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MATEO PEREZ DE ALESIO
PINTOR.-- Nació posiblemente en Roma o en Alesio di Puglia según otros, hacia 1555. Hijo legítimo de Antonio Pérez de Alesio y de madama Lucente. Se formó artísticamente en Roma bajo la influencia de Tadeo y Federico Zuccari. En 1573 fue aceptado en la Academia de San Lucas y trabajó en la decoración mural de la villa Mondragone en Frascati.

Entre el 73 y el 74 realizó su obra romana más importante: La disputa del cuerpo de Moisés al fresco, en el muro de entrada de la Capilla Sixtina, que sustituyó al mural sobre el mismo tema pintado por Ghirlandaio hacia 1482 y arruinado a causa de ciertas reformas arquitectónicas (1)

En 1575 decoró el Oratorio romano del Gonfalone pero interrumpió esos trabajos cuando destruyó algunas de sus pinturas y huyó hacia la isla de Malta, donde continuó su actividad artística. Hacia el 77 la Orden de esos Caballeros le encargó pintar un conjunto de frescos para la sala de Embajadores del palacio de La Valetta, que comprendía varias escenas del sitio de la isla por la armada turca en 1565.

En 1581 volvió a Roma y ejecutó algunas pinturas en San Eligio degli Oreficci bajo un retablo decorado con pinturas para la Capilla de los Aliaga en la misma iglesia, y aunque también ha desaparecido, aún existe una copia del San Jerónimo que integraba esa Capilla.

(1) Este encargo del pontificado de Gregorio XIII originó el que Alesio fuera considerado erróneamente como pintor de Cámara del Papa y más fantásticamente como discípulo de Miguel Angel Buonarotti, debido posiblemente esto último, al miguelangelismo inicial de Pérez de Alesio, que alcanzó su punto más alto en la Serie de profetas y sibilas con los que decoró a partir de 1575 el Oratorio romano del Gonfalone.
Poco después viajó a Sevilla donde pintó en 1584 un San Cristóbal de once varas y un tercio que aún adorna los muros de la catedral sevillana. Igualmente un Santiago el Mayor apareciendo en la batalla de Clavijo, para la parroquia de ese nombre.

Hasta Noviembre de 1587 debió permanecer en España y para 1590 abrió un taller de pintura en la calle de las Mantas en Lima y se rodeó de discípulos. Llegó acompañado de un ayudante y discípulo llamado Pedro Pablo Morón o simplemente Pedro Pablo, con quien había concertado en Sevilla para enseñarle el oficio de pintor a cambio de sus servicios por diez años.

A los pocos meses, en 1591, pintó el retrato del Virrey García Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete y usó el título de "pintor de Su Señoría el Señor Virrey". El 92 fue "Gentilhombre de la Compañía de a Caballo de Arcabuceros de la Guardia de este reino del Perú".

Era un hombre muy activo, intervenía en múltiples negocios y empresas, minas y tesoros. Dio poderes suficientes a Lucas Rodríguez para que denunciara minas de oro y plata en Vilcabamba y Huancavelica y tomara posesión de ellas, también se asoció con su discípulo Cosme de Herrera Figueroa para explotar los tesoros de una Huaca en las inmediaciones de Lima, y el 3 de Enero de 1598 contrajo matrimonio con María Fuentes de la Cadena y tuvieron varios hijos.

Como artista fue el introductor en Sudamérica de la novedosa escuela romana de pintura, junto al napolitano Angelino Medoro que llegó a Lima hacia 1600 y ambos cambiaron el gusto clásico y arcaico de la vieja pintura sevillana, principalmente representada por los pintores Juan de Illescas el Viejo y por su hijo Juan el Joven, que habían arribado de México y de Quito a mediados del siglo XVI, de suerte que el aporte romanista fue definitivo para cambiar el gusto artístico de las nacientes colonias, hacia líneas más depuradas y por supuesto renacentistas.
Pérez de Alesio trabajó mucho y bien en Lima y otras ciudades y villas de virreinato. Algunas de sus pinturas llegaron a Quito y Bogotá sirviendo de modelos imitables en los taller a de esas poblaciones.

En 1600 pintó para el claustro mayor del convento de Santo Domingo de Lima parte de la serie que aún se conserva sobre la vida de Santo Domingo, pues algunos otros fueron ejecutados por el pintor Francisco Pacheco; sin embargo, la crítica ha señalado como propios de Alesio "La visión de la batalla", "La entrega del rosario de Santo Domingo", así como las figuras del jinete caído del caballo y los ángeles de trajes militares. En la Catedral de Lima pintó las puertas del órgano, los lienzos de San Pedro y San Pablo de la capilla de San Bartolomé y otros varios que se conservan en la Sacristía, una serie sobre la vida, pasión y muerte de Cristo y el monumental San Cristóbal ubicado en la puerta de la Lonja, advocación, réplica del que dejó en Sevilla. (2)

Para el arco toral de la iglesia de San Agustín hizo una gran imagen del santo tutelar que describió el padre Agustín de la Calancha, así como una Santa Lucía que se colocó en el altar mayor de la iglesia del Prado. También se le atribuyen los murales de la capilla del capitán Villegas en la iglesia de La Merced (3) y una Virgen del Belén, probablemente pintada para el Arzobispo Toribio de Mogrovejo, donde Alesio fundió dos motivos de la iconografía devota del pintor italiano Scipione Pulzone. En Lima, Cusco y otras ciudades aún existe gran número de copias y variaciones de estos temas originales de Roma. Su taller se había acreditado al punto de ser el mayor y de más trabajos en el Virreinato. Con él vivían sus discípulos Pedro Pablo Morón, Clemente y Domingo Gil, y trabajaban el agustino Fray


(2) El San Cristóbal fue pintado para la segunda iglesia Catedral y debió desaparecer cuando se construyó la siguiente.

(3) Dichos murales fueron pintados al temple y se hallan deteriorados por el tiempo.
Francisco Bejarano y Francisco García. El dominico Fray Pedro Bedón, fundador de la escuela quiteña de pintura, asimiló parte de su técnica a través de las obras de Alesio que llegaban a Quito, o de su trato directo cuando estudió en Lima.

En 1606 se comprometió con Juan de la Vega de Gunia Lozada a ejecutar en la iglesia de San Francisco de Huánuco, un conjunto de pinturas sobre la vida de Cristo. Son siete grandes imágenes de cuerpo entero en bastidores de seis palmos en que figuran Nuestra Señora de Santísima Trinidad, un Cristo puesto a lo vivo en la Cruz con las agonías de la muerte, un Cristo atado a la columna y San Pedro Apóstol hincado de rodillas, trabadas las manos en él y llorando, un Cristo con la Cruz a cuesta y su madre santísima saliéndole al encuentro en la calle de la Amargura, y otras más. Conforme al trato, las imágenes eran copiadas de unos pergaminos que habían sido remitidos por la comunidad de aquella ciudad y Alesio debía ejecutar los lienzos con pinturas muy finas que él mismo prepararía en su casa, por treinta pesos de a nueve reales cada uno.

El Maestro confeccionaba sus propias pinturas como se desprende de la lectura del susodicho contrato de trabajo, para lo cual debía valerse de ciertas plantas y de la mezcla de diversas clases de tierra, todo ello macerado en alcohol. Eran las técnicas propias de la época y los colores se obtenían a base de untar dichas mezclas en aceites finos, como el de linaza, que servían de diluyente apropiado para obtener el óleo en sus diferentes tonalidades cromáticas. Las telas también debían prepararse con lienzos de trama y urdimbre fina, blanqueados con albayalde y gomas o colapez. Los bastidores eran de madera durables como el roble, previamente curadas para evitar su desintegración por acción del tiempo, las polillas y termitas.

Pérez de Alesio debió fallecer en Lima en fecha aún no descubierta posiblemente hacia 1620 y sus cuadros no vendidos constan en el Inventario de sus bienes. Dejó un hijo que ingresó a la Orden dominicana bajo el nombre de Fray Adriano Alesio. José Gabriel Navarro escribió que fue compañero de Pedro Bedón, pero las edades no calzan puesto que Bedón vivió en Lima entre 1576 y 1585 y Adriano Alesio debió nacer después del matrimonio de su padre ocurrido en Lima en 1590 como ya se dijo.

Sobre la fama de Pérez de Alesio hay numerosa literatura colonial pues casi todos los cronistas del siglo XVII lo mencionan con loa. Se desconoce su retrato físico y moral; fue buen y excelente retratista pero sobre todo pintó temas religiosos sin consideración del paisaje, ignorado a través de ese siglo. Sus figuras depuradas y trabajadas con arte y precisión, la riqueza de las vestimentas lograba plasmar con pastas doradas o plateadas y labraba los vestidos con elementos decorativos, colores vivos y encajes. No fue manierista ni tampoco gustó del tenebrismo, el cromatismo era logrado con suaves contrastes en tonos diluidos y las figuras musculadas y expresivas eran propiamente europeas, antes que americanas.

Su escuela recreó las novedades de su tiempo, no creó la pintura que merecía un mundo nuevo y mestizo, pero sirvió de etapa necesaria para llegar finalmente a ello; sentó las bases de la técnica en un arte que recién tomaba bríos, velozmente, con gran seguridad, hasta situarse de igual a igual con la pintura más depurada del siglo XVII europeo.