue
enviado con orden de quedar segundo del General José
Manuel Goyeneche y Barreda, Presidente Interino de la
Audiencia del Cusco, si éste aceptaba el mando.
Dicha Orden del Virrey Abascal surtió efectos
positivos para las armas realistas pues Goyeneche y
Ramírez cruzaron el río Desaguadero el
día 13 de Octubre, el 26 subieron a La Paz e
impusieron el orden. Después destrozaron en Chacaltaya
a los revolucionarios y los fugitivos fueron vencidos
por el General Pío De Tristón en Irupana.
Entonces Goyeneche siguió a Chuquisaca, en donde
entró el 24 de Diciembre. El Proceso contra los
revolucionarios terminó con sentencias de muerte
y Goyeneche volvió a su sede del Cusco dejando
a Ramírez en La Paz.
En 1810 volvieron a romperse las hostilidades, esta
vez contra las tropas de las Provincias Unidas del
Río de La Plata, que al mando del General Juan
José Castelli, habían vencido en Suipacha
al General Córdova y dispersado en Cotagaita
a Nieto y avanzaban a la Paz sin resistencias.
Goyeneche y Ramírez se habían retirado
al río Desaguadero, tuvieron una Junta de Jefes
y como a pesar del armisticio celebrado con los argentinos,
éstos habían faltado a él, resolvieron
atacarlos el 20 de Junio en los campos de Guaquí,
donde Ramírez mandó el ala derecha del
ejército vencedor.
Castelli emprendió la retirada y Díaz-Vélez
huyó a Potosí y después a Cochabamba
en donde concentró sus fuerzas, pero hasta
allá lo fueron a buscar Goyeneche y Ramírez,
se encontraron en Sipesipe el 20 de Agosto y obtuvieron
una nueva victoria que permitió a Ramírez
ocupar Chuquisaca como presidente Interino de esa
Audiencia, mientras Goyeneche atendía en La
Paz a Lombera, enviado de Lima con fuerzas auxiliares;
del Cusco también llegaron refuerzos al mando
del Cacique Mateo Pumacahua y con ellos entró
en Cochabamba, que ocupó sin resistencia alguna
y de allf despachó a Chuquisaca al Teniente
Coronel Campero, que tomó Potosí el
20 de Septiembre.
En 1811 se reanudaron las operaciones contra los
argentinos. Goyeneche comisionó al General
Francisco Picoaga para que dominara a Díaz-Vélez,
que se retiró a Humahuaca, y la frontera del
Alto Perú hasta Tari ja quedó libre
de enemigos. Goyeneche dejó a Tristón
al cuidado de ella y repasó a Chuquisaca, Cochabamba
y Potosí. Tristán se adelantó
a Tucumánsin permiso de su Jefe y combatió
a la vista de la ciudad contra los argentinos, pero
la acción quedó indecisas pudo retirarse
sin ser hostigado, hasta Salta, donde recibió
algunos refuerzos, pero no obstante el enemigo lo
buscó y le infligió una severa derrota.
Este descalabro hizo que Goyeneche evacuara Potosí
contra el dictamen de sus Jefes que no veían
mayor peligro, y cuando el Virrey Abascal se enteró
del asunto, reprobó su conducta y Goyeneche
renunció al mando, retirándose a Lima
y de allí a España, con el título
de Conde de Guaquíen premio a esa victoria.
Ramírez le sustituyó en Mayo de 1813,
aunque por pocos meses, porque otra vez fue superado
en el mando por el General Joaquín de la Pezuela,
enviado por el Virrey con poderes extraordinarios.
Unidos los realistas y bajo el mando de La Pezuefa
y Ramírez, derrotaron a los argentinos en Vilcapugio
y Ayohuma y avanzaron a Jujuy, pero tuvieron que volverse
al conocer la revuelta producida en el Cusco. Ramírez
entonces tuvo que pacificar La Paz y bajar a Arequipa
que estaba ocupada por el rebelde Cacique Pumacahua,
a quien persiguió, en Umachiri derrotó,
aprisionándolo el 1o. de Marzo de 1815 en Maranganí
y haciéndole fusilar el 17 de Marzo en Sicuani,
no obstante su condición de Cacique de, Chincheros
y Brigadier de los reales ejércitos.
Pacificado el Cusco con la muerte de ese caudillo,
Ramírez volvió al Alto Perú donde
le esperaba Pezuela para atacar al argentino Rondeau
a quien vencieron en Vilumá.
Poco después Pezuela pasó a Lima a
suceder en el Virreinato a Abascal y dejó a
Ramírez de Presidente de la Audiencia del Cusco,
pero por poco tiempo, porque casi enseguida nombraron
para dichas funciones al General José de La
Serna.
Entonces Ramírez partió a Lima y fue
nombrado Presidente de la Audiencia de Quito y tomó
posesión de su cargo el 26 de Julio de 1817,en
sustitución del benévolo Toribio Montes.
Ramírez llegó a Quito con el título
de Teniente General era un español, severo
y desconfiado -dice Pedro Fermín Cebados—
de fisonomía agresiva aunque bastante hermosa.
"Tuvo la mala suerte de hacerse aborrecer desde
los primeros días con la publicación
de su programa gubernativo, en el cual prometió
castigar con rigor, sin remedio y en el acto, cualquiera
tentativa que tendiese a perturbar el orden del gobierno,
pues se había atribuido a la conducta suave
y atinada de su antecesor la tranquilidad de estas
provincias, y venía ahora con indiscretas amenazas
a lastimar el orgullo patrio, en circunstancias en
que los ánimos agitados con lo que se hacía
por los pueblos septentrionales, solo necesitaba motivos,
ya que no pretextos, para seguir sus huellas. El constantemente
arrugado ceño de Ramírez, demostró
de claro en claro a los patriotas, que era hombre
de llevar a ejecución sus amenazas, aunque
no hubiera tentativas, y como brote mas que natural
del pecho humano, se vieron, se hablaron y concertaron,
para sacudirse de las tiranías del nuevo Presidente".
Durante su breve período de gobierno que terminó
el 14 de Abril de 1819, hizo abortar la conjuración
de los próceres Antonio Ante y Eusebio Borrero,
intentando el asesinato del primero, al que mantuvo
casi moribundo en prisión y deportó
luego a Ceuta en el África. Dicha conjuración
tenía raíces en los pueblos aledaños
a Quito e iba a estallar el día Jueves Santo
de Febrero de 1818, pero la indiscreción de
parte de uno de los comprometidos motivó el
celo de las autoridades, que a la postre lo descubrieron
todo, incoando un proceso contra Francisco Ceballos
de Latacunga y Vicente Flor de Ambato, que pasaron
confinados a la provincia de Guayaquil.
El 4 de Junio hizo entrar los sellos reales con solemne
aparato y procesión por las calles de Quito,
que concluyó con un general convite en casa
de Manuel Larrea y Jijón, Marqués de
San José. Por ese tiempo salieron desterrados
de la Audiencia Juan Pío Montúfar, Marqués
de Selva Alegre, Manuel Matéu y Guillermo Valdivieso,
hacia Cádiz y con partida de registro, por
sus intervenciones en la revolución del 10
de Agosto de 1809, ocurrida nueve años antes;
a tales extremos llegaba la desconfianza y sombría
política de Ramírez.
A principios del 19, sin embargo, fue llamado al
Alto Perú, a ponerse a la cabeza de esos ejércitos,
por renuncia de la Serna; y con tal motivo y sin despedirse
abandonó Quito y se alejó por la vía
de Loja, siendo interinamente reemplazado por el General
Melchor Aymerich, hasta que llegara el nuevo Presidente
Juan de la Cruz Mourgeón. Por sus pueriles
necedades Aymerich fue apodado por el populacho con
el remoquete de "cara calzón" mientras
Ramírez lo había sido con el de "calzón
carishino" que significa "calzón
de prostituta o mujer fácil" en el dialecto
pupular quítense.
Otra vez en Lima, Ramírez viajó al
Alto Perú y de allí a Jujuy en el norte
argentino, donde tomó posiciones estratégicas;
mas, sabedor que San Martín había ocupado
Puno, temió ser encerrado entre dos fuegos
y se retiró nuevamente al Alto Perú,
donde se enteró que estaba bajo las órdenes
del General José Manuel Valdés y "decepcionado
por este nuevo desaire" presentó su dimisión
y a principios de 1822 se embarcó en Quilca,
con destino a su patria, donde aún vivía
en 1851 ya muy anciano como es de suponer, pues tendría
para esa fecha no menos de 90 años.
En España posiblemente no ha de haber escapado
al remoquete de "General Ayacucho" con el
que se conocía a todos los militares sin distingo
alguno, que habían combatido en América
del Sur y estaban retirados en la península
gozando de sus pensiones de vejez.
Para el Ecuador la memoria del Teniente General Juan
Ramírez es odiosa porque llegó al crimen,
haciendo disfrazar de campesino a uno de sus soldados
para que asesinara a mansalvas a don Antonio Ante,
acción inicua en tan alta autoridad y en Perú
igualmente se le detesta por el ilegal fusilamiento
del Cacique Mateo Pumacagua, héroe de la independencia
de esa nación.