HUAYNA CAPAC
INCA.- Nació
probablemente entre 1460 y 1470, mientras su padre
el Inca Tupac Yupanqui sometía la nación
Cañari y fue su madre la princesa Mama Ocllo.
Recibió por nombre Titu
Kusi Wallpa pero cuando creció le pusieron
por apelativo Wayna Qhapac y llevado al Cusco le recibió
su abuelo el Inca Pachacuti, quien poco tiempo despues
murió y fue sucedido por su primogénito
Tupac Yupanqui.
Tupac Yupanqui se dedicó
a conquistar las naciones del norte del Tahuantinsuyo
y en dicho empeño estuvo muchos años,
fundando Tomebamba en esas fronteras. Después
murió envenenado por su concubina Chiqui Ocllo,
quien quería la Borla Imperal para su hijo
Capac Huari.
El joven Huayna Cápac
destruyó esa conspiración con la ayuda
de su madre y del general Huaman Achachi y como era
menor de edad gobernó algún tiempo con
el Incaprantin Apo Wallpalla, quien quizo derrocarlo
hacia 1493 pero fue muerto por el propio Huayna Cápac
y su leal General Huaman Achachi, que volvió
a ayudarlo.
De allí en adelante
luchó por mantener la paz en el imperio y en
1490 inició la segunda invasión a las
naciones del norte, instaló en Huancabamba
su ejército, lo regularizó y proveyó
de todo lo necesario para la larga y penosa campaña
y sólo entonces pasó a Tumbes y envió
una embajada de paz a los Punáes, quienes contestaron
pidiéndole que los honrara con su visita. Pasó
a la isla, fue recibido con demostraciones de vasallaje
y luego de algún tiempo regresó a Túmbez
dejando a los avancuscos y orencuscos para que le
siguiesen después, pero éstos fueron
ahogados por los puneños.
Entonces al Inca regresó
enfurecido y cometió tales desafueros en la
isla que solamente dejó vivos a las mujeres
y a los niños, siguiendo luego hacia el norte
donde sometió a los Huancavilcas y en castigo
les obligó a que se sacaran los cuatro dientes
frontales por su complicidad con los punáes,
costumbre que persistió hasta la llegada de
los españoles. También anduvo por las
provincias del norte, sometiendo a los pueblos hasta
las costas de Portoviejo, aunque algunos defendieron
bravamente sus dominios.
De Manabí regresó
al Cañar e intentó la conquista de los
Bracamoros o Jíbaros, que por vivir en las
espesuras de las selvas amazónicas presentaron
fuertes guerrillas y hasta lograron algunos triunfos,
consiguiendo que el Inca se alejara precipitadamente
de sus territorios no sin antes exclamar: ¡Dejemos
a estos rabudis porque son indignos de ser nuestros
súbditos!
Y en el Cañar se encontraba
cuando recibió una embajada de paz de los Paltas
con la siniestra intención de asesinarlo, pero
pudo enterarse a tiempo y les hizo mutilar las orejas
y narices como escarmiento y mientras los jefes promotores
discernían qué hacer, los atacó
por sorpresa y ejerció crueles venganzas.
Otra vez en Tomebamba, recibió
el agasajo, el cariño y la lealtad de sus súbditos
y levantó grandes monumentos con piedras que
hizo tallar por artífices del Cusco. En 1490
pasó a vivir en esa capital y allí estuvo
en paz hasta 1495, que volvió al norte y empezó
la conquista del Quito-Puruha, que defendía
el General Calicuchima, quien por razones tácticas
tuvo que retroceder a la fortaleza de Atapo, situada
en los médanos arenosos y montículos
de Tiocajas, donde se libró una sangrienta
batalla que ha sido descrita así:
"Al momento en que aparecía
el sol sobre la cordillera oriental se oyó
un formidable grito, como una descarga eléctrica
que estalló en las alturas. Retumbó
el vacío con los turos, quipas y el trepidar
de los tambores Puruhayes. Se desplegó al aire
la bandera o punancha roja distingo de Patria y el
ejército Shiry se arrojó formado de
escuadrones uniformados con cushmas o camisas negras
y chumbillinas o fajas rojas, atadas sus cabelleras
con lienzos de diferentes colores según los
ayllus o parcialidades a las que se pertenecían
y bajo la cushna una coraza de tela gruesa acolchada
de algodón o lana, donde se embotaban las flechas
y armas corredizas, con cascos de madera fuerte chapadas
de plata y oro".
"El General Calicuchima
con sus aguerridas divisiones compuestas por los Tiquizambis,
Moyocanllas y un cuerpo de sus aliados Macas y Agoyanes,
Galles e Hichubambas, formó la vanguardia,
a cuyos flancos estaban los afamados Lictos, Sicalpas
y Huiñatucses, al centro los Licios con los
Nabucs, Sananca, Huanes, Gompuenes, Quincahuanes,
Chumugs, Achambos, Quimiags, Cebadas y otros, a la
retaguardia los Xuncis, Tahualags y de batidores los
Clumbis, Secaus y Quishu guares. Calicuchima estaba
rodeado por su estado mayor formado por Conllocando,
señor de Lican; Chamba, Pacana, Llagurima y
otros Jefes de valor y pericia comprobados".
"Huayna Cápac mientras
tanto observaba los movimientos del enemigo y mandó
que formaran las avanzadas los Cañaris por
ser más conocedores de esos parajes y a la
retaguardia puso a los disciplinados orejones mandados
por los Generales Tuqui Toma, Mihi y Colla Tópac.
Al medio día los arenales ardientes se llenaron
de los gritos de los combatientes, el caos, los golpes
sordos y mortales, el desgarramiento de carnes y la
muerte no daba respiro ni descanso".
"Chocaban las vanguardias
y se entrelazaban los hombres en lucha cuerpo a cuerpo.
Rodaban, se caían, volvían a rodar bañados
en sangre y por último quedaban inertes. Los
que avanzaban, pisoteaban los cuerpos sin vida. Todo
era horror, muerte, sangre y exterminio. Y por doquier
se escuchaban los ayes de los heridos, arrastrados
por la arena en busca de un lugar de refugio, por
las madres, hijas, esposas, que los habían
seguido para proveerles de alimento y restañar
sus heridas".
"El Shiry Cacha, por su
imposibilidad física no estaba al frente de
su ejército, pero había enviado la esmeralda
que simbolizaba poder y patria para que el estandarte
de oro reflejare sus destellos, infundiendo valor
a los combatientes, quienes le habían situado
en lugar alto y visible, resguardado por una escolta
de gente escogida".
"El Inca se encontraba
observando el desarrollo de la lucha y animaba a sus
fuerzas con su ejemplo, y tras largas horas de exterminio,
cuando ya el sol descendía al ocaso, la batalla
aún seguía indecisa. Entonces los Orejones
comenzaron a retroceder ante el ímpetu de los
guerreros Shirys y en el momento en que la victoria
sonreía a éstos, surgió la traición
convenida y el ala izquierda huyó en desbandada
y dio lugar para que los Orejones realizaran un movimiento
envolvente formando una serie de tenazas. Ante esa
grave situación, el ejército Shiry retrocedió
presa del pánico y el enemigo atacó
con mayores bríos".
"Calicuchima se multiplicaba
para evitar que se produjera el desastre pero todo
fue inútil y con algunos centenares de combatientes
leales retrocedió frenando siempre el embate
enemigo, hasta formar guerrillas que hostigaban por
diferentes partes"
"Huayna Cápac pudo
entrar en Liribamba, la antigua capital Puruhá,
donde admiró la ciudad de los Duchicelas y
observó su gobierno, templos, palacios, tambos
y depósitos de elementos bélicos, sus
hermosos jardines en las márgenes del río
Guacona; sus mujeres, su clima suave y acogedor y
desposó a Quispi Duchicela, hija del Gobernador
de Licto. De allí en adelante siguió
victorioso hasta Anguato y confirmó que aún
necesitaba vencer otra resistencia, la de Pillahuaso,
Gobernador de Píllaro, que le esperaba impasible".
"Por eso los combates
siguieron sucediéndose por varios meses hasta
que pillahuaso cayó prisionero y el Inca, buscando
su confianza, desposó a su hija Nari Ati y
le incluyó entre sus más destacados
consejeros".
"De allí siguió
a Tacunga donde peleó con los Panzaleos, Poalos,
Toacasos y más cacicazgos y tuvo que despachar
al General Auqui Toma, que en movimiento envolvente
hacia el norte llegó a ponerlos en fuga. El
Inca, en cambio, arribó a Lli y enfrentó
a la curaca Quillango , la derrotó y tomó
prisionera, pero viendo que tenía buena presencia,
la solicitó a ella, que aceptó y le
entretuvo con algunos achaques nacidos de su voluntad.
El Inca muy gentilmente le dio libertad y ella regresó
a su palacio, donde hizo cavar un hoyo profundo en
su recámara y le mandó a llamar, pero
el Inca tuvo noticia de esa felonía y al llegar
a la dicha recámara, tomó al lado de
la puerta y la empujó, haciéndola caer
en el pozo, que fue sepultura de su cuerpo y de algunas
de sus criadas, porque dieron voces y gritos".
"Después siguió
hasta las fortalezas de Cochasquí y Guacchalá,
baluartes de los Caranquis y luego de tomarlas por
la fuerza ordenó la persecución de los
derrotados, que fueron a dar a Atuntaqui, reducto
de los Otavalos, capitaneados por los Generales Nasacota
Puento, Pintac y Quivi".
"Huayna Cápac y
Auquitoma pusieron sitio a Atuntaqui y una madrugada
creyeron tomarla por sorpresa pero las legiones del
Shiry estaban prevenidas y ofrecieron tan ruda resistencia
que una ala incásica flaqueó y se desbandó.
Auqui Toma quizo contener a sus despavoridos soldados
mientras en el otro extremo el General Guanca Auqui
resistía el empuje de los Quilcas, que trataban
de poner en fuga a los Orejones; mientras en el centro
Huayna Cápac con los avancuscos y orencuscos
batallaba contra Nasacota Puento y Píntac.
Todo era un solo griterío y los soldados mordían
la tierra en su caída y se levantaban con mayor
furor. Por doquier se volvían a escuchar los
ayes y lamentos de los heridos y agonizantes y la
situación se empezó a poner angustiosa
para los Incas.
Pintac cargó con furor y violencia y logró
cercar a Huayna Cápac, que cayó herido
y fue salvado por cuatro bravos capitanes que ofrendaron
sus vidas, sacándole del cerco mortal que le
rodeaba. La tropa ya le creía muerto y en el
campo Shiry se escuchaban gritos de frenética
alegría".
"Después de tan
dura experiencia Huayna Cápac pudo retirarse
a Tomebamba con sus diezmadas tropas, mientras el
Shiry Cacha construía dos fortalezas más,
una en Resillo y otra cerca del río Chota;
pero el Inca obstinadamente regresó casi enseguida
y aunque propuso la paz, fue rechazado. Un nuevo ataque,
que duró diez días, reinició
las operaciones. El Shiry en persona intervino en
la lucha estimulando con su presencia a su gente desde
su litera de enfermo y en lo más recio del
combate Auqui Toma realizó un movimiento envolvente
y colocó a sus hombres al pie de los terraplenes
de la fortaleza, instantes en que fue aplastado por
una gran roca que le echaron de arriba y como la batalla
se paralizó por la sorpresa de su muerte, un
Orejón lanzó su arma a distancia y logró
atravesar a Cacha por el costado, matándole
de contado". El Padre Juan de Velasco dice que
con su muerte decayó el ánimo y el valor
de los suyos y que el héroe legendario murió
con las armas en la mano, defendiendo la libertad
de su Patria.
Enseguida el ejército
Shiry depuso toda acción en el mismo campo
de batalla y ante los despojos de su soberano, en
franco reto al invasor, proclamó a su hija
Paccha.
El gesto hizo ver a Huayna
Cápac lo inútil de toda lucha y promulgó
un perdón general a los vencidos, asistiendo
a los funerales con sus Generales, donde conoció
a la nueva reina y la tomó por esposa, uniendo
ambos pueblos".
De allí en adelante
y vuelta la paz a estas comarcas, regresó a
Tomebamba donde estuvo descansando algún tiempo,
luego siguió al Cusco, donde nació Atahualpa;
el resto del tiempo de su reinado lo dedicó
a la paz, visitando los diferentes pueblos de su imperio
para integrarlo en una sola nación.
Hacia 1523 y mientras se hallaba
en Tomebamba, supo que unos hombres barbudos habían
llegado a las costas del norte, que manejaban el trueno
y el rayo y buscaban oro. Para patentizar más
esta noticia le llevaron dibujos de los dichos hombres
y sus embarcaciones y entonces el supersticioso Inca
creyó que se trataba de los anunciados Viracochas
y desde ese momento se abatió su espíritu
y cayó en una profunda melancolía, creyendo
que se cumpliría la profecía que anunciaba
el final del imperio.
Sus médicos le pidieron
que cambiara de clima y en el trayecto a Quito, al
pasar por Liribamba se encontró con Paccha,
pues la noticia de su mal estado había corrido
por el imperio y desde el Cusco estaban en camino
diferentes miembros de su familia. Entonces, inesperadamente,
fue atacado de un rarísimo mal hasta entonces
desconocido y que hoy se sabe que fue la viruela traída
a América por los españoles, de suerte
que ni los brujos ni curanderos del incario pudieron
conocerla y tratarla.
Llevado de urgencia a Tomebamba,
hizo testamento y dejó de Incaprantin en Quito
a Atahualpa, el gobierno del Imperio a su hijo mayor
Huáscar y murió (1), siendo enterrado
su cuerpo en el Cusco y su corazón en Tomebamba.
Fue un gran Inca, no solamente
por sus dotes de guerrero sino también por
su alta capacidad política que le permitió
ejecutar la unión del Incario con los pueblos
del norte; sin embargo, a su muerte, tantos trabajos
se desmoronaron pronto y surgió la guerra entre
pueblos que habiendo sido tan diferentes, tenían
una débil estructura.
(1) Dejó más
de doscientos hijos según referencia del Cronista
López de Gómara. En su segunda hermana
Rava Ocllo tuvo a su heredero Inticusi Hualpa, conocido
en español como Huáscar. En su prima
Mama Runtu, a quien hizo su tercera esposa, tuvo a
Manco Cápac. En una simple concubina del Cusco
tuvo a Paullu Inca y en otra de Quito llamada Quispi
Duchicela, prima de Pucha, tuvo a Huayna Palcón
y a Cory Duchicela. En la citada Princesa Paccha tuvo
a Atahualpa y a Illiscacha, también conocido
por los cronistas como Illescas. En Nari Ati, hija
del Ati o Cacique de Píllaro Pillahuaso, tuvo
a Pillahuaso II, también llamado Rumiñahui
o Cara de Piedra, por un berrueco que le afeaba la
niña de un ojo; y así por el estilo,
se podrían seguir mencionando a sus numerosos
descendientes. Cuando en Junio de 1537 Manco Inca
se retiró a la región de Vilcabamba,
llevó la momia de Huayna Cápac con la
de los demás Incas a Vitcos, donde cayó
en manos del Mariscal Orgóñez y fue
la momia de Huayna Cápac devuelta a la ciudad
del Cusco. Después fue entregado a Paullu Inca,
quien la enterró en lugar secreto. En 1559
el Licenciado Polo de Ondegardo la halló escondida
en una casa del Cusco y luego de un paseo fúnebre
por la ciudad, la envió a Lima con las demás
momias de los Incas y fueron enterradas en lugar que
no se ha llegado a conocer jamás.