JOAQUIN HERNANDEZ
ALVARADO
ESCRITOR.- Nació
en San Salvador, capital de la República centroamericana
de El Salvador el 15 de Julio de 1948, Hijo legítimo
de Joaquín Hernández Valdés,
funcionario de gobierno, y de Rosa Alvarado Angulo,
hija de hacendados; naturales de San Agustín
y de San Pedro Nonalco, respectivamente, en el departamento
de Usulután, El Salvador.
Como hijo único de padres
de mediana economía recibió una buena
educación en el colegio externado de San José
de los jesuitas desde el 53 hasta el 65. "Di
el discurso de mi promoción, obtuve el premio
de Literatura de la Embajada de España, hablaba
inglés y francés".
Su padre quería hacerlo
abogado pero él, de pronto, le entró
la vocación de hacerse jesuita y recibió
el apoyo materno para lograr aquello. Era un joven
sano a quien le agradaba la historia y sentía
una cierta actitud intelectual hacia la vida. Veía
películas de Fellini y gustaba buscar y encontrar
el sentido absoluto de las cosas. Finalmente en Abril
del 66 ingresó al noviciado jesuita de Santa
Tecla pues comprendía que ser jesuita era para
él la respuesta de todas sus inquietudes.
Concluido los dos primeros
años de estudio hizo los votos y debió
escoger un sitio para ampliar sus conocimientos generales
de cultura. Siempre había sido costumbre enviar
a los novicios a Quito pero después del encuentro
de Medellin todo eso cambió; sin embargo se
impuso la costumbre y fue matriculado en Cotocollao,
luego pasó al Instituto de Humanidades Clásicas
de la Facultad de Filosofía de San Gregorio
de la Universidad Católica de Quito, que se
convirtió entonces en el centro de formación
filosófica de los jesuitas de Centroamérica,
Antillas, Bolivia y Venezuela y cursó un año
de Humanidades Clásicas por entre los vericuetos
de las nuevas tendencias que confluían hacia
la formación de una Iglesia libre, dinámica
y más preocupada del hombre que de la divinidad.
Gustavo Gutiérrez, Asesor a nivel teológico
del Arzobispo Helder Cámara, del Brasil, aseguraba
que el mensaje evangélico era una denuncia
permanente contra la injusticia social y el punto
de partida para la nueva Iglesia de la Liberación,
tendencia que pronto empezó a ganar terreno
en el tercer mundo. Hernández - que había
soportado por muchos años la violencia y la
miseria salvadoreña — adoptó la
nueva línea y puesto en conflicto con la política
tradicional de la Compañía de Jesús,
se vio precisado a salir de ella y pasar a la Universidad
Católica de Quito en 1970, donde dictó
clases en la Facultad de Derecho como simple profesor.
Allí estuvo dos años
amoldándose al sistema que le tocaba vivir,
tiempo en el cual conoció a su alumna María
Augusta Herrera Heredia, con quien contrajo matrimonio,
habiendo procreado tres hijas.
Sus clases eran de Introducción
a la Filosofía, se especializó en Filosofía
contemporánea por influencia de Julio C. Terán
Dutari, S. J. leyó la obra "Ser y Tiempo"
de Martín Heidegger y comenzó a entender
su vida pues ese libro le marcó un nivel filosófico.
El 72 principió a trabajar
como secretario de Hernán Malo González,
S. J. con S/. 4.000 mensuales, en la Universidad Católica
de Quito, llevándole la correspondencia. "Poco
después me ofreció la oportunidad de
viajar a Guayaquil como Profesor de la Universidad
Católica del puerto principal para los Cursos
1o. y 2o. de Filosofía y al mismo tiempo para
gerenciar las ventas de la Compañía
"Automotores y Anexos", y le acepté”.
Entonces comenzó para
él nuevos panoramas y otros años de
grandes cambios —la era petrolera del 72 al
82— que vivió a plenitud en un Guayaquil
que se transformó en base a una falsa industria
y del remedo de un desarrollo estipendios, mientras
las clases marginadas seguían ocupando su ínfimo
sitial.
Al mismo tiempo combinaba sus
actividades mercantiles con el ejercicio de la cátedra
de Antropología Filosófica en la Escuela
de Sicología Clínica, de la Universidad
Católica de Guayaquil, que mantuvo hasta el
82 en el segundo curso; y cuando cambió el
Pensum para dar paso a especializaciones y modernizar
los conocimientos, fiel a su política de abandonar
las generalidades para hacer más importante
el caso Ecuador, asumió otras inquietudes y
luchó porque la Universidad Católica
pasara a ser un centro propagador de una conciencia
crítica, dictando a los futuros Psicólogos
Clínicos nuevas materias tales como Filosofía
en dos niveles, para el segundo y tercer cursos, y
Filosofía de la Ciencia y Epistemología.
El 75 Abelardo García
le llevó a escribir a "Expreso" donde
mantuvo una columna hasta el 84, al igual que en la
revista "Impacto" de Alejandro Román.
Fruto de ellas fue el libro aparecido el 82 con la
recopilación de varios de sus artículos,
bajo el título de "Ejercicios de la sospecha"
en 165 páginas.
El 84 y a consecuencia de una
severa reflexión sobre el verdadero significado
de escribir para periódicos, dejó de
hacerlo, pues consideró entonces que en el
país los investigadores a niveles serios y
los creadores sólo se limitaban a publicar
libros o permanecen en el campo teórico, mientras
que un gran número de vulgarizadores publicitan
resúmenes descoloridos a través de la
prensa para consumo del gran público (1).
(1) El ejercicio del periodismo
en el Ecuador está limitado por varias razones;
1) Porque las empresas capitalistas no siempre dicen
toda la verdad y a veces ni siquiera parte de ella.
2) Porque el intelectual verdadero no esta incorporado
a la cultura ecuatoriana. Es un ente periférico
que no puede vivir de su trabajo intelectual y se
ven precisado a subsistir de alguna otra profesión
u oficio, dedicándole a lo suyo cierta horas
libres. Por eso no tiene un espacio propio, es postergado,
menospreciado, sufre, se desespera, etc.
Mas, el 88, Juan Fernando Salazar
le convenció de que colaborara para "El
Comercio", y así lo ha venido haciendo
con temas Filosóficos, Problemas Culturales
y Literarios Latinoamericanos y Asuntos de Política
Internacional, de preferencia relacionados con la
crisis en que vive sumergida su patria El Salvador.
Actualmente también
escribe artículos largos para revistas especializadas
como "Nariz del Diablo" que edita en Quito
"El Centro de Investigaciones y Estudios Socio-Económicos
CIESE" y dirige Julio Echeverría.
Tiene en preparación
una autobiografía que provisionalmente ha titulado
"Bajo el signo de Cáncer", de la
que conozco su primer capitulo, texto de sumo interés
por los problemas que plantea. Igualmente está
terminando su tesis doctoral que trata sobre "La
idea de Filosofía en Augusto Salazar Bondy"
iniciada en 1975. (2)
Entre sus mayores aspiraciones
intelectuales desea: 1) La integración de la
Filosofía y las Ciencias Sociales en el Ecuador,
porque considera que la Filosofía solo se constituye
en un saber riguroso y formal a través de saberes
determinados, no está llamada a aportar soluciones
pragmáticas ni contenidos o sabiduría;
es pues, un grado de formalización del saber
que surge en un momento dado en cada sociedad. Y siendo
una ciencia abstracta y elaboradora de niveles de
inteligibilidad, el saber filosófico no es
un saber de autodidactas aislados y tiene forzosamente
que referirse hacia discursos constituidos que expliquen
una realidad y que impliquen un grado de desarrollo
intelectual. Por eso es una integración de
saberes que responden a un problema de la sociedad,
de lo contrario se volvería un saber ilusorio;
y 2) Un nivel de formulación de la Cultura
Latinoamericana en su aplicación para el Salvador
y para el Ecuador, sus Patrias. Esta aspiración
surge en él porque en la actualidad existe
una dispersión de interpretaciones de la cultura
que no había antes. Por los años 50
cada país pensaba que tenía una identidad
propia aunque el ejemplo del Ecuador es más
tardío. Con el desarrollo creciente del materialismo
se rompieron las identidades nacionales y comenzó
una crisis de saberes girando en tomo al marxismo
como factor aglutinante de buena parte de la inteligencia
ecuatoriana, ya que la derecha ha sido mas clasificatoria
o taxonómica y por ende menos creadora y productiva
y no tiene mucho que ofrecer; sin embargo, de ello,
se ha venido aprovechando de los medios de comunicación
social, que sólo ofrecen soluciones neutras
y no críticas.
(2) Augusto Salazar Bondy nació
en Lima en 1925 y falleció de 50 años
en 1975. Estudió Filosofía en la Facultad
de Letras de la Universidad de San Marcos de Lima.
Hizo estudios de especialización en el Colegio
de México y en las Universidades de París
y Munich. De regreso a Lima ejerció la cátedra
en la década de los años 60, cultivando
al comienzo la Fenomenología y especializándose
en Axiología y Etica. Con Manuel Mejía
Valera investigó en el campo de las ideas cuando
ya había publicado "La Filosofía
en el Perú" en 1954, "Irrealidad
e Idealidad" y "La epistemología
de Gastón Bachelard" el 58. El 63 integró
el movimiento Social Progresista que impulsó
la candidatura presidencial de Alberto Ruiz Eldredge.
El 65 dio a la luz pública su libro fundamental
"Historia de las ideas en el Perú contemporáneo"
en dos gruesos volúmenes, obra que ha sido
calificada con los más altos conceptos por
la crítica internacional, que la ha presentado
como libro modelo en su género para Latinoamérica
. Salazar Bondy utilizó gran parte de los materiales
enumerados por Mejía Valera en sus "Fuentes
para la Historia de las Ideas filosóficas en
el Perú y presenta el cuadro de lo que llama
"Ideas Filosóficas" del Perú
en esos días, combinando los elementos filosóficos
con los políticos para suscitar sentimientos
y juicios, lo que en cierta forma le quita validez
científica plena, aunque en ello solo siguió
el ejemplo unilateral de Marcelino Menéndez
y Pelayo en su "Historia de los Heterodoxos españoles".
Por eso su obra siempre fue a mitad de la Filosofía
pura y de la Literatura nacional para relievar las
raíces ideológicas de la vida y espíritu
del Perú. Con Haya de la Torre, Moriátegui,
de la Riva-Aguero, Mejía Valera, Luis F. Larco
y Luis Alberto Sánchez conforman la primera
línea de pensadores del Perú en el siglo
XX. Siempre quizo ser un filósofo puro pero
la dura realidad socio-política de su Patria
se lo impidió. Entre el 68 y el 75 colaboró
con la dictadura de Velasco Alvarado y dirigió
la reforma de la enseñanza peruana en el Ministerio
de Educación. Su inesperada muerte le impidió
terminar esa obra. Junto a su hermano Sebastián,
cuya biografía puede varse en el Tomo V. de
este Diccionario, constituye un raro ejemplo de genialidad
familiar, de difícil repetición en el
futuro. Su magna obra y su ejemplo de Filósofo
puro al servicio de las realidades de sus Patria,
es digno de admiración.
De estatura más bien
elevada, tez trigueña, rostro amplio y simpático.
Como profesor es moderado en todo y cuidadoso al hablar.
Siempre lo hace con propiedad, pensando y actuando
con cierto señorío innato en él.
Como escritor es una de las mentalidades más
lúcidas en el país y sus artículos
crean opinión.
Comprometido con el futuro
y el progreso en íntima relación con
"el interior del hombre y el exterior del universo"
de los pocos periodistas que ejercen el extraño
oficio de la sospecha conciente en rechazo del stablishment.