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CAROLINA FEBRES-CORDERO DE AREVALO
POETISA.- Nació en Guayaquil en 1864 en el hogar de Joaquín de Febres-Cordero y Montoya, pequeño propietario de una heredad en el valle de San Francisco de Baba y comerciante en el puerto principal, y de Carolina Franco.

De pocos años fue llevada a Loja donde vivió una larga temporada como se desprende de su poesía "El Adiós" (al ausentarse de la ciudad de esa) donde falleció su amiga predilecta, Gertrudis // Y después de ese adiós, Gertrudis mía, / candorosa paloma, el vuelo alzaste; / en instante fugaz, sin agonía, / este mísero mundo abandonaste. // Ahogándome el torrente de mis penas / brotar no puedo llanto de mis ojos / cuando cubrí con blancas azucenas / y con velo virgíneo tus despojos.//

Nada más se conoce de sus primeros años que debieron transcurrir plácidamente entre la ciudad y el campo donde cultivaría su estro poético a la sombra de las arboledas frondosas o en las vegas de los caudalosos ríos; pues, de solo diecinueve años, en 1883, recitó una poesía a Guayaquil con motivo de los actos programados para conmemorar el natalicio del poeta Olmedo, en el teatro de su nombre.

Así iniciada, con tan buenos augurios en el mundo de las letras, debió frecuentar las tertulias literarias de otras poetisas románticas, tan connotadas como prudentes, por pertenecer a la escuela mariana que juzgaba necesario que la mujer ciñera sus actuaciones al reducido campo del hogar, aunque bien podían cultivar las bellas letras, sólo por excepción.

Tuvo buenas y grandes amigas con quienes se escribía y dedicaba poesías. Gozó de la amistad de Dolores Sucre, Carmen Pérez de Rodríguez-Coello y Mercedes González de Moscoso, mayores en edad que ella. Dedicó sus versos a otras, como Zoila Adela R. de Lemos, Mercedes M. Niemes V. Dolores Carbo de Santistevan.

En 1892 la Academia de la Lengua publicó una de sus poesías en la Antología Ecuatoriana que editó en Quito. Ese año contrajo matrimonio con el Dr. Emilio Arévalo, notable abogado cuencano, miembro prominente del partido Radical y Senador por la provincia de Esmeraldas, con quien mantuvo una unión muy feliz en comunión de anhelos e ideales.

En Febrero del 93 nació su hijo Carlos Helí, el 96 María Eloísa, fallecida el 4 de Junio de 1899 a causa de una fiebre intestinal. Al año siguiente, al conmemorarse el aniversario de su deceso, escribió "A mi adorada hijita María Eloísa Arévalo// ¿Qué haré. Dios mío sin ella / ¿Qué puedo esperar aquí? / eclipsóse ya mi estrella / perdiendo mi niña bella / toda mi gloria perdí... //

El 4 de Noviembre de 1903 día del natalicio de su madre, envióle una imagen de la Virgen Dolorosa con un sentido poema. El 4 su esposo inició una serie de publicaciones por la prensa contra Lizardo García, acusándole de ineptitud o traición en el manejo de la Deuda Inglesa y durante su corta presidencia se mantuvo en la oposición.

En Enero de 1906 se sumó en Guayaquil a la revolución alfarista. El día 19 tuvo en sus manos todos los poderes como Jefe Civil y Militar de la provincia del Guayas. Ese año fue designado Ministro plenipotenciario en el Brasil y viajó con Carolina y el niño a Río de Janeiro.

Ella hizo amistad con la hija del Canciller, Hortensia do Río Branco, a quien dedicó el 1o. de Enero de 1907 el verso "Los Ideales", del mas puro corte romántico, una de cuyas estrofas dice así: // Flor de divina excelencia / Con sus cambiantes de aurora / simboliza la inocencia / y la fe se llama Hortensia / esa flor encantadora. //

De esa época son sus colaboraciones para la revista femenil, mensual, de literatura y variedades "La Ondina del Guayas".

En Enero del 10 su amigo el poeta Juan Eusebio Molestina le envió desde Guayaquil una Postal dedicada // De los pensiles del cielo / excelsas flores cogiera / y una guirnalda tejiera / para coronar su sien; // Y así, poetisa quisiera /verte en la postal grabada / como una hada coronada / con las flores del Edén //.

A fines de año retornó al país con los suyos. Su esposo reabrió su estudio profesional y habitaron los altos de una casa propia ubicada en Colón No. 611 y Boyacá. Su hijo prosiguió los estudios secundarios y todo parecía grato al espíritu, pero ocurrió el fallecimiento repentino del presidente Emilio Estrada, surgieron nuevamente avivadas las pasiones y tornó la Guerra Civil, que terminó con la ocupación del puerto principal por parte de las fuerzas Constitucionalistas de los Generales Leonidas Plaza y Julio Andrade. Luego vino el asesinato del General Pedro J. Montero, el arrastre de los Alfaro y la escisión definitiva del partido Liberal Radical ecuatoriano.

En 1912 su esposo fue preso y confinado por causas políticas y a raíz de la revolución de Concha tuvo que salir exiliado a Lima, Carolina empezó a carecer de medios y tomó a cargo el manejo de la pequeña hacienda "Transvaal" en Naranjal, con huertas y potreros, y con el pequeño producto de las ventas del cacao y del ganado subsistió con su hijo Carlos Helí, que en Abril del 14 se graduó de Bachiller en el Vicente Rocafuerte.

Para ayudar económicamente a su esposo hacía milagros y hasta tuvo que solicitar un préstamo de trescientos sucres al dos por ciento de interés mensual. Vivía en su modesta propiedad cuyos bajos arrendaban, para colmo, uno de sus inquilinos, Ruiz de Banegas, se le fue debiendo ciento veinticinco sucres.

Tantos esfuerzos sin embargo parece que eran insuficientes. El Dr. Arévalo viajó a Panamá, quizá para estar más cerca de los acontecimientos de Esmeraldas. A veces la correspondencia se extraviaba con giros en su interior, en otras eran las autoridades placistas las que interceptaban las cartas. En fin, fue una época de graves tropiezos para la familia, pero todo se sobrellevaba con estoicismo y fe en un porvenir mejor.

El invierno del 14 fue atroz en lluvias y casi paralizó el transito por los caminos. Carlos Helí tuvo intención de ingresar a la Facultad de Medicina pues le atraía más que Jurisprudencia, pero al final se decidió por esa última para no disgustar a su padre. Error que gravitaría negativamente en su vida futura, impidiéndole un exitoso desempeño profesional.

El resto del año fue por demás crítico debido a los principales acontecimientos de la revolución de Esmeraldas y a varios levantamientos armados en 1barra y Quevedo con resultados inciertos para las fuerzas gobiernistas. A fines del 14 le pareció que se podría realizar un negocio de tabaco y tanteó la exportación de sombreros de paja toquilla a Panamá, así como la hipoteca de la casa, que por estar construida sobre un solar de propiedad municipal, no pudo pignorarse.

A principios del 15 intentó arrendar la hacienda y vender un sector llamado Cañayacu, así como unas acciones del sitio Daular que sin embargo, a pesar que fueron buscadas varias veces en la biblioteca, no pudieron ser halladas.

En Marzo arrendó la hacienda a Ponciano Hermoso en doscientos cincuenta quintales de cacao de primera puestos en Guayaquil por cada año, pero el tal Hermoso no cumplió con presentar un fiador y a las pocas semanas se rescindió el contrato de mutuo acuerdo; sin embargo Hermoso había aprovechado su estada en la hacienda para robarse gran cantidad de cacao, por lo que tuvo que seguirle juicio.

En Junio la situación económica siguió complicándose cuando intempestivamente conoció que el día 15 había fallecido su esposo en Panamá, El dolor fue muy grande no sólo por lo intempestivo de la noticia sino también por la lejanía del acontecimiento. Su amiga Dolores Carbo de Santistevan le dedicó una sentida aunque defectuosa composición poética y de Quito recibió el pésame de su amiga la poetisa Mercedes González de Moscoso a quien tanto admiraba, pues eran dos corazones unidos por un ideal común.

Entonces su pluma alzó el vuelo y escribió "A la muerte de mi querido esposo" //: ¡Oh Dios! ¿Y fueron mis clamores vanos? / en la ausencia del dueño que me diste, / hacia ti alzaba sin cesar mis manos, / pidiéndote piedad, y no me oístes.// Tres años de tormento inenarrable, / y tras ese tormento, horrible día, / que trayéndome duelo perdurable, / convirtió mi existencia en agonía. // que publicó en Guayaquil y salió reproducida en la Pan American Review de New Orleans.

De allí adelante se dedicó por enteró a su hijo y a guardar el recuerdo de su amado, pero en 1917 dedicó una loa a su amiga Dolores Sucre en su solemne apoteosis.

En 1923 saludó al Rev. Pad. Pedro Pablo Carbo con motivo de sus Bodas de Diamante sacerdotales. El 25 intervino activamente en la formación de un Comité Cívico con elobjeto de aunar fondos para la construcción de un Mausoleo a su amiga Mercedes González de Moscoso y en Octubre comenzó a colaborar en la revista "Páginas Selectas".

En 1926 criticó acremente la labor de los militares de la revolución Juliana y se excusó de escribir de política para el semanario "El Litoral".

También se especializó en escribir fábulas y no lo hacía del todo mal, lástima grande que no llegó a recogerlas en un volumen como hubiera sido de desear. Entre las principales anotaremos: "El mastín y los tordos", "Las abejas, el chinchorro y el picaflor", "La azucena y el girasol".

Otras poesías suyas se relacionan con temas variados. Al ambiente circense dedicó dos: una al “Payaso" y otra a la "Equilibrista", del primero no se burla, no, pero de la segunda dice que no debería exhibir su cuerpo en equilibrios y volteretes contrarios a su sexo, demostrando con ello sus creencias decimonónicas sobre el papel de la mujer en sociedad.

El 27 escribió la tragicomedia en cuatro actos y en prosa "La procesión de las ánimas" en 128 paginas con personajes tomados del diario vivir. Igualmente fue autora de un cuento en verso "La Princesa Canillona" con la cómica historia de la hija de un rey indú que nació con las piernas extremadamente largas y para corregir ese defecto en su descendencia, fue casada con un bello enano, dando como resultado un fenómeno. Cuento que debió escribir como simple chanza o quizá para alegrar a algún niñito pariente o del vecindario.

Era su inquilina en los bajos Dolores Carbo de Santistevan, la popular Mama Lola, que vivía con sus cuatro hijos, separada amistosamente de su esposo Honorario, por mujeriego. Carolina y Dolores tenían una excelente relación de amistad e intercambiaban poemas como era usual por entonces. Dolores tenía costumbres montubias por haber sido criada por su padre el Coronel Rosendo Carbo Plaza en su Hacienda de Colimes pero era una gran dama y de sentimientos muy nobles y generosos. Ella celebraba sus santos en grande con baile y nutrida concurrencia de la alta sociedad.

Toda su vida dedicó poemas a sus amigas dando rienda suelta a su generosos sentimientos y a su gran caudal humano. El 28 sin embargo cambió de tema y cantó a Bolívar y a Abdón Calderón, así como al poder de la prensa. El 34 escribió "A los Iconoclastas" y "¿Por qué?" especie de confesión con la divinidad o momento de lírica debilidad // Tú lo sabes, Señor, fue mi existencia / toda de abnegación y sacrificio; /amando la virtud, odiando el vicio / caminé rectamente en tu presencia. // Sé que no es la de un ángel mi inocencia, / sé que no soy perfecta ante tu juicio; / mas, de delito o crimen ni un indicio /halla en mi alma mi rígida conciencia..//

Fue una poetisa de interioridades y afectos, cultivó las rosas de la amistad, sufrió en la crisis del liberalismo tradicional y luego fue plácidamente languideciendo al lado de su hijo hasta que le sobrevino la muerte. Los últimos años, como bien los ha calificado la crítica, fueron el testimonio vivo y dramático de una mujer sonámbula, para quien las puertas de la esperanza se fueron cerrando una a una con la pérdida de sus seres queridos (su hija y esposo) y la desesperanza de alcanzar una redención social dentro de un orden más justo y compartido, que liberara a las conciencias y permitiera un nivel aceptable con la condición humana. Murió en Guayaquil, en su casa, el lunes 30 de Marzo de 1936 de 72 años de edad y fue enterrada al día siguiente a las cinco de la tarde, con solemne acompañamiento.

Su hijo Carlos Helí fue un rebelde frente a las injusticias sociales; militó activamente en pro de la causa de los trabajadores y dejó sus bienes al movimiento sindical. El Lic. Elías Muñoz Vicuña editó en 1982 dentro de la colección Mujeres del Ecuador el epistolario de Carolina Febres-Cordero de Arévalo de 1914 al 15, época trágica para ella, que coincidió con el destierro de su esposo primero en Lima y luego en Panamá. El libro contiene además, un poema y dos cartas en 178 páginas, Posteriormente el 86 y en la misma colección dio a la luz los Dramas y poemas, casi todos inéditos, de su autoría, en 290 páginas, con un valioso prólogo del investigador Lic. Alejandro Guerra Cáceres.