Ese año tomé
clases de ballet con Bob Joffrey del New York City
Ballet para aprender todo lo concerniente a ese difícil
arte. El me propuso hacerme Director Artístico
de la compañía que acababa de fundar
en el Greenwich Village. El 55 trabajamos arduo, le
diseñé los decorados y el vestuario
y presentamos una primera temporada de una sola semana
en el Kaufmann Auditorio de Lexington Ave. y la crítica
nos premió ampliamente.
Los ballets presentados fueron:
l) El Concieto de Hapsichordio de Manuel de Falla,
2) Baile de Máscaras de Poulenc, 3) Pierrot
Lunaire de Schomberg, y 4) Paso de Diosas de Vivaldi.
Yo quería llegar a coreógrafo pero me
di cuenta de que hubiera tenido que aprender el engorroso
sistema o clave de movimientos acompasados que es
materia de algunos años de estudio y muy a
mi pesar dejé a un lado ese sueño.
A finales del 55 me dirigí
a Madrid pero no pinté sinó que hice
ballet durante dos temporadas, luego me instalé
en Mallorca. En España escribí El arbol
de tamarindo, comedía en tres actos y ocho
escenas que la leyó un amigo de apellido Benítez
y hasta quiso montarla, pero a poco lo metieron a
la cárcel por su política antifranquista
y el proyecto quedó en nada cuando ya se contaba
con el elenco y una artista venezolana había
aprendido de memoria el papel protagónico (3)
También escribí Tres pobres en la sombra,
aún inédita y Una habitación
sin tiempo, que el 57 traduje al inglés y representé
en un teatro de Hamilton, capital de las islas Bermudas.
De allí vine a Guayaquil a atender asuntos
comerciales relacionados con la Sociedad Hispano de
propiedad de los herederos de mi padre, luego viví
en Quito y formé un pequeño grupo de
actores aficionados llamado Arlequín, con Carlos
Tobar Zaldumbide, Maria Isabel Eastman, el Embajador
de España Luis Soler y su esposa, el representante
de la UNESCO Galín, las esposas de los Embajadores
de Brasil y del Uruguay, George Metz, Julia Astaburuaga,
etc. y para ellos escribí las comedías
Te y antipatía, Dramas del Demimond, La era
del Jazz y Mefisto Tours que se representaron en casa
de Maria Isabel Eastman. Entonces la Asociación
de Actores aficionados del perú me invitó
a Lima y presenté ese mismo año 57,
en el teatro de la Opera, mi ballet Minotauro con
música del compositor ruso Scriabin. Yo puse
el resto, es decir, la coreografía, los escenarios,
el vestuario, el decorado y dimos cuatro funciones
con llenos completos. Luego estrené otro ballet
titulado La Pavana de la infanta difunta con música
de Maurice Ravel.
El gobierno peruano quedó
tan satisfecho que financió el viaje de toda
la compañía a Paris y también
se estrenó otro de mis ballet titulado Las
siete edades de la tia Conchita, semanas más
tarde nos presentamos en Madrid con idéntido
éxito.
El 58 edité en Lima
Latitud O , novela con personajes italianos que van
a las islas Galápagos en l25 pags. escrita
el 54, cuando viajaba en barco de Barcelona a Puná,
con un estudio audaz de tres personalidades en función
de un conflicto espiritual surgido de la intimidad
de la pareja europea y su amigo nativo, a quienes
al fin separa la crisis moral..
(3) El Árbol de Tamarindo es una obra de sabor
costumbrista costeño con algo del embrujo tropical.
Ricardo Descalzi opinó que guarda en si un
poema salvaje de dureza, en la exposición sincera
del conflicto entre la superstición y la verdad,
simbiosis del alma del campo en la expresión
viva de su complemento, el alma del hombre. La obra
fue estrenada exitosamente en Guayaquil el 26 de Abril
de l.967 y se montó para la TV desde el 82,
a espaldas de su autor. El 88 la pasó el Canal
2 con el título de Los que vendrán,
alterando su argumento en forma realmente burda. Su
autor protestó al ver tergiversada su creación
y pensamiento.
En Lima expuse en el Instituto
de Arte Contemporáneo y realicé numerosos
retratos. En Arequipa expuse en la Universidad y dicté
tres conferencias de arte. El 59 enfermó mi
hermana Maria Teresa y la acompañé a
Boston. Después seguí a New York y Bob
Joffrey me solicitó que nuevamente fuera su
Director de Arte. Su ballet estaba considerado el
primero de los Estados Unidos, así es que le
acepté pero solamente por cuatro meses, pues
tenía planeado seguir a Lisboa donde me quedé
tres meses de vacaciones y escribí varios cuentos
cortos que edité enseguida en Barcelona, en
un volúmen titulado Al otro lado del Mar, en
l32 pags. con ilustraciones del pintor español
Vidal Cuadras y son: 1) Del otro lado del Mar en 14
pags, 2) El canto de Maria Valencia en 22 pags. 3)
La mujer que vive en los tamarindos en 10 pags. 4)
Ved como desaparecen en 2O pags. 5) Las dos selvas
en 26 pags. 6) Las formas de la noche en 29 pags.
mientras seguía escribiendo y dibujando el
Díario. (4)
(4) Uno de los dieciseis tomos de que se compone el
Díario a colores le fue sustraído en
l.983 de su auto en Roma; pero con paciencia infinita
logró rehacerlo casi exactamente como el original,
de suerte que la colección no se descompletó.
En l.986 lo cerró por considerar que el mundo
del momento ofrece pocos alicientes para un hombre
de mi edad. En los años 8O el Dr. Irving Ivan
Zapater Cardoso, Director del Centro de Investigación
y Cultura del Banco Central del Ecuador, viajó
a Roma con viáticos y gastos pagados, a fin
de hacer fotografiar el Díario bajo la formal
promesa a su autor de publicarlo en Quito porque tenía
el visto bueno del Lic. Eduardo Samaniego Salazar,
todopoderoso Subgerente de la institución.
Se le dijo entonces a Eduardo que el Díario
saldría completo, con sus notasy en edición
de lujo a todo color. I aunque el trabajo lo realizaron
varios fotógrafos italianos en no más
de una semana, el delegado del Banco se quedó
dos meses paseando por buena parte de Europa, tras
lo cual regresó a Quito muy campante y como
ya había obtenido su cometido depositó
los slides en cualquier sitio y cada vez que Eduardo
le llamaba a reclamar solo daba respuestas evasivas
que más bien eran burlas; hasta que en l.996,
al enterarme de su gravedad en Santiago de Chile y
de su inopia económica, llamé al Departamento
Cultural del Banco Central en Quito y le informé
a Zapater que el artista se moría con un cáncer
terminal y que hasta cuando iba a retener su obra,
apelando a sentimientos humanitarios para que Eduardo
pudiera tener el consuelo de ver editada su obra.
Parece que Zapater midió el impacto publiscitario
del asunto y recién entonces condescendió
en entregó una pequeña parte del material
a la imprenta - pocos slides seleccionados por él
sin ton ni son - y la obra claro está, salió
tres meses después de la muerte de Eduardo
- cercenada en un 90%- Los lanzamientos en Quito y
Guayaquil tuvieron gran aparato publiscitario como
un sentido homenaje del Banco Central del Ecuador
a la memoria del gran artista Eduardo Solá.
El día del lanzamiento en el puerto principal
el público asistió indignado a las Peñas
y muchos se preguntaban si los funcionarios del Banco
tendrían cara para
El 60 abrí una Editorial con Rafael Borás
y Joaquin Buxó en el Paseo de Gracia y editamos
Memorias sin corazón de Jiménez Arnau,
Las Lises en el fuego de Buxó y un libro para
ganar dinero - la Historia de la Princesa Margareth
- pero terminamos por cerrar el negocio a fines de
año debido a contratiempos económicos
y en Junio me fui a vivir a la isla de Rodas , donde
inicié una tetralogía que ahora se ha
transformado en cuatro tomos y no es otra cosa que
mis memorias noveladas con mucha imaginación
proustina, en los siguientes volúmenes: 1)
Los días que ya no son, que corregí
el 79en Roma en 371 pags., 2) Ningun viajero regresa
terminada el 31 de Diciembre del 76 en 33l pags. 3)
Encentro con el Minotauro que tuve que reescribirla
en Roma casi totalmente el 74 y corregí el
78 en 414 pags. y 4) Pasos en el laberinto que estoy
por terminar en Guayaquil y tendrá más
de 600 pags. a doble espacio tamaño oficio.
En dichos tomos cuento muchos aspectos de mi vida
íntima y otros de la vida social que me tocó
vivir en América y Europa, alterando un poco
los nombres y apellidos para evitar que se descubra
la identidad de los personajes.
La idea para estas Memorias
me vino un día, de repente, cuando me encontraba
en una playa y de pronto oí una orquesta de
músicos negros tocando un Charleston. Entonces
me vino al recuerdo una matiné infantil cuando
tenía diez años en Guayaquil, estaba
vestido de amrinero y Julieta Descalzi me sacó
a bailar. Debió haber sido un momento solemne,
singular e importante para mi, pues lo había
guardado en el subconsciente tantos años y
sin saberlo, que yo mismo me sorprendí.
presentarse tras haber incumplido
una promesa en forma tan despiadada y por tantos años,
pero llegaron muy frescos, desfachatados y hasta perfumados,
como si nada hubiera ocurrido, con numerosas secretarias
y atachés. Una especie de comitiva de más
de diez personas hospedadas por cuenta del estado
en un hotel cinco estrellas. Guayaquil, su gente y
su cultura era una simple colonia dentro del criminal
centralismo imperante. Así se manejaba la burocracia
cultural durante los años petroleros y aún
después de ellos, hasta que se acabó
la plata del Banco Central tras la quiebra total del
país en l.999. Demás está indicar
que jamás se reconocieron los derechos de autor
pero eso no es lo peor, lo peor es que el público
está creído - mas bien engañado
- que los díarios de Eduardo Solá son
esos poquitos dibujos de libro de marras.
De Grecia seguí a Roma
obsesionado con mis Memorias y allí decidí
quedarme talvés para siempre, atraído
por el ambiente mundano y polifacético que
se vivía por aquellos años en la ciudad
eterna. Tomé un departamento en la calle Angelo
Brunetti cerca de la Plaza del Popolo, pinté
cuatro años, hice dos exposiciones, una en
las Galería Dei Servi y otra en el caminetto,
retraté mucho, escribí como un poseso
y hasta hice cine a través de casi cuarenta
cortometrajes mudos aunque con música de fondo,
de ocho milímetros, que personalmente dirigía,
escribía, cortaba, montaba y todo lo demás.
Uno de ellos titulado Una pequeña discusión
ganó el Primer Premío en el festival
cinematográfico de Salerno y una medalla de
Bulgari. Su argumento es corto: En una banda de estudíantes
universitarios la novia del jefe termina por preferir
al estudíante callado y misterioso. El jefe
se dá cuenta y consigue atraparlo en el estadio
de mármol de Roma donde el matan. El efecto
trágico se consigue a través de los
rostros y las estatuas gigantes. Igualmente filmé
otros cortos titulados: Medea, Edipo, Electra, Miguel
Angel en Jazz, La Llamada, Encuentros imposibles,
Un día muy caluroso de Agosto y Antígona
que filmé en Lanzarote con el tenor Alfredo
Krauz. Dichos cortos fueron pasados en diferentes
clubes internacionales de cine de Italia, en el Museo
Corcoran de Washington, en el Club de la Sra. Cambell
de Londres, etc. y se conservan en mi residencia de
Italia..
El Hospital Nido Verde de Roma
me contrató para un documental de largo metraje
que resultó un éxito y codirigí
la película l natale che quasi non fu donde
actuó Rosano Brazzi y cuyo título en
español es La Navidad que casi no fue. Allí
me pagaron dos millones de liras por ser un film comercial
que se estrenó en l.966.
El 67 volví a Guayaquil
y trabajé para la Casa de la Cultura dirigiendo
numerosas obras de teatro: La preciosas ridículas
de Moliere, El Arbol de Tamarindo de mi autoría,
Calígula de Camus, La Voz humana de Cocteau,
La cantante calva de Ionescu, A puerta cerrada de
Sartré. El 68 seguí a Lima llamado por
mi hermana Luisa de Rodhe Seminario, luego estuve
en Santiago y pintpe seis meses para una Exhibición
en el Museo de Bellas Artes de Lima, pero enfermé
con una hernia a un disco de la columna, pasé
a Lima y me operaron. A la semana me levanté
para comodar los cuadros pues fui invitado a presentar
ciento cincuenta en el Museo de Arte y recaí
con osteomielitis y estuve nueve meses enyesado hasta
el 69, tiempo que aproveché diseñando
cosa de doscientos trajes del siglo XVII que usó
la Asociación de Artistas Aficionados para
representar un Auto Sacramental de Calderón
de la Barca en el atrio de la iglesia de San Francisco.
Algunos de ellos aún se conservan y fueron
expuestos con mis diseños a colores hace poco
en Lima. Cuando mejoré viajé a La Joya
en California llamado por la Galería Cornish
a exponer y en Washington presenté en la Galería
Panamericana.
Otra vez en Roma el 70 tomé
un departamento en la Colli de la Fornesina No. 13O-A
y pinté hasta el 76 un realismo mágico
muy del momento. Mi hermana Maria Teresa me fue a
visitar y convenció para que expusiera en Guayaquil
pues existía un gran interés sobre todo
lo que fuera arte. A finales de ese año volví
a Guayaquil y expuse el 77 en la Galería Contémpora,
en el Museo Municipal y en la Casa de la Cultura en
Quito. El 78 lo hice en el County Club de Guayaquil.
El 79 en el Instituto Italo Americano de Roma y el
80 en el tennis Club de Guayaquil, siempre yendo y
viniendo y así lo seguí haciendo. En
Guayaquil hice una Galería de retratos de mujeres
desde que el 80 Paco Pino Ycaza y Monina Maulme y
Lucho Noboa Naranjo después, me pidieron que
les pintara a sus hijas.El Club de la Unión
le contrató un Mural sobre el Guayaquil romántico
compuesto de seis paneles con dos trípticos
de dos metros y medio cada uno.
Se movilizaba en jet y no sentía
las distancias. El 83 expuso en el Museo del Banco
del Pacífico de Guayaquil. El 84 hizo teatro
con aficionados en la Escuela Politécnica del
Litoral y presentaron La trampa del inocente muchas
veces, y en el Museo del Banco Central realizó
una Exposición retrospectiva con ciento cincuenta
cuadros. El 88 dio a las tablas A puerta cerrada de
Sartré y su obra La mujer enclaustrada en el
Ritz, después dió los toques finales
a su comedía surealista El Zafarrancho y los
Ojos de los Gatos en la noche.
De esa época fue su
novela Deseo de Muerte que es muy completa y en sus
apartamentos de Roma y Guayaquil tiene inéditas
casi cien obras para teatro, ocho novelas y numerosísimos
novelets o cuentos cortos que esperan algún
día su publicación.
En l.990 emprendió viaje
a Santiago de Chile donde esperaba hallar un buen
ambiente artístico pero solo halló gente
pragmática, más interesada en aparatos
electrodomésticos que en retratos, a los que
consideraban una cursilería, ignorando que
en toda la historia del arte el retrato ha sido una
preponderante. Entonces comenzó a sufrir de
la próstata, fue operado, se le encontró
un cáncer avanzado. Fue una época muy
dura por su soledad, con una espada de Damocles sobre
su cabeza, epro sin desanimarse y sabiendo que tenía
el tiempo contado exclamó: Contribuir al futuro
que no veré, eso queda, frase que por generosa
le honra, donde el desaliento dá paso a la
esperanza sin otra ilusión que la mayor gloria
de la humanidad.
Sus últimos tiempos
transcurrieron en relativa pobreza y soledad. Sus
amigos le organizaron una Exposición retrospectiva
en el Museo del Filanbanco de Guayaquil y falleció
pocos días después, el domingo 24 de
Marzo de l.996, de 80 años de edad, dejando
una estela importantísima en el arte ecuatoriano
de todos los tiempos porque fue un humanista a tiempo
completo, que dominó casi todas las artes y
poseyó una cultura internacional.. Se ha dicho
que lo mejor de su magnífica producción
son esas piezas nostálgicas de grandeza decadente
con aire de viejas estampas o carteles raídos
por el tiempo. Cuadros en homenaje a El Greco, a Alfonso
XIII, a Nijinsky, a la reina Maria Antonieta, las
girls del Follies Bergere, etc. que empezaba a pintar
como cuadros normales , luego les daba una veladura
de ocre o gris a base de trementina, para subministrarles
una neblina o halo de vejez y misterio. Encima les
aplicaba ciertos efectos, por eso su pintura era contemporánea
con una base clásica que muchos han olvidado.
Considerado uno de los grandes
creadores ecuatorianos del siglo XX abarcó
casi todos los géneros con talento humanístico,
fue pintor, escultor, novelista, cuentista, autor
de diarios, autobiografías y libretos; autor,
actor y director de teatro, director artístico,
baletista, coreógrafo; creador, director y
guionista de cortometrajes, codirigió films
comerciales en Europa, diseñó vestuarios,
afiches y decorados, pero sobre todo fue un diletante
genial del espíritu, un viajero incansable
que se divirtió mucho, un esteta que poseyó
un talento cosmopolita y diferente, lleno de pasión
y fantasía, creador por eso de lo mágico
expresando a través de símbolos la trágica
grandeza de lo humano y se ha dicho que sus concreciones
ilustrativas de cuentos, historias y mitos son quizá,
lo mejor de lo suyo, lo de mayor interés para
el arte.
Su pintura inicial fue influida
por Víctor Mideros en Quito y por Camilo Egas
en new York., comenzó como acuarelista y fue
rica en decoraciones barrocas, art nouveau y art decó,
esto le llevó a la confección de óleos
de gran valor simbólico como El hombre Cósmico,
pasando por muchos otros de dimensión psicológica
con los cuales incursionó con maestría
en el abismo del subconciente, recurriendo a ancestrales
temas bíblicos o de la tragedia griega. Allí
gravitan las experiencias de la especie, manifestadas
en un lenguaje visual muy contemporáneo, porque
Solá fue amigo del misterio y conocedor de
secretos esotéricos, convencido de que tenemos
muchas experiencias en el largo devenir cósmico,
entendiendo al tiempo como circular más que
como lineal, donde lo antiguo brota y lo nuevo húndese
en el más remoto pretérito.
Trabajador infatigable, sus
óleos se cuentan por millares y enriquecen
importantes Museos y Galerías, así como
Colecciones Privadas del mundo. Creador nato, todo
lo que tomaba en sus manos o aprisionaba con su mente
se transformaba. Su deseo de liberación y comunicación
le permitió vencer dificultades. Su cosmopolitismo
le hacía diferente sin olvidar sus ancestros,
solamente que él vivía los problemas
de la metrópoli, más complejos y hondos,
donde la alta burguesía, el jet set y la riqueza
opera. Por sus viajes y por la amplitud de sus creaciones
Víctor Hugo Escala le calificó en l.946
de hombre de formación europea y valencia leonardina,
humanista en el entero sentido de la acepción
del término, pero a la moderna. Sus modos de
expresión no conocieron solamente las fronteras
del arte y se volcaron a la literatura, al teatro,
al cine., deambulando por esos caminos exitosamente,
con nuevos ritmos imaginativos, nunca satisfechos
en el hombre occidental. Conoció y practicó
todos los modos de expresión posible a su genialidad.
Fue imaginativo y alegórico, rastreo en el
pasado mágico del primitivismo americano hasta
las teorías científicas de la actualidad,
pasando por la antigüedad grecolatina que admiró
como hombre del renacimiento. Su preferencia por temas
mitológicos y simbolistas, algunos de sus retratos
extrañamente interiores, lo esotérico,
el realismo mágico y sus lejanas y bellísimas
acuarelas de encendido cromatismo y sublime riqueza
en el detalle le hicieron un pintor diferente y extraño,
de enorme multiplicidad mental. Fue un intelectual
notabilísimo, de nutrido lenguaje plástico
e infinitos horizontes, que sabía sonreír
con la mirada y no demostraba la edad que tenía,
apareciendo infinitamente mucho más joven por
su cuerpo esbelto, los ojos azules profundos, la tez
blanca aunque bonceada por el sol y la estatura mediana.
Su padre fue un gran admirador
del arte a través de la música y las
óperas. Su madre una excelente pianista, su
tio Francisco Franco Roca un pintor. Por eso heredó
de ellos el arte con la alegría de crear, esencial
para todo hombre superior. Tuvo, además, magnífico
oído para el piano, que le llevó a través
del aprendizaje por notas a componer música
que recogió en varios casetes.
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