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ANTONIO PASTOR Y MARIN DE SEGURA
FUNCIONARIO.- Nació en Cartagena, España, en 1772 y fue hijo legítimo de Bartolomé Pastór y de Rosa Marín de Segura.

Posiblemente pasó a Latacunga hacia 1792 como Contador e Interventor de Rentas de dicho Asiento, comisionado para el beneficio de la canela en los parajes donde se daba ese específico; al año siguiente contrajo matrimonio con Maria Ruiz de Jiménez y Montesinos, hija de Juan Ruiz de Jiménez, Corregidor y Administrador de Tributos en Ambato y de su mujer Maria de Montesinos. Ruiz de Jiménez renunció el empleo en su yerno, quien pasó a reemplazarlo y se dedicó al mayor fomento de la empresa de cultivo y recolección de la canela que se producía en los montes de Cotapasa y Canelos.

En varios documentos que se conservan con su firma aparece acentuada la sílaba final de su apellido en franca contravención a las leyes de la gramática y posiblemente para enfatizar que así era como se lo debía pronunciar correctamente; mas, la tradición familiar deformó esa pronunciación y hasta la presente sus descendientes se dicen Pastor.

En 1797 dejó el Corregimiento, realizó numerosas exploraciones por los contornos e hizo varias entradas a las montañas de los Llanganatis, partiendo de la población de Píllaro que tomó por base.

En los primeros años del siglo XIX pasó posiblemente viudo y con hijos a residir en la villa de Lambayeque al norte del Perú, donde figuró de Alcalde Ordinario de ese Cabildo en 1803 y luego de Subdelegado del Partido. Estaba casado en segundas nupcias con Narcisa Martínez de Tejada y Ovalle en quien también tenia sucesión y falleció el 11 de Noviembre de 1804 allí, de su primer matrimonio tuvo varios hijos que han dejado sucesión en Ibarra y Quito principalmente y del segundo en Lima y Guayaquil.

Hasta aquí la historia, ahora vale la pena contar la leyenda. Resulta que por la época en que ejercía mando en Ambato, apareció un misterioso documento titulado "Guía o derrotero que Valverde dejó en España donde la muerte le sorprendió a él, habiendo ido desde las Montañas de Llanganati, a las cuales él entró muchas veces y sacó una gran cantidad de oro; y el Rey ordenó a los Corregidores de Tacunga y Ambato que buscasen el tesoro, cuya Orden y Guía se conservan en las oficinas de Tacunga".

El viajero ingles Richard Spruce, que visitó esas poblaciones entre 1858 y el 59, recogió como cierta la siguiente información: 1) A raíz de tenerse noticias del derrotero del oro del rescate del Inca Atahualpa el Corregidor de Latacunga en persona Spruce no da su nombre— hizo una primera expedición acompañado de un fraile de apellido Longo y habiendo llegado casi al final de la ruta, una noche, en forma por demás inesperada y misteriosa, desapareció el citado padre sin dejar trazas y a pesar de que fue buscado Jamás le descubrieron, de modo que se pensó que bien pudo haber caído a una de las quebradas cercanas al punto donde acampaban o a una de las cienegas que abundan por todos los lados de esa región de los Llanganatis, así es que la expedición regresó a Píllaro sin conseguir su objetivo.

Luciano Andrade-Marín en su obra "Llanganati" cree que bien pudo el Corregidor guardarse para sí el genuino derrotero de Valverde y dejar en la oficina de Latacunga una copia con la pista final falseada, para consumo de los oficiosos buscadores de tesoros, que habían de interesarse. Y esto lo dice Andrade-Marín porque las tres o cuatro primeras jornadas del Derrotero son de una exactitud pasmosa con relación a las realidades geográficas de la región, circunstancia que fascina y entusiasma a todos los aventureros.

De allí en adelante numerosos exploradores siguieron dicho derrotero y entraron a las misteriosas montanas en procura del oro del rescate del Inca Atahualpa. Entre ellos cabe mencionar en 1793 al Vicario y Cura de Píllaro Mariano Enríquez de Guzmán y cl naturalista Anastacio de Guzmán y Abreu entre 1801 y el 7 pues hizo varias entradas infructuosas, por mencionar solamente a los primeros.

A todo esto bien vale indicar que el tal Derrotero, según la tradición llegó de España enviado por el mismísimo Rey para que fuere localizado el tesoro, cuya primera mención documentada se tiene por los papeles dejados por el cura Enríquez de Guzmán, por figurar entre los bienes de la mortuoria de Anastacio de Guzmán y Abreu, igualmente por la orden dictada por el Presidente de la Audiencia de Quito General Toribio Montes, de que se renueven las pesquisas y exploraciones para dar con el derrotero de Valverde, acompañando copia de dicho Derrotero en 1812.

Spruce se refirió a que el original había desaparecido de las escribanías de Latacunga cosa de veinte anos atrás, esto lo calculó en 1857. Otros que dieron informes sobre su existencia fue el Dr. Manuel Villavicencio y Montúfar en su Geografía del Ecuador publicada en New York en 1858. El famoso científico ingles Alfred Russel Wallace tomó de los manuscritos del finado Spruce vertidos al ingles, el texto completo del Derrotero de Valverde. También Pedro Fermín Cevallos en su Historia del Ecuador de 1870 escribió acerca de un prolijo itinerario a Llanganati y James Orton en "The Andes and the Amazonas" indicó que Valverde, en su lecho de muerte en Espana, había revelado el sitio donde estaban ocultos los tesoros del Inca, dando inicio a todas las leyendas y expediciones que no han cesado a través de los años; pues, se cuentan más de veinte las realizadas a los Llanganatis en los últimos cien años, únicamente con el fin de dar con el misterioso tesoro.

A estas alturas de la narración cabe explicar quien fue Valverde y si realmente existió, pues todo lo que se conoce acerca de su vida es una simple conjetura y no se ha encontrado ningún documento probatorio de su existencia. Andrade-Marín informa que según la tradición existió en la colonia un hombre de ese apellido, que siendo muy pobre se transformó de la noche a la mañana en personaje riquísimo y regresó a España donde murió. Dicha riqueza se le atribuía a que habiéndose casado con una india, el padre de ella Cacique de Píllaro, le llevó varias veces a unos agrestes parajes de los Llanganatis, mostrándole el sitio en que estaban escondidos parte de los objetos de oro acumulados por los indios de Quito para el rescate del Inca Atahualpa y que Valverde, ya en su lecho de muerte, había revelado su secreto en un Escrito destinado al Rey Carlos IV de España, conteniendo su Guía o Derrotero.

Y de no haber sido por dos sucesos diferentes pero conectados íntimamente entre sí, no cabría seguir sobre el tema; mas he aquí que el mismo Andrade-Marín en el Apéndice No, 1 de la segunda edición de su libro, Quito, 1970, declara que en 1954 había adquirido un antiguo plano dibujado a colores en 1793 por el Vicario y Cura de Píllaro Mariano Enríquez de Guzmán, para ilustrar a la superioridad sobre su Expedición a los Llanganatis realizada ese año, siguiendo el derrotero de Valverde. Lamentable sólo pudo conseguir el Plano y no el Informe narrativo, que fue vendido por los herederos de Lorenzo Gortaire Viteri al Conde sueco Stellan Moerner, aficionado a aventurar en Llanganati. Gortaire los había conseguido de manos de su amigo el historiador ambateño Celiano Monge, que se los había enviado en obsequio a principios de siglo. Sin embargo, este Plano, confirma lo dicho por Spruce en el siglo pasado y constituye una prueba fehaciente de la existencia de un Derrotero original hoy perdido. El otro acontecimiento que vino a sumarse a esta cadena de sucesos concomitantes, fue la publicación aparecida el 27 de Octubre de 1965 en el vespertino "Ultimas Noticias" de Quito, sobre la reclamación de los descendientes peruanos del Corregidor Pastor al "Royal Bank of Scotland" de Edimburgo.

Dicha reclamación tiene por fundamento un Poder extendido por los cónyuges Pastor Martínez de Tejada a favor de Francis Mollison para que deposite en el navío "El Pensamiento" capitaneado por John Doigg y John Fanning, varios cajones conteniendo barras de oro y plata, gran cantidad de esmeraldas y otras piedras preciosas, preseas de los mismos metales, oro en polvo, collares, mascaras de oro, vasijas incásicas, etc. con cargo al citado Banco, para que dicha fortuna avaluada en cuatrocientos sesenta millones de libras esterlinas fuere repartida a nombre de Narcisa Martínez de Tejada entre los descendientes Pastor de la quinta generación tanto legítimos como naturales, incluso se llegó a asegurar que una de ellas, llamada Violeta Aguilar de Cáceres, poseía los documentos que acreditaban la existencia del tesoro en el Banco.

La noticia causó revuelo no solamente en la capital sino también en el resto del país y prontamente hubo reuniones de descendientes para inscribirse como posibles herederos. Mas, han pasado los años y solo se ha conocido que los Gerentes del citado Banco escocés, al ser preguntados oficialmente por el dicho tesoro, manifestaron que en el Banco no existen registros tan antiguos, dando por concluido el problema.

Y aquí hubiera terminado este interesante caso de no haber surgido una nueva evidencia en Quevedo, donde habitaba muy anciano y por 1960 el Comandante George M. Dyott, celebre explorador británico, quien había revelado lo siguiente: "Que al perderse en las selvas del Matto Grosso el Coronet ingles Fawcett el año de 1925, fue encargado por su familia y por la Lloyd's de Londres para conseguir las pruebas de su muerte y como así lo hiciera, adquirió justa fama. Que a consecuencia de ello, una noche en Londres, al salir del Teatro de la Opera, se topó en la puerta con uno de los nietos del celebre Richard Spruce, quien le invitó a la biblioteca de su mansión donde le mostró una carta dirigida a su abuelo, muchos años atrás, desde Panamá, pero cuando llegó la carta a Londres Spruce ya había muerto. En ella se decía que a consecuencia del financiamiento de una expedición del viejo Spruce a los Llanganatis, dos viajeros, un ingles Chapman y un holandés Blake, habían entrado con gran éxito, pero que a la salida Chapman había muerto de pulmonía en la sierra y Blake regresaba con noticias a Europa. Este ultimo era el autor de la carta firmada en Panamá.

Spruce les había entregado el plano o Derrotero de Valverde, donde todo aparecía correctamente menos un sitio en que había que ir 4—PL y buscar por la mujer reclinada que se presenta en un perfil del cerro. La carta decía que el holandés llevaba una muestra maravillosa de lo que habían hallado y que existía tal cantidad de oro que ni cien hombres podrían sacaría; sin embargo, justamente por ello, Blake fue lanzado al mar, posiblemente para quitarle dicha muestra. Su muerte había sido posible conocer por diligencias del nieto de Spruce.

Con estos antecedentes Dyott aceptó su ofrecimiento y viajó a los Llanganatis por dos ocasiones entre 1946 y el 47, saliendo desde el pueblo de Píllaro, y tuvo como proveedor de víveres a un comerciante de apellido Villacrés, en dicha localidad. En la primera ocasión Dyott se rompió una pierna y en la segunda regresó con una fuerte hemorragia nasal, enfermó seriamente del estomago y tuvo que internarse en una clínica de Quito, decidiéndose a abandonar el caso por resultar sumamente riesgoso. Para colmo de tanto misterio, Dyott agregaba que Blake, durante su ultimo viaje, hallándose un tanto borracho se le había ido la lengua, indicando detalles de su aventura y mostrando los croquis y documentos que llevaba consigo. Esta indicación suya parece que indujo a alguno de los que le oyeron a aprovecharse de su estado para quitarle lo que tenía y luego arrojarlo por la borda al mar, años después se apareció por Píllaro un cierto americano, a quien Dyott señaló como posible biznieto del asesino, con el ánimo de expedicionar a los Llanganatis, portando consigo varios documentos antiguos que le iban a ser de utilidad para identificar el camino, pero parece que a pesar de ello no dio con la ruta adecuada y regresó sin nada en las manos.

La lista conocida de las múltiples expediciones a los Llanganatis, desde la primera del Vicario y Cura Mariano Enríquez de Guzmán en 1793 hasta la de 1969 pomposamente llamada Anglo Ecuadorian Llanganati Expedition, la trae igualmente Andrade-Marín en su obra, que es una de las clásicas del país, no solamente por las noticias raras que contiene, por su valor científico y la novedad del tema, sino también por la sugestiva forma con que fuera escrita en estilo hermosamente literario, llano y comprensible para los múltiples ciudadanos extranjeros que se han interesado en ella. Demás esta que indique el hecho de haber sido don Luciano un sabio en muchos aspectos, cuya biografía puede hallarse en el tomo VI de este Diccionario, pues aparte de sus conocimientos científicos, históricos y artísticos, expedicionó varias veces y descubrió en nuestro oriente la existencia del tercer ramal de la Cordillera de Los Andes, llamado Cordillera del Cóndor, como en 1942 después lo confirmaron los ingenieros de la Compañía Shell.

Y para terminar sobre el tesoro del Inca, cabe indicar que el indio Cantuña, hijo del guerrero Huaica, uno de los seguidores de Ruminahui, a quien ayudó a sepultar los tesoros, incendiar Quito y retirarse a las montañas, fue recogido por el Capitán español Hernán Juarez, que le enseñó a leer y a escribir y le trataba bien, razones que motivaron a Cantuña para expresar su agradecimiento indicándole donde se hallaba parte del tesoro, con lo que ambos pasaron a ricos, pues en un sótano construido exprofeso fundían el oro indígena en lingotes que luego cambiaban por monedas. Juarez murió hacia 1550 de enfermedad natural, dejando a Cantuña por único heredero, pues nunca había tenido descendientes. Cantuña llegó con el tiempo a donar una gran cantidad de dinero a los franciscanos para la construcción de una capilla adyacente al templo, que hasta nuestros días se la conoce con el nombre de Capilla o Iglesia de Cantuña, la cual hicieron propia los indianos.

Cantuña falleció en Quito en 1574 gozando de la protección de los franciscanos y con fama de filántropo y benefactor insigne, pero ha persistido la leyenda de que su dinero lo recibió por un pacto con el diablo y que solamente pudo salvarse a ultima hora, cuando en noche lúgubre talló una cruz en una de las piedras, para evitar que el demonio pudiera colocar la última correspondiente sobre ella y así, con tan inteligente estratagema, evitó que el diablo triunfara en su ofrecimiento de construir la iglesia en una semana y se lo llevara a los quintos infiernos, como justo pago del cumplimiento de la promesa efectuada.