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FRANCISCO BECERRA
ARQUITECTO.- Nació en Trujillo, Extremadura, España, en 1545. Hijo de Alonso Herrera, maestro de Arquitectura y Cantería y nieto del famoso Hernán González, Maestro Mayor de la Catedral de Toledo, amigo y Albacea de Alonso Berruguete. Eran pues, todos ellos, miembros de una conocida familia de arquitectos en España, autores de numerosos trabajos en Toledo y en el monasterio de Guadalupe desde 1470 en adelante.

Poco se conoce de sus primeros tiempos antes de su viaje a América, a no ser que realizó algunas obras principales en diversas ciudades de Castilla, varios edificios en Trujillo de Extremadura y una capilla entre los dos claustros del célebre monasterio de Guadalupe, y que era tenido y reputado por uno de los mejores maestros en aquellas tierras. Por eso el Virrey de México, Martín Enríquez de Almansa, le trajo en su séquito en 1573, cuando Becerra iba a cumplir treinta y ocho años de edad y llegó casado con María de la Parra.

En Indias trazó los planos de planta de la magnífica catedral de la villa de San Luis de Puebla de los Angeles, que se comenzó a edificar dos años después, en 1575, percibiendo un sueldo anual de quinientos pesos de oro. Como Maestro Mayor a tiempo completo construía los monasterios de Santo Domingo y San Agustín en los pueblos de Totomehuacán y Guantinechán. De Puebla pasó a México donde construyó el Coro del Convento de San Francisco y reedificó la iglesia y monasterio de los dominicanos.

En 1580 viajó a Quito a trabajar en la topografía de esa ciudad y sus alrededores como partidor de estancias y solares y por orden de la Audiencia dio trazas para hacer tres puentes, que sobre los ríos comarcanos eran necesarios, por atravesar lugares muy fragosos.

En 1581 inició los cimientos de las iglesias de Santo Domingo y San Agustín, nivelando los terrenos donde habían de edificarse con sus conventos y empleando para ello toda su buena industria y habilidad; por dos años después, al enterarse de Quito, se paralizaron hasta 1597 cuando a instancias del padre Rodrigo de Lara Manrique, Provincial agustino.

En la iglesia de San Agustín planeó la planta, trazó el abovedado del coro de estilo gótico y en el narthex, una bóveda rebajada de crucería, diferentes al estilo italianizante del resto de esa iglesia, terminada en 1669, casi noventa años después.

José Gabriel Navarro escribió que incluso el diseño original de Becerra, para la fachada, debió ser cambiado por otro diferente y que la pequeña inscripción que aún hoy existe en una de sus puertas laterales, como fecha de conclusión de la iglesia 1617, correspondería al primitivo diseño. También ha indicado Navarro que Becerra era un arquitecto superior por la manera como resolvió la edificación de la capilla del Rosario en Santo Domingo, levantando sobre la calle una gran bóveda rebajada, que se conoce con el nombre de Arco de la Loma o Arco de Santo Domingo, para sustentar una pesadísima construcción de piedra y manipostería, coronada por dos cúpulas.

En 1583 su protector el Virrey Enríquez de Almansa había sido cambiado a Lima y por eso Becerra debió viajar al Perú hacia 1584, encontrándose con la súbita muerte del Virrey. Entonces consiguió empleo como simple oficial de Alarife, o lo que es el mismo, Ayudante de Arquitecto Maestro de Obras; mas, en Junio siguiente, el Cabildo le designó Alarife por ausencia del titular Francisco Morales y con tal calidad el 17 de Agosto se le pidió informar sobre la reparación de tas casas del Cabildo.

En 1585 renunció y el nuevo Virrey le encargó trazar la Catedral, cuyo ambicioso plan original de Alonso Beltrán modificó, diseñando la planta definitivamente. También tuvo que trazar el plano del Palacio Virreynal o Casas Reales y sobre todo las murallas y los fuertes del Callao, ante el inminente peligro de un ataque por parte del pirata Francis Drake, que se sabia que estaba en el Pacífico.

La preferencia del nuevo Virrey Fernando de Torres y Portugal, Conde de Villardompardo, que gobernó hasta 1589, parece que resintió a los cabildantes, que le dieron por despedido del Municipio.

Becerra debió dirigir la construcción de únicamente una parte de las murallas del Callao, actuando como Maestro Mayor de cantería, pero no las terminó pues aún en 1624 se seguían construyendo. También edificó la iglesia de San Sebastián de Lima por encargo de Juan Jiménez del Río, Mayordomo de la fábrica de esa iglesia, contando con la asistencia de Antonio de Benalcázar, Provisor y Vicario General del Obispado, con un estipendio anual de cien pesos de a nueve reales cada uno.

En 1594 se ausentó al Cusco con su amigo Juan Martínez de Arrona, a fin de inspeccionar las obras de construcción de esa Catedral, que estaban en sus comienzos. Allí trazó los planos de ésta, que aunque después fueron modificados en detalles, subsistieron en lo esencial, es decir, en lo referente a la planta; pues en cuanto al estilo italianizante general, típico de Becerra, fue reemplazado por las formas clásicas de los viejos maestros de la escuela tradicional castellana. Ese año aceptó construir las casas de Diego de Carvajal en Lima, en 1150 pesos de plata corriente en pesos de a nueve reales cada uno. El 95 contrató con el Licenciado Ferrer de Ayala, Fiscal de su Majestad, para llevar a cabo la construcción de algunas obras y entre ellas la portada de cantería para su casa, trazada por Becerra y ejecutada por los Maestros Juan de Velasco y Giusepe del Castillo.

En los años 1596, 97 y 98 volvió a ocupar la plaza de Alarife del Cabildo de Lima, acompañándole en el cargo Francisco Morales. Mientras tanto seguía adelante con las obras de la Catedral limeña, que abandonó el 97 para ser sustituido por Andrés de Espinosa; pero volvió a tomarlas a su cargo después del temblor de 1603 y tuvo que derribar las cimbras de la primera nave y edificar nuevas bóvedas de arista llana, sin labor ni moldura alguna.

Más adelante, posiblemente después de su muerte y del temblor del 25 de Octubre de 1606, que fue más fuerte que el de 1603, quedaron las bóvedas maltratadas con algunas aberturas y el Cabildo Eclesiástico ordenó su cerramiento con bóvedas de crucería, rebajándose la altura de los pilares y arcos construidos por orden de Becerra. Posteriores trabajos de restauración en el siglo XX han dejado al descubierto los capiteles y parte del establecimiento que descansa sobre las pilastras originales de Becerra; arquitecto genial que vislumbró la belleza a través de la grandiosidad de altos pilares y aunque su espíritu no persistió a causa de las modificaciones generales que sobre la mayor parte de sus obras realizaron arquitectos posteriores, pero quedan sus planos como ejemplo del estilo italianizante del renacimiento español.

No se conoce su retrato pero se sabe que fue hombre inteligente y culto, enseñado a tratar con la nobleza, el Cabildo y los Virreyes, tanto en México como en el Perú; por eso su nombre no aparece en ninguno de los registros de las Cofradías de Maestros y Alarifes de su tiempo, a los que tenía por menos y con los que no gustaba juntarse socialmente.

En 1612 su hija Francisca Becerra ingresó al Monasterio de Santa Clara en Lima. El 7 de Febrero siguiente, su madre María de la Parra, pagó la dote de mil pesos sacándola de la herencia paterna, previa a la celebración de los votos de su hija como monja de dicho Convento.