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FRANCISCO EUGENIO TAMARIZ
POLITICO.- Nació en Sevilla, España, el 15 de Noviembre de 1787. Hijo legítimo de Joaquín Tamariz y Ribera y de Francisca Ramona Gordillo, sevillanos.

Recibió educación e instrucción esmeradas en los Colegios de Sevilla y Cádiz. En las clases de Humanidades tuvo por maestros al célebre filósofo Antonio Capmaní y al poeta José Nicasio Gallegos y en la Academia Militar al científico Mariano Gil Bernabé, bajo cuya dirección obtuvo el diploma de Cadete, En esa graduación tomó servicio en el ejército para combatir por la independencia de la península cuando la invasión francesa. En tan ruda campaña hallóse en el sitio de Cádiz, en la defensa de Tolosa y Talayera de la Reina y en diferentes combates a las órdenes del bravo General Francisco Xavier Minaba las del valeroso Capitán General Francisco Xavier Castaños peleó en la célebre batalla de Bailen el 19 de Julio de 1808, fue herido y ascendido a Capitán por su valiente comportamiento, Posteriormente siguió en el ejército hasta el final de la guerra contra las fuerzas napoleónicas.

En 1812 zarpó de Cádiz en la expedición del General Pablo Morillo, desembarcaron en la isla Margarita y pasaron a Caracas, donde se instalaron a planificar las campañas contra Venezuela, Nueva Granada y Ecuador.

En 1819 ocupó la Gobernación y Comandancia Militar de Popayán. En 1820 arribó a Cuenca con las fuerzas del Coronel Francisco González, en calidad de Segundo Jefe del batallón Constitución, luego de haber asistido a las sangrientas acciones de Huachi y Verdeloma.

De Cuenca marchó a la costa en la invasión del General Melchor Aymerich, pero luego del combate de Cone fue capturado por los patriotas. Era el 19 de Agosto de 1821 cuando el General Antonio José de Sucre le llevó consigo a Guayaquil y le solicitó para que se naturalizara colombiano con la condición expresa de que no sería obligado a combatir contra España y como acababa de contraer la promesa matrimonial en Cuenca con Rosa García de Trelles y Veintemilla, regresó a esa ciudad y combino en naturalizarse a fin de evitar la traslación a Cuba, donde le juzgarían como constitucional, pues la reacción absolutista acababa de triunfar en España.

El 23 de Agosto de 1822 se casó y licenció del Ejército y desde entonces su hogar fue el centro de su vida pues siempre fue un excelente esposo y padre. En 1828 colaboró en el periódico "El Eco del Azuay". Cuando en 1829 la Gran Colombia aprestó la defensa de su territorio contra la invasión peruana, ya Tamariz había ascendido a Coronel y fue destinado para Comisario Ordenador del Ejército estacionado en Cuenca. Durante esa campaña quedó de Comandante Militar de la plaza, sostuvo un ligero combate con la columna peruana que al mando del Coronel Raulet arribó por caminos extraviados y cuando el 22 de Septiembre se suscribió el Tratado de Guayaquil entre los plenipotenciarios Pedro Gual y José Larrea y Loredo, el Libertador designó a Tamariz y al Capitán de Fragata Domingo Agustín Gómez Moreno para que unidos a los Comisionados que debía nombrar el gobierno peruano, procedieran a hacer la demarcación material de los límites entre ambas repúblicas, quedando autorizados para cederse mutuamente aquellas pequeñas porciones de territorio que fuese conveniente, para facilitar y dar mayor claridad a la demarcación.

El 30 de Noviembre Tamariz y Gómez se constituyeron en la desembocadura del río Túmbez en el océano Pacífico y allí estuvieron cosa de cuatro meses, mas las intensas lluvias imposibilitaron la demarcación, que se postergó hasta el 1o. de Abril de 1830, aunque jamás llegó a realizarse pues en Febrero la cancillería peruana había entregado al General Tomás Cirpiano de Mosquera, Ministro grancolombiano en Lima, una Carta Geográfica elaborada por el Coronel Althaus y un proyecto de línea de demarcación limítrofe de acuerdo con la naturaleza de las zonas en disputa, que fue aprobado por ambos países mediante acta del 11 de Agosto de ese año, firmando el Ecuador en representación de la antigua Colombia.

En reconocimiento a esos servicio? Bolívar nombró a Tamariz para la Tesorería del Azuay (1). En 1834 hacía de Comandante General de Cuenca y al producirse la invasión de los Chihuaguas, nombre con el que se conocía a los partidarios de Rocafuerte, emigró al Perú.

Sin embargo el 35 se amistó con Rocafuerte merced a la intercesión de Flores y hasta le fue propuesto el Ministerio de Hacienda en el primer gabinete del presidente guayaquileño, que aceptó y desplegó con el celo y la laboriosidad que tanto le distinguieron y con tal fin consiguió que Rocafuerte firmara los decretos del 19 de Octubre de 1835 y del 10 de Febrero del 36, que rebajaron a tres quintas partes los derechos de aduana siempre y cuando se pagaran en dinero efectivo, con expresa prohibición de recibir billetes. Estas reformas permitieron aumentar considerablemente las recaudaciones que eran muy bajas y al mismo tiempo evitaron que se siguiera negociando con los desacreditados billetes de la Deuda Pública, que se vendían hasta con el 90% de descuento. También los decretos señalaron fondos para la amortización de dichos billetes después de renovados y para hacer la amortización en determinadas épocas abriendo una especie de subasta en la tesorería.

Los tales decretos no alteraban el mal estado de la Hacienda Pública, pues la disminución de los derechos de aduana en la práctica no disminuyó las rentas sino que las aumentó porque obligaba a pagar en metálico; únicamente que desde entonces se dejó de amortizar proporcionalmente la deuda del estado a través de los desacreditados billetes.

  (1) En Reemplazo de Antonio Soler que se había acogido a la jubilación.

 

Empero los comerciantes portadores de los billetes, que habían comprado para cumplir con la ley anterior, se sintieron perjudicados al no poder usarlos, protestaron airadamente contra Tamariz y le acusaron ante los congresistas, que se reunieron en Quito en Enero del 37 en sesiones extraordinarias para reclamar por la inconstitucionalidad de ellos, hasta que obtuvieron sus revocatorias. Acto seguido solicitaron el enjuiciamiento del Presidente Rocafuerte y su Ministro de Hacienda, pero Flores movió influencias y obtuvo que a última hora se excluyera al presidente, no así a Tamariz, que cesó en sus funciones con un voto de censura y fue declarado incapaz de obtener empleos por el término de dos años, para que no volviese a ocupar ningún Ministerio en la administración de Rocafuerte.

Como corolario de todo este asunto cabe indicar que en menos de un año fueron amortizados trescientos mil pesos, destruyéndose así el argumento esgrimido por los agiotistos, quienes sin embargo prosiguieron saboteando dichas disposiciones.

En 1836 y por ridículas diferencias su amigo Fray Vicente Solano le agravió en uno de sus escritos. Tamariz era hombre de importancia en Cuenca y además tenía aficiones literarias y al verse agraviado sin culpa acusó la publicación ante los tribunales de justicia, pero el Jurado dictaminó que no había lugar a la formación de causa. Entonces, dando rienda suelta a sus aficiones literarias, resolvió contestar en forma enérgica, como correspondía a su condición de ex-militar y dio a la luz "Una bomba arrojada sobre la bóveda gótica o sea cráneo molondrón de Fray Gerundio Zampatortas, artillero muy recluta de la escuela práctica tormentario - tartúfica" y a manera de introducción explicó sus motivos. Todo en 25 páginas.

De allí en adelante y hasta el año 1843 sostuvieron numerosas publicaciones polémicas. El 37 Tamariz publicó en Guayaquil una hoja suelta titulada: "Diálogo joco-serio entre el Padre Patisucio y Antonio Naldo o nalgas", que Solano contestó con la "Carta de Fray Gargajo o anatomía completa de la cabeza del Dr. Chusquito" donde le trató despectivamente de "Paquito el cosquilloso", pero Tamariz le replicó con "Escopetazo a los pájaros de Safón, inclusive un murciélago" y fue contestado con la diatriva de Solano" Cañonazos de un artillero americano contra un escopetero andaluz"; pero aparte de estas cuatro publicaciones la polémica se sostuvo al través de muchas hojas mas. Tamariz fue autor en 1842 de "Carta de una comadre a su Fray Jansenio de la predestinación" y fue replicado por Solano el 43 en la hoja periódica "La Luz", a la que siguió otro ataque de Tamariz en "El Patriota Convencional" pero esta vez bajo la firma del presbítero José María Torres, otro que no quería a Solano en Cuenca.

En 1839 fue llamado por el sufragio popular para ocupar una de las senadurías por el Azuay y el presidente Flores le ofreció el Ministerio de Hacienda que no aceptó. El 43 fue miembro de la Convención Nacional y casi salió electo presidente de dicho organismo perdiendo la votación frente al guayaquileño Francisco Marcos y Crespo, luego firmó la nueva Constitución que se conoció con el nombre de "Carta de la Esclavitud" porque aumentó a ocho años el mandato presidencial, reeligió a Flores y trató de asegurarle eternamente en el poder.

Desde el 41 venía ocupando la gobernación del Azuay. El 44 le fue propuesta la plenipotencia del Ecuador en Colombia para finiquitar la liquidación de la deuda pendiente de la campaña en Pasto, arreglar la cuestión de límites y pedir la devolución de Tumaco. (2)

  (2) En 1842 y como Gobernador del Azuay -asustado ante la presencia de la peste de fiebre amarilla en Guayaquil tendió un cordón sanitario para aislar a la provincia del Azuay de la del Guayas e impedir el avance de la mortal enfermedad. El cordón rindió buenos resultados pues la población azuaya se salvó de contraer el temido mal.

 Cuando se enteró de que había estallado la revolución del 6 de Marzo de 1845 en Guayaquil contra el régimen de Flores, se trasladó a Zozoranga y sorprendió a su yerno Benigno Malo Valdivieso y al General Leonardo Stagg -yerno del presidente Flores- quienes iban al Perú a conseguir armas contra la revolución. Tamariz los apresó, celebró un tratado insignificante con Stagg y dejó a Malo que continuara su viaje.

Después escribió al gobierno provisorio de Guayaquil un acertado plan de operaciones que debía seguirse para el triunfo de la causa marcista y meses después, decepcionado del giro de los acontecimientos políticos, salió desterrado a Paita con su hijo mayor Joaquín, joven de 21 años y hasta llegó a renunciar sus derechos de ciudadano ecuatoriano por el periódico "El Nacional", pero poco después regresó en vista de que no le perseguían. Durante su gobernación fundó un colegio de niñas bajo la inspección de una Junta de Señores y puso en la dirección al pedagogo José Pinto y a su hija Felicidad Pinto.

En 1846 tuvo que defender su gestión política mediante el folleto "Calumnias Refutadas", Quito, en 36 páginas y en "El Nacional" se dirigió al Gobernador de Cuenca.

Hacia 1851 cayó enfermo de gravedad y sintiéndose llegar al fin de sus días quiso como buen cristiano pedirle perdón a Fray Vicente Solano por todas las burlas con que le había atormentado, así pues, se lo hizo saber y llegado el fraile, solicitó su perdón con palabras muy compuestas, pero Solano le contestó que si le perdonaba como hombre no lo podía hacer como sacerdote y encontrándole a Tamariz muy cansado, se retiró, mas éste sanó a poco y sobrevivió al franciscano con muchos años.

Poco después fue electo Diputado por Guayaquil y asistió a la Asamblea Nacional Constituyente y como poseía amplios conocimientos en arquitectura y pintura figuró de contratista en la Construcción del Palacio Municipal de Cuenca en 1854 y el 61 escribió para el periódico "La República".

El 63 fue designado por el presidente García Moreno para ocupar el cargo de Administrador de las Aduanas de Guayaquil y allí se estuvo hasta el 65, que le volvieron a proponer el Ministerio de Hacienda.

De las Aduanas salió pobre para honra suya, sin que nadie pudiera echar sobre su probidad la más ligera mancha de concusión. De allí en adelante vivió en Cuenca rodeado de los suyos hasta que le sobrevino una tranquila muerte sin agonía, de vejez que no de otra cosa, el 23 de Agosto de 1880, a los 92 años de edad.

Para su época fue un científico y un artista debido a la vastedad de sus conocimientos. Hacía versos aunque malos, sabía pintar al óleo y al fresco. De él se conoce un retrato suyo rodeado de su mujer e hijos y realizado al óleo. Pasaba por arquitecto porque sabía dibujar planos y hasta trabajó de constructor de varias obras públicas. En sus inicios en Cuenca había instalado en los bajos de la casa de su suegra una pequeña tienda de drogas y artículos de ferreterías, tachuelas como entonces se llamaba. De allí salió a la luz pública cuando Solano fundó en 1828 "El Eco del Azuay" y le invitó a que escribiera en sus páginas y como agradaron tanto al Libertador, que por otra parte parece que no quería a Tamariz, ésto hizo que cambiara de parecer y comenzara a apoyarle. Todo eso lo escribió años después el propio Solano, sacándole en cara el favor para reiterar sus acusaciones de ingratitud contra Tamariz, quien fue el fruto de las nuevas normas educativas que implantó el liberal Carlos III en España, influenciado por el desarrollo y prestigio que habían cobrado las ciencias naturales y la experimentación en otras cortes mas adelantadas de Europa. Por ello sus inclinaciones a la botánica, de la que sacaría las drogas que vendía en su tienda y quizás de allí se originaría su amistad con Solano, quien también era aficionadísimo a las plantas como lo demostró hasta la saciedad en sus viajes a Loja, donde describe numerosas variedades, unas nuevas y otras ya conocidas, mencionando sus beneficios curativos o alimenticios.

Como funcionario público utilizó en varias ocasiones la prensa para hacer conocer sus opiniones. En 1836 había dirigido sendas comunicaciones al Contador General y al Ministro de lo Interior y Relaciones Exteriores, impresas en el Registro Auténtico. El 42 escribió al Gobernador del Guayas en "El Correo de Guayaquil".

"Era de noble presencia, sanguíneo, blanco rosado y pelo castaño claro ondulado. Su frente despejada y la cultura de sus maneras indicaba que siempre había pertenecido a la sociedad. Bello el acento de su voz. Amena su conversación y correcto el lenguaje. Talento universal. Criterio recto e ilustrado, jamás dejó el culto de las letras, ciencias y artes, ni perdió el hilo de los acontecimientos políticos y militares de Europa y América, pues hasta en su longevidad conservaba la memoria feliz y asombrosa, así como el vigor intelectual. Amante celoso de la verdad y la sinceridad, siempre comprendió lo grave y austero del deber, alejándose de todo lo que pudiera alterar el sentido moral y debilitar la dignidad del alma. "En su trato familiar era un hombre gracioso y con sentido del humor, lo que demostró ampliamente en su polémica contra Solano, al que vapuleó con donaire y gracia. La historia chica ha recogido algunos de sus gracejos, bromas y chascarrillos, que en su tiempo le dieron tanta celebridad, pues siempre se portó como todo un buen andaluz.