GABRIELA MISTRAL
MAESTRA Y POETISA.-
Nació en Vicuña, pequeño pueblecito
situado en el valle del río Elqui en la provincia
de Tilde, en el desierto verde del norte de Chile,
el 7 de Abril de 1889 y fue bautizada ese mismo día
con los nombres de Lucila de María. Hija de
Jerónimo Godoy Villanueva, quien había
huido de su hogar para evitar que su madre lo hiciera
sacerdote y de Petronila Alcayaga, quince años
mayor que él.
Su padre era un pobre profesor
primario que hacia hermosos poemas // Oh dulce Lucila
que en días amargos / piadosos los cielos te
hicieron nacer / Quizás te prepare para ti
hija mía/ el bien que a tus padres no quiso
ceder // Cuando al cielo eleves, tus ojos celestes.
/ ¿Quién te llama? para allá
tornar /Con quién te sonríes, preciosa
inocente / cuando alzas los ojos alegres allá.
// pero dos años después las abandonó
para establecer un nuevo hogar en Atacama, la niña
creció desprovista de lo más elemental
y necesario y aprendió a leer de solo seis
años. Su abuela paterna la llevaba a su casa
por las tardes para que le leyera la Biblia y de preferencia
los Salmos de David y su madre la cuidaba con amor.
Tuvo por primera maestra a
una ciega dueña de una escuela privada, pero
un buen día la expulsó por creer que
había hurtado unos materiales escolares. Su
hermana mayor con quince años, Emelina Molina,
también era maestra, la tomó a cargo,
le enseñó las cuatro reglas y lo demás.
Ya Lucila borroneaba versos pero se los quitaban para
que no se pareciera a su padre, mas su vocación
era tan fuerte que sus primeros artículos comenzaron
a aparecer en el periódico lugareño
"La Voz de Elqui" y luego en la prensa de
La Serena cuando solo tenía catorce años
en 1903; y como no le permitieron ingresar en la Escuela
Normal por "sus ideas paganas" según
opinó un burdo profesor, empezó como
maestra auxiliar de la escuelita de la Compañía.
De allí pasó
a la de Canteras y a la de Barrancas, en la primera
de las cuales conoció a Romelio Ureta, empleado
del ferrocarril. que con su risa pronta y varonil
estampa, cautivaba a las mujeres. "Ella era una
chica espigada, esbelta, de graciosas facciones, melancólica
e introvertida y él un joven desenvuelto y
es muy posible que se haya tratado de un platónico
amor de una sola vía, iniciado en ella e ignorado
por él, que terminó por suicidarse en
Coquimbo el 25 de Noviembre de 1909, “por causas
que no han sido bien descubiertas".
Entonces Lucila escribió
los "Sonetos de la Muerte", poesía
manchada de transpiración humana, ceñida
de llantos y otras marcas animales, que presentó
bajo el seudónimo de "Gabriela Mistral"
a los Juegos Florales de Santiago de Chile en 1914,
organizados por la Sociedad de Escritores y Artistas,
que fueron premiados y sirvieron para consagrarla.
Antigua maestra rural, totalmente
ignorada, Lucila Godoy enseñaba por entonces
Gramática Castellana e Historia de la Edad
Media en el Liceo de los Andes y según se dijo
no se presentó en el teatro de Santiago a leer
sus estrofas porque no tenía cómo hacerlo
en forma digna y se rumoró entonces que habría
presenciado su triunfo desde las galerías populares.
La Flor natural recibida atrájole
las miradas y todos sintieron curiosidad por esa mujer
obscura, de personalidad fuerte y áspera. Le
escribían cartas y ella contestaba en papel
de oficio, con una letra enorme y palabras vehementes.
Las revistas estudiantiles pedíanle versos,
ella no tenía ningún inconveniente en
darlos. Leía mucho y hasta imitaba un poco
a Vargas Vila, a Rubén y a Juan Ramón
Jiménez, estudiaba sola y de boca en boca se
conoció la historia de su amor, aquel suicida
era la sombra envenada que le hacía cantar,
la obsesión que le arrancaba del pecho esos
gritos pasionales, ese ruego insistente, ese sollozo
estremecedor. Poco a poco su dolor fue ganando los
corazones y su figura tomó relieve. Decían,
es la primera poetisa chilena. Altos personajes se
interesaron por su suerte y fue considerada una gran
educadora, maestra por derecho divino y las resistencias
oficiales y extraoficiales caían delante de
su mérito indiscutible.
Había ingresado a la
educación secundaria en los Liceos de Traiguen
donde enseñó Higiene en 1911, Antofagasta
y Los Andes, hasta que el 18 pasó de directora
del nuevo Liceo de Niñas de Punta Arenas, donde
languideció varios meses y sólo pudo
salir de allí debido a la protesta del periodista
Carlos Pereira, dirigida al "El Ateneo"
de Madrid, denunciando que a la mejor poetisa de Chile
su gobierno la mantenía prácticamente
en el ostracismo y sólo entonces la trasladaron
a Santiago.
El 22 Federico de Onís,
crítico literario y profesor de la Universidad
de Columbia, tradujo los 'Sonetos de la Muerte"
al inglés y los hizo imprimir en New York con
el seudónimo usado por Lucilia, de Gabriela
Mistral, que quedó desde ese momento consagrado
a nivel internacional, como su nombre literario.
Cuando se publicó su
obra en los Estados Unidos y le llegó la invitación
de México, sucediéronse las manifestaciones
públicas con asistencia del gobierno y cuando
partió la multitud se aprestaba en la estación
para verla, centenares de niñas cantaron sus
versos, y entre aclamaciones a su nombre pasó
ella, de abrazo en abrazo, siempre vestida de saya
parda, austera la cabeza, confusa la expresión.
En 1923 salió del magisterio
y viajó invitada a México por el Ministro
de Educación de ese país, el célebre
Prof. José Vasconcelos, colaborando con él
en su reforma educativa a base de bibliotecas y escuelas
rurales. El 25 recibió del gobierno chileno
una pensión. El 29 falleció su madre
de arterioesclerosis. El 30 fue representante de Chile
ante el Instituto de Cooperación Intelectual
de la Liga de las Naciones. Al año siguiente
radicó en París y de no haber sido por
varios artículos que escribía para la
Nación de Buenos Aires. El Mercurio de Santiago
de Chile y El Tiempo de Bogotá, hubiera sucumbido.
Extendíase en tanto su fama literaria, salía
al extranjero, era admirada donde el nombre de Chile
apenas se pronunciaba y la humilde maestra daba lustre
al país.
El 31 viajó a Norte
América y enseñó Historia y Civilización
española en los Colegios de Widlebury y Barnard.
El 32 pasó de Cónsul a Napoles. El 33
dictó la cátedra de Literatura en la
Universidad de San Juan de Puerto Rico. Entre el 33
y el 35 ocupó el consulado en Madrid y entre
el 35 y 37 tuvo igual rango en Lisboa. El 38 apareció
su poemario "Tala" o Llameante", dedicado
a los niños vascos, republicanos españoles
dispersos por la guerra, cuya venta sirvió
para aliviarles en algo su hambre. "Tala"
se editó en Buenos Aires y pronto alcanzó
renombre y éxito internacional.
La escritora Adelaida Velasco
Galdós, de Guayaquil, escribió al Presidente
Aguirre Cerda de Chile, pidiéndole que solicite
a nombre de su gobierno la conseción del PremioNobel
de Literatura para Gabriela, Aguirre Cerda expuso
la publicación de sus obras y la traducción
de ellas.
Entre Agosto y Octubre vivió
en Guayaquil invitada por el gobierno del Ecuador
y en casa de su amiga Adelaida Velasco Galdós.
Recibió la Orden al Mérito que le impuso
el Gobernador del Guayas Dr. José Ramón
Boloña y la Municipalidad presidida por Asisclo
Garay la declaró Huésped de Honor en
memorable sesión solemne. Descansó en
Playas, recitó sus poemas en una velada del
teatro Olmedo y trató a nuestra intelectualidad.
Entre el 38 y el 40 estuvo
de Cónsul en Niza y a consecuencia de la II
Guerra Mundial fue cambiada a Petrópolis, donde
en 1945 le sorprendió la noticia de haber sido
agraciada por la Academia de Ciencias de Suecia con
el Premio Nobel de Literatura, galardón que
le impuso en Estocolmo el Rey Gustavo Adolfo VI.
El 46 se estableció
en Los Angeles, como siempre, en soledad, centrando
su interés en la niñez. Por eso muchos
de sus poemas fueron inspirados por niños y
hasta escribió Canciones de Cuna. El 47 visitó
oficialmente la Unión Panamericana en Washington.
El 53 el Instituto de las Españas en New York
recopiló sus versos que andaban dispersos por
diarios y revistas y los editó bajo el título
de "Desolación".
El 54 regresó a su Patria
después de 16 años de ausencia y recibió
el homenaje nacional de sus compatriotas. Luego se
embarcó hacia los Estados Unidos y al pasar
por la isla Puna recibió a una comisión
de amigos guayaquileños. Se la veía
agotada y hasta envejecida, pero nadie sospechaba
que un cáncer lento al páncreas estaba
minando su otrora robusto organismo.
En Diciembre del 56 hizo testamento
en inglés, fue internada en el Hospital de
Heampstead, Long Island, y tras varios días
de coma falleció en la madrugada del 8 de Enero
de 1957, de sólo 68 años de edad, dejando
de heredera de sus bienes y derechos de autor a su
fiel secretaria Doris S. Dana que la había
acompañado los últimos diez años
de su vida.
Poseyó estilo único
y original desde sus comienzos literarios en 1914.
Tendencioso, imprecador, recio, con profunda fe religiosa,
pero capaz de expresar ternura y suavidad sobre todo
al hablar de los niños, las madres y maestras,
y de tonos viriles y bíblicos al tratar de
los humildes y desamparados.
De su juventud bucólica
y campesina quedó otro poemario denominado
"Lagar". En "Pajita" canción
de cuna, dijo: // Y en su Dios se ha dormido, como
en cojín de luna /almohada de sus sienes, una
constelación / canta el padre para ella sus
canciones de cuna / y la paz llueve largo sobre su
corazón //.
Justino Cornejo, que la visitó
el 54 en Puna la describió así: "Vestido
sastre, medias plomas de lana, zapatos cafés
con tacón bajo. Su tocado viriloide, sus bondadosos
ojos azules, sus cejas negras que se enarcan facilmente.
Tose con frecuencia y sin embargo no deja de fumar.
Habla suave y dulcemente. Sus ademanes son delicados.
Está plateada ya su cabellera y las arrugas
han comenzado a ajar su rostro señorial. Es
más blanca que morena y hay en toda ella algo
de agotamiento y de hastío. La acompañan,
la asisten más bien, dos muchachas graciosas
y afectuosas: Doris S. Dana y Gilda Péndola,
yanqui e italiana, ambas inteligentes, preparadas
y tienen la virtud de repartirse entre Gabriela y
sus huéspedes. Ese mujerón que Guayaquil
vio hace algunos años ¡Ay! ya no existe.
Mas, hay en esta mujer algo de superior y hechizante
que no puede ser captado por ningún lente"
(1)
En esas horas en Puna la dulce
Gabriela se dio tiempo para componer el siguiente
poema que dedicó a Guayaquil y consta grabado
en la base de su busto, que se levanta cerca de la
ciudadela Universitaria, a la altura de la Avda. Kennedy:
Aquí me estoy y yo no
supe
que volvería a esta puerta
sin brazo válido, sin mano dura
y sin la voz que mi voz era.
(1) Gabriela Mistral ejerció
una notabilísima influencia junto a Juana de
Ibarbouru y Alfonsina Storni en la década de
los años 30, sobretodo en los grupos feministas
guayaquileños y en sus principales figuras
como Rosa Borja de Ycaza, fundadora de la Legión
Femenina de Educación Popular en 1932; Adelaida
Velasco Galdós, miembro corresponsal del Grupo
América de Quito en el puerto y autora en 1938
de la iniciativa para su premio Nobel; Aurora Estrada
y Ayala de Ramírez Pérez quien escribió
su Tesis doctoral "Veinte Gobelinos de Gabriela
Mistral" en 1936, etc. En los años 40
prolongó esa influencia a través de
recitadoras de fama internacional que visitaron nuestro
puerto como Bertha Singerman y de las nacionales como
Anunziata Caputti. También a través
de los Colegios femeninos su poesía se dio
a conocer a la juventud, como una prolongación
tardía del Arielismo de Rodó y de la
obra de Constancio C. Vigil autor de libros de lectura
infantiles y juveniles. Enma Esperanza Ortiz, rectora
del Rita Lecumberry y luego del Dolores Sucre de Guayaquil,
que trató a Gabriela el 38, fue quizá
su mayor difusora hasta 1966. Por otra parte la temática
Gabrielista, del niño, la mujer y la maestra,
está aún en pie con todo su ruralismo
eglógico.
POEMA DEL HIJO. A Alfonsina Storni
//¡Un hijo, un hijo,
un hijo! Yo quise un hijo tuyo /y mío, allá
en los días del éxtasis ardiente, /
en los que hasta mis huesos temblaron de tu arrullo
/ y un ancho resplandor creció sobre mi frente.
// Decía: ¡Un hijo!, como el árbol
conmovido / de primavera alarga sus yemas hacia el
cielo: / ¡un hijo con los ojos de Cristo engrandecidos,
/ la frente de estupor y los labios de anhelo! / Sus
brazos en guirnalda a mi cuello trenzados; / el río
de mi vida bajando a él, fecundo, / y mis entrañas
como perfume derramado / ungiendo con su marcha las
colinas del mundo//........
INTERROGACIONES. // ¿Cómo
quedan. Señor, durmiendo los suicidas? / Un
cuajo entre la boca, las dos sienes vaciadas, / las
lunas de los ojos albas y engrandecidas, / hacia un
ancla invisible las manos orientadas // O Tú
llegas después que los hombres se han ido /
y les bajas el párpado sobre el ojo cegado,
/ acomodas las visceras sin dolor y sin ruido / y
entrecruzas las manos sobre el pecho callado ? //
El rosal que los vivos riegan sobre su huesa / no
les pinta a sus rosas unas formas de heridas? / No
tiene acre el olor, sombría la belleza / y
las frondas menguadas de serpientes tejidas? // ...
NATURALEZA: A don Juan Contardi.
DESOLACIÓN.// La bruma espesa, eterna, para
que olvide dóde / me ha arrojado la mar en
su ola de salmuera, / la tierra a la que vine no tiene
primavera: / tiene su noche larga que cual madre me
esconde. // El viento hace a mi casa su ronda de sollozos
/ y de alarido, y quiebra, como un cristal, mi grito.
/ y en la llanura blanca, de horizonte infinito, /
miro morir inmensos ocasos dolorosos, // A quien podrá
llamar la que hasta aquí ha venido, / si más
lejos que ella sólo fueron los muertos? / ¡Tan
sólo ellos contemplan un mar callado y yerto
/ crecer entre sus brazos y los brazos queridos! //
Los barcos cuyas velas blanquean en el puerto/ vienen
de tierras donde no están los que son míos;
/ sus hombres de ojos claros no conocen mis ríos
/ y traen frutos pálidos, sin la luz de mis
huertos. // Y la interrogación que sube a mi
garganta / al mirarlos pasar, me desciende, vencida:
/ hablan extrañas lenguas y no la conmovida
/ lenguas que en tierras de oro mi vieja madre canta.
//Miro bajar la nieve como el polvo en la huesa; /
miro crecer la niebla como el agonizante, /y por no
enloquecer no cuento los instantes, / porque la noche
larga ahora tan sólo empieza. // Miro el llano
extasiado y recojo su duelo / que viene para ver los
paisajes mortales. / La nieve es el semblante que
asoma a mis cristales; / ¡siempre será
su albura bajando de los cielos ! // Siempre ella,
silenciosa, como la gran mirada / de Dios sobre mí;
siempre su azar sobre mi casa; / siempre, como el
destino que ni mengua ni pasa, / descenderá
a cubrirme, terrible y extasiada.//
CANCION DE LAS MUCHACHAS MUERTAS.-
Recuerdo de mi sobrina Graciela // ¿Y las pobres
muchachas muertas, / escamoteadas en Abril, / las
que asomáronse y hundiéronse / como
en las olas el delfín? // ¿A dónde
fueron y se hallan /encuclilladas por reír,
/ Agazapadas esperando/ voz de un amante que seguir?
// Borrándose como dibujos / que Dios no quiso
reteñir / o anegadas poquito a poco / como
en sus fuentes un jardín ? // A veces quieren
en las aguas / ir componiendo su perfil / y en las
carnudas rosas-rosas / caso consiguen sonreír.
// En los pastales acomodan / su talle y bulto de
ceñir / y casi logran que la nube / les preste
cuerpo por ardid!/ Casi se juntan las deshechas; casi
llegan al sol feliz; casi deshacen su camino, y van
llegándose hasta mil; // Casi deshacen su traición
/y caminan hacia el redil./ IY casi vemos en la tarde
/ el divino millón venir!//.
LA EXTRANJERA.- A Francis de
Miomadre. // Habla con dejo de sus mares bárbaros,
/ con no sé qué algas y no sé
qué arenas; / reza oración a Dios sin
bulto y peso, / envejecida como si muriera. // En
huerto nuestro que nos hizo extraño, /ha puesto
cactos y zarpadas hierbas. / Alienta del resuello
del desierto / y ha amado con pasión de que
blanquea, / que nunca cuenta y que si nos contase
/ sería como el mapa de otras estrellas. //
Vivirá entre nosotros ochenta años,
/ pero siempre será como si llega, / hablando
lenguas que jadea y gime/ Y que le entienden sólo
bestezuelas. / Y va a morirse en medio de nosotros,
/ en una noche en la que más padezca, / con
sólo su destino por almohada, / de una muerte
callada y extranjera //
Y para finalizar, su famosa
Ronda de la Ceiba ecuatoriana, dedicada a Enma Esperanza
Ortiz. // ¡En el mundo está la luz, /
y en la luz está la ceiba, / y en la ceiba
está la verde / llamarada de la América.
// ¡Ea ceiba, ea, ea! // Arbol ceiba no ha nacido
/ y la damos por eterna, / y los indios no la plantan,
/ y los ríos no la riegan. // Ella tuerce contra
el cielo / veinte cobras verdaderas, / y en lo negro
de la noche / las espaldas le espejean. // iEa, ceiba,
ed, ea! // No la alcanza lo? ganados / ni le llega
la zaeta; / miedo de ella tiene el hacha / y las llamas
no la queman.// En sus gajos de repente /se arrebata
y se ensangrienta,/ y la ceiba arrebatada / canta
entonces como Débora. // ¡Ea, ceiba,
ea, ea! // Por Septiembre, el viejo pecho / de la
madre se platea / y en su santa leche cae / en cuadaja
y en guedejas. // A su nombre de giganta / bailan
todas las doncellas, / y sus madres que están
muertas / bajan a bailar con ellas. // ¡Ea,
ceiba, ea, ea ! // Damos mano y damos mano /a las
vivas y a las muertas, / y giramos y giramos / las
mujeres y las ceibas... //! En el mundo está
la luz, / y en la luz está la ceiba, / y en
la ceiba está la verde / llamarada de la América
I//.
Cuando vino a Guayaquil (1938)
realizó un viaje a Salinas en un vehículo
contratado y en mitad del camino hicieron una parada
al lado de una gigantesca Ceiba, que Enma Esperanza
Ortiz indicó a Gabriela, manifestándole
sus cualidades. Gabriela oyó atentamente y
cuando regresó a su Patria se inspiró
en la Ceiba y realizó el poema dedicado a su
amiga Ortiz, en una carta muy afectuosa y extensa,
que le mandó a ella y al Dr. Ángel Felicísimo
Rojas, sus buenos amigos.
Enma Esperanza Ortiz se inspiró
y pidió el nombre de Gabriela Mistral para
la Escuela anexa al Colegio Normal Rita Lecumberry
de Guayaquil. Gabriela se emocionó a su vez
y solicitó el 41, a su gobierno, la concesión
de la condecoración de Oficial de la Orden
al Mérito de Chile para su amiga ecuatoriana,
quien venía recitando sus poemas en el teatro
Edén, desde muchos anos atrás, por ser
una gabrielista consumada.
El viaje a Salinas fue hecho por el Dr. Abel Romeo
Castillo, Tolmo Vaca del Pozo, Adelaida Velasco Galdos,
Enma Esperanza Ortiz, Monserrat Maspons y Sigas y
Gabriela.