VICTOR LEON VIVAR Y
CORREA
CRITICO Y PUBLICISTA.- Nació
en Cuenca el 15 de Septiembre de 1866. Fue el mayor
de una familia de 18 hermanos, hijos legítimos
de Víctor Vivar, rico comerciante manabita
afincado en Cuenca, productor de licores elaborados
con alcohol de caña y de Amalia Correa Iglesias,
natural de esa ciudad.
"Niño inquieto,
de raras aptitudes intelectuales, bella apostura juvenil
y arrogancia de hombrecillo prematuro". Creció,
fue a la escuela de los Hermanos Cristianos y al Colegio
Seminario de Cuenca y en muchas ocasiones se fugaba
con su compañero Manuel J. Calle a los campos
cercanos, a tiempo que se hartaban de libros sin método
ni cuidado, hacían versos y publicaban periódicos
manuscritos, alternados con inocentes picardías
infantiles, que no alcanzaban a corregir el látigo
de ocho ramas que sobre sus manos extendidas descargaban
los clérigos docentes.
A principios de 1885 dio a
la luz en Quito el folleto "Poesía Ecuatoriana"
y en Octubre editó con Calle un periodiquito
de ¡deas liberales denominado "El Pensamiento",
que salió en Cuenca, en un solo número,
zahiriendo a los maestros del colegio y entre ellos
al célebre - por su intemperancia— obispo
León y a su hermano el Dr. Justito y se formó
un escándalo monstruoso pues nadie sabía
quien era el autor, mas, los antecedentes del joven
Calle le condenaban y tuvo que escribir una hoja aclaratoria,
negándolo todo con su firma y el estilo burlón
que le haría famoso.
En 1887 ingresó a la
Escuela de Literatura en Quito y en su revista publicaron
dos discursos suyos; el de incorporación, que
trató sobre la Poesía Ecuatoriana, editado
dos años atrás como ya se dijo, y el
de contestación al de Víctor Manuel
Gangotena acerca de la Belleza; además, fue
miembro del Liceo de la Juventud en Cuenca.
El 88 Calle le dedicó
la poesía "Libre soy" en el periódico
"La Libertad" pues ya habían comenzado
las divergencias de criterio y acción entre
ambos amigos. Vivar husmeaba por esos días
en las crónicas escandalosas cuencanas de la
época garcíana para escribir un cuadernito
denominado "Los Cirineos” que Jamás
se atrevió a editar.
El 89 colaboró en la
"Revista Ecuatoriana" con una hermosa crítica
a la poesía de Olmedo en 6 páginas,
que Junto a las que hizo sobre Julio Zaldumbíde
y Numa Pompílio Llona serían publicadas
en 1903 en "La Ley" de Quito. El mismo año
89 publicó los folletos "Panegíricos
en honra de Montalvo" y "Al Público".
En Junio José Peralta sacó en Quito
el periódico "El Constitucional",
con artículos anticlericales que originaron
una respuesta del Canónigo de esa Catedral
Federico González Suárez, bajo la forma
de rectificación a un supuesto plagio de las
obras del peruano Francisco de Paula Vigil. Peralta
contraatacó y el Arzobispo Dr. Ignacio Ordóñez
Lazo prohibió la lectura de "El Constitucional"
obligándole a regresar a Cuenca, donde fundó
en Julio el periódico "La Época",
que enseguida fue prohibido por el Vicario Manuel
C. Hurtado. Entonces Peralta enfermó y en Agosto
volvió a Quito, para encontrar que la Curia
había iniciado causa criminal contra "El
Constitucional", pero no se amilanó y
en Septiembre publicó la última respuesta
a González Suárez.
Así estaba la polémica
cuando sucedió uno de esos hechos insólitos
que sólo se dan de vez en cuando, pues el Joven
Vivar, sintiéndose afín con su antiguo
profesor González Suárez, atacó
esto que en mano y en una calle céntrica de
Cuenca a Peralta, profiriendo injurias atroces, y
aunque el incidente no pasó a mayores a causa
de la oportuna intervención de varias personas,
esa noche, el mismo Vivar auxiliado por su padre,
el joven David Neira, el padre de éste y un
piquete de soldados, atacaron la casa de Ramón
Torres, en cuyos bajos funcionaba una pequeña
imprenta, donde se hallaban dos amigos de Peralta,
uno de ellos llamado Ramón Pesantez, que fue
herido cinco veces con armas de fuego y llevado moribundo
al cuartel de policía, donde le arrojaron a
un montón de Alfalfa.
Al día siguiente procedieron
a enjuiciar criminalmente a Peralta, Gabriel Ullauri,
Calle y otros liberales más. El escándalo
que se armó fue grande y Vivar editó
una hoja suelta titulada "Atrás Miserables".
"González Suárez
le tomó por su cuenta, arrancándole
de su familia y adóptale como si fuera hijo
de su corazón, quiso educarle y le llevó
al extranjero, con la idea de mejorar su destino pues
el sabio sacerdote avizoraba que sería violento;
mas su temperamento bravío, su carácter
sublevado y la inquietud intelectual vencieron toda
disciplina; una y otra vez quiso encarrillar su juventud
por las vías ordinarias y apacibles que llevan
al coronamiento del triunfo y una y otra vez se vio
arruinado, extraviado, solitario por los caminos de
la vida, sin oficio ni beneficio y ganando en ocasiones
con sudores de muerte, el menguado pan diario, en
tierras extranjeras", según frase de su
amigo Calle.
Lo cierto fue que en 1890 Vivar
fue enviado a Santiago de Chile, capital que siempre
ha gozado de fama por la cultura de su gente, y pronto
se hizo conocer como crítico y publicista.
El 92 publicó la vida del Obispo quiteño
Fray Gaspar de Villaroel escrita por el chileno J.
T. Vásquez.
El 93 dio a la luz dos obras
más, una crítica histórica con
valiosas Notas, Prólogo y Apéndice sobre
el Mariscal de Ayacucho, tomada de un cuaderno inédito
de Benjamín Vicuña Mac Kenna, bajo el
título sonoro de "El Washington del Sur"
y otra de critica literaria con el rótulo de
presidentes poetas, estudiando la personalidad del
General Juan José Flores como versificador
y reproduciendo sus composiciones métricas
escritas como simples "Ocios Poéticos".
El 92 había aparecido
en la Revista Ecuatoriana de Quito "Hombres y
cosas del Ecuador. Noticias de algunas publicaciones
ecuatorianas anteriores a 1792 por Nicolás
Enrique R." En 18 páginas y un estudio
crítico sobre las obras de Espejo que le dio
a conocer como el mejor crítico literario del
momento.
Vivar se vio comprometido con
el General Julio Sáenz y el Dr. César
Borja Lavayen en una conspiración y fue sacado
del Ecuador. Semanas después no le permitieron
el ingreso al Ecuador pues las autoridades pensaron
que iba a engrosar las filas del ejército revolucionario.
De Guayaquil siguió a Tumaco en la frontera
con Colombia y penetró por el Carchi.
Ocurrida la transformación
liberal del 5 de Junio y recién instaladas
las nuevas autoridades en Quito, quiso continuar la
serie de Presidentes Poetas en la imprenta de los
Salesianos de Quito y hasta tenía algunos pliegos
empezados con el estudio sobre García Moreno,
Entonces contrajo matrimonio con Elisa Castrillón
Soulín, viuda de José Flores Guerra,
(1) pero no tuvieron descendencia. Ella murió
ya bien entrado el siglo, en Quito, sin haber contraído
nuevas nupcias.
Escribía mucho y bien
para la prensa, sobre todo asuntos literarios. Suyo
era un maciso prólogo a cierta obra con la
vida de Juan Bosco, que los salecianos dieron a la
publicidad impresa en el antiguo "Protectorado
Católico". También se conoce que
había finalizado su libro "Mis conocidos"
y todo ello con un estilo brillante que no se resentía
del exotismo refinado que ya se anunciaba en Europa.
Su crítica revelaba lecturas bien digeridas
y de su época de muchacho amigo de las letras
quedaban en Cuenca algunos cuentos y tradiciones históricas
que podrían haber formado un volumen selecto.
El 25 de Septiembre de 1895
apareció en Quito el primer número del
periódico titulado "La Ley", donde
se expresó duramente. El pueblo se volcó
a adquirir los mil ejemplares a cinco centavos cada
uno. Alfaro ordenó la prisión de sus
redactores Pablo Mariano Borja y Víctor León
Vivar. Borja cayó detenido
a las dos de la tarde en la imprenta y Vivar a las
ocho de la noche. Al día siguiente salió
el segundo número conteniendo un artículo
titulado "La Verdadera tiranía",
acusación contra Alfaro de haber liberado al
ilustrado escritor Roberto Andrade, quien llevaba
veinte años de sufrir duras persecuciones por
su participación en el complot y asesinato
de García Moreno.
"La Ley" se editaba
en la imprenta del clero y con el visto bueno del
bonísimo Arzobispo José Rafael González
Calisto, tan buena persona como cándida autoridad,
quien jamás previo las consecuencias de tal
publicación y esa tarde, a eso de las seis
y media, una turba de garroteros encabezada por
(1) Representado por el Dr. Pablo Mariano Borja.
León Valles Franco,
penetró al Palacio Arzobispal, destruyó
los tipos de la imprenta, saqueó las habitaciones,
prendió fuego al archivo tricentenario de la
curia y maltrató e injurió soezmente
al Arzobispo, obligándole a ponerse de rodillas
y a gritar viva Alfaro, pero él salió
del paso con mucha gracia y talento y gritó:
"Viva Alfaro hasta que muera", con lo que
dejó a sus verdugos satisfechos.
Meses después, el 18
de Febrero de 1896, falleció en Quito Pablo
Herrera. Al día siguiente pronunció
el padre Manuel José Proaño Vega, S.
J. la Oración Fúnebre en el templo de
la Compañía, y en el Cementerio del
Tejar tomaron la palabra Vivar, Vicente Enríquez
y Telmo N. Viteri, que fueron a parar al panóptico
y dos veces al día, a las cinco de la mañana
y a las ocho de la noche, los bañaban con agua
fría.
A la salida, Vivar fue a la
provincia del Cañar donde tenía parientes
y amigos y permaneció como agente de la conspiración
que tramaba Antonio Vega Muñoz, en unidad de
acción con Pacífico Chiriboga y Melchor
Costales en el Chimborazo.
Entre el 1o. y el 2 de Junio
se alzaron las partidas guerrilleras. Vega salió
de Azogues a Biblián y Tambo y entró
al Chimborazo. En Tixán se le unió Pedro
Lizarzaburo y cerca de Guamote, Vivar y Borja, con
Pompeyo Baquero, Pedro Monsalve, Melchor Costales
y otros. Vivar no era propiamente un político,
pero los maltratos recibidos en el panóptico
lo habían lanzado a la lucha y ya no podía
detenerse. El día 16 estuvo entre los que prepararon
el asalto contra el Batallón Guayaquil compuesto
de cuatrocientos soldados del gobierno. El encuentro
se produjo en el desfiladero de Monja Corral o Pangor,
triunfando los conservadores con la ayuda a última
hora del Coronel Manuel Follecoque arribó de
Baños.
Ese día otro grupo de
guerrilleros derrotaron en Cancahuán al Batallón
14 de Agosto de quinientas plazas y el 18 Vega conoció
que los Batallones No. 2 y Vargas Torres iban a Cuenca,
y se apresuró a enfrentarlos a altas horas
de la noche en el sitio de Columbe, con resultados
indecisos, pero al día siguiente los volvió
a atacar en el caserío de Tanquis y obtuvo
una gran victoria. En esos combates estuvo a su lado
Vivar con el arma al brazo, esforzándose para
figurar entre los más valientes.
Vega y Lizarzaburo siguieron a la Florida, cerca de
Riobamba, donde vencieron a otros liberales y pidieron
la rendición de la plaza, que se aprestó
a defenderse. En ese momento Vega decidió dejar
a Lizarzaburo frente a Riobamba y marchar al sur a
defender Cuenca, que se hallaba desguarnecida; error
táctico que a la postre les fue fatal, pues
disminuidos sus efectivos, se debilitaron y terminaron
siendo derrotados.
Vivar marchó con algunos
hacia Guaranda, donde actuó como Jefe Civil
y Militar, pronunciando vibrantes y patrióticos
discursos que le hicieron famoso, pero al saber la
derrota de los suyos, abandonó las armas y
regresó a ocultarse en Quito. Estaba derrotado
pero no vencido, creyendo que vivía un corto
receso bélico, así se lo anunció
a su esposa Elisa, en el departamento de las señoritas
Elena y Clara Rivadeneyra, situado en la casa del
Dr. Lino Cárdenas, quien le mandó a
decir que saliera de allí porque era intensamente
buscado por la policía y podían encontrarlo,
pero Vivar no hizo caso de la oportuna advertencia
y se comprometió en otra revolución
para el 6 de Agosto de 1896, que se conmemoraría
el vigésimo primer aniversario del fallecimiento
de García Moreno.
En Quito el ambiente político
era muy caldeado y todos sabían que estallaría
un revuelta. El gobierno tuvo noticias de la conspiración
cuando el Capitán Ángel Proaño
denunció a Vivar ante el General Manuel Antonio
Franco, quien dispuso su inmediata captura y comisionó
al Coronel Nicolás F. López, mejor conocido
con el apodo del manco López desde que había
perdido uno de sus brazos en la célebre batalla
de Gatazo un año atrás, (2) quien se
hizo acompañar del Subteniente Luis Dávila
y varios policías.
A las nueve y media de la noche
del 5 de Agosto llegaron a donde estaba Vivar escondido
y le tomaron preso sin resistencia, pues estaba desarmado,
por haber obsequiado su carabina a Darío Arguello
Estrella, combatiente conservador en la campaña
del centro. Entonces le condujeron
(2) La herida de López se engangrenó
y tuvieron que amputarle uno de sus brazos para salvarle
la vida; era quiteño y llego con el tiempo
a Senador y a Diplomático.
al cuartel de policía
hasta las primeras horas de la madrugada. Su prisión
fue conocida enseguida, detuvo el movimiento que iba
a estallar esa noche y los demás conspiradores
optaron por esconderse en diferentes sitios de la
capital.
Entretanto había sido
sacado del cuartel a las tres de la mañana
y fue conducido al cementerio de San Diego por una
escolta al mando del manco López. El cortejo
era fúnebre y así lo comprendió
Vivar. Debieron ser momentos terribles para el joven
intelectual cuencano, de sólo treinta años
de edad y feliz esposo de una bella joven a quien
dejaría viuda.
En un momento dado le obligaron
a correr y fue cazado como fiera. El historiador Roberto
Andrade ha relatado esos momentos: "Llevaron
al cementerio de San Diego, todavía en las
sombras y le dieron muerte horrible, rodeándole,
siguiéndole por donde corría y disparándole,
como los rapaces cazan a los pajarillos a pedradas".
Recibió cinco tiros,
casi todos por la espalda, un sacerdote medio místico
llamado Eudoro Maldonado, que se hallaba orando en
el cementerio como era su rara costumbre, salió
de las sombras, ante las atónitas miradas de
los soldados, que justamente habían escogido
tan apartado lugar para no tener testigos, e inclinándose,
le dio la extremaución.
Al clarear el día amaneció
el cadáver a la vista de todos y la noticia
del crimen se supo en la capital. La Corte Suprema
ordenó el enjuiciamiento de los culpables.
El Concejo Cantonal protestó y calificó
el crimen de salvaje y cobarde. Alfaro se encontraba
desde hacía algunas semanas en la campaña
militar contra Cuenca y estaba encargado de la presidencia
del Consejo de Ministros, el de Hacienda, Hornero
Moría Mendoza, que amenazó renunciar
cuando se enteró que el Comandante de Armas
de Pichincha, a pesar de haber sido ordenado que iniciara
el correspondiente sumario, se negaba a hacerlo.
La situación se tornó
política y varios ministros se pusieron de
parte del Comandante. Estos fueron: Francisco J. Montalvo
en Interior y Relaciones Exteriores, José de
Lapierre y Serafín Wither, subsecretarios encargados.
Por el contrario. Moría se apoyaba en José
Julián Andrade y en Leónidas Pallares
Arteta, y ante ese cisma que ponía en peligro
la situación del gobierno, el General Manuel
Antonio Franco, en gesto altivo y orgulloso, resolvió
endilgarse toda la culpa ante el Consejo de Ministros,
mediante oficio que les hizo llegar cuando se encontraban
discutiendo en el palacio.
—Lleve Ud. este oficio,
a esos maricones...! dizque dijo al momento de firmarlo,
pues tenía el carácter violentísimo
y así superó el impase, apoyándose
en el Decreto Supremo dictado el 4 de Julio, que indultaba
incondicionalmente a los derrotados en Quimiag, Casahuaico,
Puculpala y Chambo, excepto a los cabecillas, y probando
que Vivar había sido cabecilla por su ejercicio
como Jefe Civil y Militar de Guaranda y últimamente
espía en plaza enemiga.
El verdadero culpable no fue
otro que el famoso manco, que no sufrió castigo.
Franco tampoco fue enjuiciado pues Alfaro le siguió
manteniendo en funciones al igual que a López;
sin embargo, cuando en 1901 tuvo que escoger a quien
le sucedería en el mando, desechó a
Franco justamente por violento, quizás acordándose
de Vivar.
Vivar fue un joven de personalidad
contradictoria. Literariamente se batía con
clérigos y masones en defensa de un ideal.
Durante su vida pública enrostró peligros
por su conducta vehemente y desordenada, en Chile
pasó por vagamundo y bohemio a la par que escribía
hermosas y sesudas críticas que demostraban
su genio. Por eso, cuando González Suárez
se enteró de su muerte, sólo atinó
a exclamar: "Así debía morir".
Su amigo Calle opinó
que por su carácter indócil entró
a la política, sin ser conservador ni enemigo
del progreso. En lo físico era bien parecido,
su estatura mas bien alta que baja y la fina aunque
robusta contextura, le daban una apariencia viril.
La frente alta y despejada, el cabello negro, rizado
y algo nativo, los ojos pequeños pero inquisitivos
y el rostro blanco rosado, agraciaban su presencia.
Sólo los labios demasiado gruesos le mostraban
sensual y violento, como realmente fue.
Su muerte constituyó
una notable pérdida para las letras Patrias,
pues a pesar de su corta edad era el primer crítico
nacional y un afamado publicista.
Su figura, agigantada por los
años, se ha tornado simpática en extremo,
no solamente por su juventud siempre animosa y aventurera,
su muerte violenta e injusta producto de la época
de convulsiones que le tocó vivir; sino también
por su independencia de criterio, su brillante erudición
crítica y un cierto hálito de romanticismo
que se respira en toda su producción y aún
más en su azarosa vida pública y privada
y porque según sus propias palabras “Independizó
la censura literaria de la Gramática y la Retórica”.
Es deber de alguna de nuestras
instituciones culturales recoger sus obras que andan
dispersas, en espera de una mano amiga que las salve
definitivamente del olvido.