De regreso a España en 1526 realizó
una comisión en Lisboa. Nuevamente en Nicaragua,
fue Alcalde de la ciudad de León y jefe de
la Guardia en 1527. Ese año su antiguo jefe
Pedrarias asumió la Gobernación y conspiró
contra de Soto apoyando a su rival Castañeda.
En 1530 fue nuevamente elegido Alcalde de León
pero Pedrarias no le permitió ejercer el cargo.Entonces
de Soto pretendió la conquista del Perú
y se puso al habla con Sebastián de Benalcázar
y el Licenciado Castañeda, mientras negociaba
con Pedrarias, al tiempo que su socio Ponce veía
la construcción de dos navíos. El Piloto
Bartolomé Ruiz le había ennoveleriado
con esa aventura, pero al final se entendió
con Francisco Pizarro, que le ofreció una buena
encomienda y el "cargo de Teniente de Gobernador
en el pueblo más principal", a cambio
de los dos navíos de Soto, que ya estaban en
Panamá cargados de esclavos.
Hecho el trato, Pizarro se adelantó al sur
mientras de Soto regresaba a Nicaragua por bastimentos
y gente. Encontrados el 1o. de Diciembre de 1531 en
la isla Puna, de Soto se desilusionó al comprobar
que el segundo de la expedición no era él
sino Hernando Pizarro, pero siguió adelante.
Como Jefe de la Vangaurdia fue el primero en desembarcar
en Túmbez y Pizarro le envío con sesenta
caballos a recorrer la tierra. De Soto se adelantó
hasta Cajas y regresó con algunos tejos de
oro recogidos a los indios del camino y la noticia
de que la tierra era abundante en oro. Luego estuvo
con Pizarro en la fundación de San Miguel de
Piura en el sitio de Tangarara y de allí pasaron
a Cajamarca donde otra vez se volvió a adelantar
con veinticuatro jinetes para entrevistar al Inca
Atahualpa, que descansaba de una herida en las termas
cercanas. Desde el primer momento De Soto tomó
simpatía a Atahualpa y fue bien correspondido,
siendo el primer español que le trató.
Tras la sorpresa y captura del Inca, se convirtió
en su mejor amigo y hasta le enseñó
a jugar al ajedrez. Cuando se realizó el consejo
para juzgar la conducta de Atahualpa, votó
en contra de su condena a muerte. Pizarro, que nunca
le había perdido la desconfianza porque le
creía capaz de conquistar el Perú por
su cuenta, le envío a una misión exploratoria,
para saber si existía algún ejército
enemigo en las cercanías, mientras asesinaba
a Atahualpa con el garrote vil.
A su regreso De Soto comprobó la muerte de
su amigo, pero al mismo tiempo recibió la suma
fabulosa de 724 marcos de plata y 17.740 pesos de
oro por su participación en el rescate del
Inca.
De allí en adelante fue enviado al Cusco y
al llegar a Vilcaconga sostuvo un reñidísimo
encuentro con tropas enemigas, que casi le costó
la vida. Pizarro aprovechó para acusarle de
haberse adelantado más de lo ordenado.
En 1534 asistió a la fundación española
del Cusco y recibió lo prometido por Pizarro,
pues le designaron Teniente Gobernador y recibió
una de las mejores encomiendas. Enseguida comandó
las tropas que lucharon contra Quisquís, que
aún resistía. El 35 pretendió
conquistar Chile pero Pizarro prefirió dar
esa misión a Diego de Almagro. Quizo servir
de Capitán General y también fue relegado,
pues Pizarro prefirió a Rodrigo Ordóñez.
Impedido de seguir prosperando en el Perú
viajó a España ese año y contrajo
matrimonio con Isabel de Bobadilla, una de las hijas
de su antiguo jefe Pedrarias Dávila. Tenía
una mas que regular fortuna y se instaló en
una mansión sevillana a vivir de las rentas
y a lo gran señor, pues acababa de cumplir
cuarenta años, edad suficiente para ver las
cosas de la manera más real.
En 1537 solicitó la Gobernación de
Quito y luego la de Guatemala, pero el 38 a instancias
de Francisco Vázquez de Coronado, que le fue
expresamente a visitar, pidió al Rey que le
permitiera conquistar las tierras de la Florida. Hechas
las capitulaciones con Carlos V, fue nombrado Gobernador
de Cuba con sede en La Habana, Adelantado Mayor de
la Florida y demás tierras que descubriere
y conquistare y el derecho a titularse Marqués
de esas zonas. Igualmente se le permitían sacar
hasta 1.000 hombres de España y sus respectivos
bastimentos. El título de Caballero de la Orden
de Santaigo también le fue conferido.
Con tan buenos auspicios vendió sus bienes
y embarcó a Cuba con su esposa y gente el 6
de Abril de 1538. Una vez en La Habana se enteró
que el Virrey de Nueva España Hurtado de Mendoza
también preparaba una expedición y no
se preocupó por ello, pues en el nuevo mundo
lo que más sobraba eran tierras. Así
pues, el 12 de Mayo de 1539 zarpó en once naves
hacia la Florida y durante los siguientes tres años
anduvo primero con rumbo norte hasta el actual estado
de Georgia y luego con destino suroeste por las comarcas
de Alabama hasta topar en Mayo del 41 con el gran
río Mississipi, que recorrió en su trecho
inferior sin encontrar las fabulosas riquezas que
buscaba.
Tan largo caminar en medio de tribus hostiles y salvajes,
que constantemente acechaban la oportunidad de atacarles,
terminó por hacer desfallecer el ánimo
de los más reacios soldados. Solo Hernando
de Soto seguía impertérrito pensando
que a esas tierras debería llamar "Nueva
Extremadura" en recuerdo a su comarca natal,
pero unas fiebres extrañas comenzaron a consumirle
y murió cerca del gran río que había
descubierto, siendo sepultado en su lecho, para evitar
que los indios Natchez lo ultrajaran.
Después sus hombres iniciaron el lento regreso
al mar pero solo llegaron trescientos soldados que
más parecían espectros, pues los restantes
setecientos habían perdido la vida en esas
inmensidades de Norteamérica.
De Soto fue un soldado valiente y gentil y un hombre
culto y de buen corazón. Con las damas afectuoso
y viril, en el Perú tuvo como principal amante
a la Princesa Tocto Chimbu, hija de Huayna Cápac
y luego a la princesa Cusicoillor, hija predilecta
de Huáscar, cuando quedó viuda del príncipe
Quilaco de los Quitus y esto solamente porque estaba
en el deber de protegerla como amigo que había
sido de Quilaco. No dejó hijos, pero si una
hija llamada María de Soto, posiblemente mestiza,
a quien menciona en su testamento de 1539, que casó
en el Perú con el español Hernán
Nieto.