VOLVER A LOS TOMOS
..............................................................................................................................................................
 

JULIO PIMENTEL CARBO
HISTORIADOR.- Nació en Guayaquil el 22 de Diciembre de 1917. Hijo mayor del matrimonio formado por Julio Pimentel Marín, coheredero de la hacienda ganadera "Santa Mariana" y un gigantón malgenioso e imponente, y de Rosa Esther Carbo Macías, mujer de mucho carácter, naturales de Vinces y Guayaquil, respectivamente.

Pasó buena parte de su niñez entre Santa Mariana en Vinces y La Julia en Puebloviejo, ésta última, de propiedad de Julio Corzo y Moran, que administró varios años su padre (1).

En 1929 regresaron a Guayaquil y habitaron provisionalmente en el chalet de dos pisos, esquinero, propiedad del Canónigo Pedro Pablo Carbó, en Eloy Alfaro y Avda. Olmedo; allí vivía "Taita Padre" como le decían a Carbó, con sus sobrinas las Carbo Macías.

(1) Siendo los Pimentel Marín muchos hermanos, al arribar a la mayoría de edad cada quien tuvo que salir a administrar haciendas vecinas para ganarse el sustento. En la Julia acostumbraba Rosa Esther Carbo pasear por las tardes con sus pequeños hijos Julio y Rosita, recorrían las arboledas de cacao y cuando veía alguna pepita de cacao por el suelo, la recogía en un canasto. De regreso tostaba, molía y hacía bolas de gran tamaño, que cubría con papel de aluminio. Cada dos o tres meses las vendía y el dinero lo guardaba en una alcancía. Después que salieron de la Julia, con el producto de esos ahorros adquirió una casa de madera en la calle Chile No. 1727 entre Cuenca y Brasil, frente al cuartel de los Carabineros. La reformó, púsole una galería a la calle, viviendo en los altos donde tenía hasta azotea y alquilando los bajos a Octavio Ceballos Bowen, dueño de una destilería de licores donde fabricaba mistelas de todos los colores. El era casado con Rosa Lastenia de la Jara y Larriva, hijastra de Numa Pompilio Llona. La laboriosidad y el ahorro fueron ejemplos que Julio jamás olvidó en la vida.

El 31 se cambiaron a la casa de los Campuzano frente al parque Montalvo, justo a tiempo pues Taita Padre acababa de fallecer y el chalet había sido puesto en venta. Al año Rosa Esther compró una casa, se dedicó al negocio de venta de gallinas y huevos desde su azotea "pues ninguna mujer debe ser ociosa y constituirse en una carga para su marido", también hacía exquisiteces de dulces y otras menudencias y como la crisis económica apremiaba en el mundo y las haciendas habían dejado de producir, ayudó a la sustentación de los suyos con gran éxito.

Julio fue matriculado en la escuela Modelo que dirigía Manuel María Valverde y cuando terminó la primaria pasó al Instituto Nacional donde se graduó de Contador Mercantil, pues su madre creía que "todo hombre debía prepararse en números para que no lo hagan tonto en la vida"; sin embargo, como siempre le habían agradado las letras, en Mayo del 35 se matriculó en el Vicente Rocafuerte para seguir estudios secundarios y en Enero del 39 se graduó de Bachiller en Humanidades Modernas.

Entonces empezó a trabajar en la revista mensual “Social Cine” de entrevistador de señoritas de sociedad y durante las vacaciones invernales en Playas lideraba a un grupo de amigos. Con su primo Luis Alberto Carbo Medina componía canciones, daban serenatas y hasta organizaron una jorga en los bancos del Malecón frente a la casa de Sarita Seminario Fassio.

Era un joven cumplido y respetuoso que sabía ganarse la voluntad de sus maestros. En lo físico de estatura regular y muy parecido en todo a su madre. Ese año ingresó a la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Guayaquil y como le agradaba la lectura, de tanto frecuentar la Biblioteca General de la Universidad le cayó en gracia a su pariente el bibliotecario Eduardo J. Molestina Sotomayor y fue designado Ayudante, aplicando el sistema Decimal Dewey que aprendió directamente del bibliotecario salvadoreño Juan Antonio Alminate (2)

(2) Marido de la Prof. Débora Lamota, amiga de la infancia de las Carbo Macías.
Cuatro largos años permaneció en el cargo y hasta hizo fama de bibliógrafo, pero el 44 renunció para atender a su madre que se asfixiaba enferma del corazón. Para el 28 de Mayo soportaron varias horas de bala, numerosos carabineros se treparon a la casa y Julio tuvo que regalarles su ropa para que se cambiaran los uniformes y pudieran huir.

Muy por la mañana salió con sus padres y hermana. Primero se refugiaron en la casa de Eva Carbo de Drouet y Sara Carbo Macías y luego en la nuestra en 9 de Octubre y Boyacá, lejos de los acontecimientos, desde donde Rosa Esther empezó a ordenar por teléfono a su médico de cabecera y amigo de confianza, el nuevo Jefe Civil y Militar del Guayas, Dr. Pedro Pablo Eguez Baquerizo, que soltara inmediatamente a su primo Teodorito Maldonado Carbo, quien guardaba estricta prisión en la Zona Militar; y es que ella no perdía su tiempo en cosas intrascendentes y siempre iba directo al grano.

El 24 de Noviembre de 1945 Julio se graduó de Licenciado en Ciencias Sociales. A principios del 46 entró de Ayudante a la Secretaría del Cuerpo de Bomberos. El 47 ascendió a secretario durante la Jefatura del Coronel Primer Jefe Leopoldo Carrera Calvo, después ocuparía nuevamente dicha función -cuatro veces- con Genaro Cucalón Jiménez y José Marzo Arboleda. Ya había fallecido su madre y vivía con su padre en P. Ycaza y Baquerizo Moreno. De continuo nos visitaba, lo mismo que a su primo segundo Pedro Robles y Chambers, que lo inició en las investigaciones genealógicas a base de unos Certificados que reposaban en poder de mi abuelo Juan Luis Pimentel, cuyos datos ampliaron con la revisión de periódicos del siglo pasado en la Biblioteca Rolando y visitas a los archivos parroquiales del Sagrario de Guayaquil y la Matriz de Daule (3) y juntos

(3) Dichos originales datan de 1795 y 1816 y reposaban en poder de mi abuelo, quien fue como un segundo padre para Julio, debido a las largas ausencias del suyo en el campo. Pedro Robles los hizo constar en su obra “Hidalgmías guayaquileños” Hoy reposan en mi poder, debidamente empastados.
escribieron una interesantísima genealogía de los Pimentel, en 9 páginas parcialmente inédita .

Ese año ingresó al Centro de Investigaciones Históricas con un discurso titulado: "El Gobernador del Guayas de 1862-64. Vicente de Piedrahita Carbo" en 40 páginas. El 48 editó la Fundación de la Facultad de Medicina en Guayaquil". El 49 editó "Apuntes para la historia de la Facultad de Filosofía, Pedagogía y Letras" en 27 páginas. El 50 se motivó con su amigo el Dr. Abel Romeo Castillo y el Padre Aurelio Espinosa Pólit y dio a la luz "Un escaño en las cortes españolas" sobre las actuaciones de Olmedo. El 51 fundó los Cuadernos de Historia y Arqueología del Núcleo del Guayas de la Casa de la Cultura Ecuatoriana cuyos primeros once números dirigió hasta el 54, publicó "Los esclavos de hace un siglo" en 6 páginas y a raíz de un viaje de seis meses de estudios por Buenos Aires dio a la luz "Los tres vértices del corazón Sunmartiniano" en 4 páginas. En Octubre se graduó de abogado y Doctor. El 52 figuró entre los miembros fundadores del Instituto de Genealogía y Heráldica y le correspondió redactar y hacer aprobar los estatutos en Quito. Publicó "Dos cartas inéditas de Olmedo" en 6 páginas y "El ABC periodístico de Olmedo" en 20 páginas. El 53 ocupó la secretaría de la M. I. Municipalidad de Guayaquil durante la alcaldía del Dr. Rafael Mendoza Aviles y fue designado miembro fundador y prosecretario del Instituto Olmediano. El 54 Francisco Huerta Rendón, primer Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guayaquil, le llevó a dictar la cátedra de Historia Universal para el tercer año y leyó un discurso sobre el Día de la Facultad de Humanidades". Ese mismo año ingresó al Instituto de Cultura Hispánica y su presidente el Dr. Ramón Insua Rodríguez le consiguió una beca para realizar investigaciones en el Archivo de Indias de Sevilla. La Universidad le apoyó concediéndole una licencia con sueldo completo y el 55 viajó.

Hasta entonces sus trabajos históricos habrán versado sobre asuntos relativos al siglo XIX que desempolvaba de periódicos viejos. El 53 salieron en los Cuadernos de Historia y Arqueología "Nuestro primer barco a vapor" en 5 páginas. "La primera noche de Diciembre de 1886" en 4 páginas sobre la instalación de la primera Junta Universitaria de Guayaquil, "Los célebres José de la Revolución" en 6 páginas y "Una famosa excomunión" sobre su tío Taita Padre en 13 páginas. También "Composición del poder Judicial en el estado libre de Guayaquil" en 12 páginas, por eso era más bien un activista cultural que se motivaba hacia el pasado empujado por Robles y Chambers, imitando el estilo del Dr. Pedro José Huerta, cuyos cuadernos escritos a mano recogía y llevaba a la imprenta del Núcleo. De allí en adelante y a causa del viaje, cambiará su temática.

"Mi permanencia en España fue de casi año y medio. Durante ese lapso investigué fatigosamente por los archivos de Sevilla, Trujillo y Madrid, recogiendo muchos datos históricos en cuadernos manuscritos -más de una decena- y microfilmes -cerca de dos mil-"'. Coincidencialmente el 55 y estando Pimentel Carbo en Europa, otro primo segundo suyo, el Ing. Miguel Aspiazu Carbo, publicó "Las Fundaciones de Guayaquil", que despertó encontradas opiniones, originando unas apostillas del Dr. Rafael Euclides Silva y hasta una Audiencia Pública en la CCE. El tema de la fundación de nuestra urbe fue comentado en periódicos y radiodifusoras y Silva declaró que "todo se resolvería cuando Pimentel trajera los documentos de España"; mas, las cosas no eran tan sencillas, pues Julio se encontraba apurado en Sevilla tratando de aprender paleografía para leer la letra gótica o redondilla del siglo XVI, extremadamente difícil por llena de signos, grafías y contracciones y por más que se esforzó en los últimos meses de su estadía, no pudo coger la velocidad requerida que solo se consigue con la constante práctica y como el tiempo de su beca se le acababa, contrató a un perito para que tomara dos carretes completos de películas de microfilmes de documentos del siglo XVI relativos a la Audiencia de Quito para tratar de leerlos con calma en Guayaquil y se vino también con una decena de cuadernos manuscritos con datos de interés referentes al siglo XVIII, que le sirvieron para ir escribiendo y publicando unos cuarenta trabajos históricos entre el año de su llegada en 1956 y el de su muerte en 1988; (4) sin embargo, el viaje no fue enteramente en vano pues a través de un documento del Consejo de Indias encontró que el Hospital de Guayaquil es el más antiguo del país por haber sido fundado en 1564.

Su arribo a Guayaquil fue anunciado con bombos y platillos y a las personas y periodistas que le perurgían contestó con evasivas, que tenía que escribir primero, que aún no le había llegado el equipaje y desaparecida la magia del momento inicial, se fue perdiendo el interés, pero en privado cometió el error de dar la razón al Dr. Silva, siguiéndole hasta en lo de asegurar que el traslado de Francisco de Orellana se había realizado en 1538 y no el 37 como siempre se había sabido y cuando le indagaban por el acta de fundación de la Ciudad de Santiago inserta en el libro verde de Cabildos de Quito, negaba rotundamente que nuestra urbe pudiera haber sido fundada en la sierra. Así las cosas, empezó a procesar sus cuadernos y encontró una Probanza del conquistador Antonio de Rojas, compañero de Benalcázar en su expedición armada de 1535 contra los indios de la Puna y de la provincia de la Culata y publicó "El primer Alcalde de la ciudad de Santiago el Capitán Antonio de Rojas" en 4 páginas, donde sólo aportó datos periféricos sobre el problema, que sin embargo causaron sensación, fueron leídos con extrema curiosidad y contribuyeron a hacer más intrincado el problema.

Desde la llegada se había reintegrado a sus labores docentes y con la loable intención de procesar sus microfilmes trató de conseguir una máquina lectora en toda la ciudad pero no la halló y fue posponiendo su propósito y olvidó la paleografía.


(4) En 1981 dirigí el Centro de Investigación y Cultura del Banco Central en Guayaquil y me permití invitarle a trabajar juntos los microfilmes de su propiedad. Disponíamos de una maquina amplificadora para la lectura y de otra que sacaba fotocopias de tamaño normal, así es que me llevó los dos carretes en sus respectivas cajas metálicas guardadas en papel sensibilizado de aluminio, pero al abrirlo encontramos que ya era tarde, pues a consecuencia de los 25 años transcurridos, la humedad y al calor guayaquileños, se habían pegado unos con otros y nos fue imposible su lectura. Lastima y muy grande. Hoy están en poder de su hijo adoptivo.
En Enero del 57 viajó por primera ocasión a Lima y sufrió un deslumbramiento con sus archivos y bibliotecas que encontró llenos de datos sobre Guayaquil. Su viaje se fue prolongando cosa de dos meses, entretenido con sus buenas primas Olga de González-Vigil, Carmela de Almerini e Inés Pimentel Neira con quienes siempre había sido muy unido, que lo pasearon por todas partes y atendieron como al hermano que no tenían. Julio quedó tan encantado que regresó a Lima tres veces después, siempre en son de estudio, mas bien como diletante que como investigador.

El 1o. de Diciembre leyó el discurso de orden en el 89 aniversario de la fundación de la Universidad que tituló "Más altos que ellos, los árboles" y editó como "La primera galera sudamericana se construyó en Puna en el siglo XVI" en 15 paginas. El 58 viajó a Colombia y dio a la luz "Obras civiles y militares en el Guayaquil en el último tercio del siglo XVIII" en 27 páginas. El 3 de Agosto publicó en El Universo "¿Dónde está Amay?" en 3 páginas con datos de una carta enviada por el Capitán Diego de Urbina desde la ciudad de Santiago al Emperador Carlos V, el 1o. de Mayo de 1543, que ya había sido reproducida parcialmente por González Suárez en su Historia General de la República del Ecuador. Urbina habla de un traslado a causa del cerco de seis meses que le pusieron los Indios y menciona por primera vez a la provincia de Guayaquil, toponímico nunca antes citado. Federico Von Buchwald le respondió tratando de dar una ubicación probable a la antigua Amay, que Julio creía en Pimocha y Von Buchwald en Samborondón. En síntesis, nada trascendental sobre el problema de la fundación en sí.

Entre 1960 y el 62 ocupó por dos períodos el Decanato de la Facultad de Filosofía y Letras. Entre el 64 y el 68 ejerció la secretaría de la Corte Superior de Justicia de Guayaquil. En Julio del 67 regresó a Lima a investigar y editó a su regreso "La revolución de Octubre de 1820 en el Diario del Virrey de la Pezuela" en 34 páginas. El 68 "Alegato de Olmedo para no seguir en el Congreso Constituyente del Perú" en 10 páginas. El 70 "El último Corregidor de Portoviejo" en 9 páginas. El 71 se disgustó mucho con sus amigos los historiadores de Guayaquil que terminaron al Centro de Investigaciones Históricas donde Julio era Tesorero, para dar vida al Archivo Histórico del Guayas, proyecto con el que nunca estuvo de acuerdo.

Ese año publicó "En Guayaquil se juró la última Constitución española" en 6 páginas, y ascendió a Ministro Juez de la Tercera Sala de la Corte Superior de Justicia de Guayaquil.

El 72 sufrió un primer infarto leve y como no se dio cuenta anduvo caminando por la calle varios días hasta que su primo el Dr. Ricardo Carbo Flor lo internó en el Dispensario del IESS ubicado en Chile y Colombia, donde permaneció una semana en reposo. De allí en adelante se cuidó mucho, sobre todo en las comidas y bajó veinte libras porque siempre había sido de contextura gruesa.

El 74 hizo derruir la vieja casa familiar de madera, con su hermana construyeron una nueva de cemento armado y volvió a habitarla. Su departamento tuvo un amplio balcón y hacia atrás un hall cubierto que daba al patio, donde cultivó flores y hasta numerosas plantas ornamentales.

El 75 editó "Las visitas de Lord Cochrane a Guayaquil" en 10 páginas. En Junio del 76 pasó por Lima y siguió a Buenos Aires donde permaneció cosa de un mes. El 77 comenzó a colaborar en El Universo. El 13 de Noviembre sacó el artículo anterior. De esa época es su participación en la Comisión Permanente para la defensa del Patrimonio Nacional de la Universidad de Guayaquil. El 8 de Octubre del 78 editó "El baluarte de la Concepción del siglo XVIII en Guayaquil". El 24 de Febrero del 80 "Las reflexiones de Olmedo". El 8 de Junio "La Historia de Benzoni". El 17 de Agosto "Gitanos en la Audiencia de Quito en el siglo XVI". El 7 de Septiembre "Casa de Armas y almacén de pólvora en Guayaquil en 1776".

En Abril del 82 sufrió serias molestias en las arterias coronarias y viajó a Houston con su hijo, se operó exitosamente y al poco tiempo estaba totalmente rehabilitado.

El 85 dio a la luz "Caminos y medios de transporte en nuestro primer siglo colonial" en 35 páginas, su trabajo mejor logrado, especie de discurso largo y erudito sobre el tema, con citas bien traídas y novedosas, que había ampliado desde que el 26 de Mayo de 1983 publicara en El Telégrafo "De lo que va de ayer a hoy en los caminos del Ecuador".

El 15 de Abril apareció en El Universo "Curiosos derechos señalados a un Escribano del Cabildo de Guayaquil" y sufrió al poco tiempo un segundo infarto causado por una descomposición general porque estaba diabético sin saberlo, pero tras siete días de hospitalización se repuso rápidamente diciendo "Esto lo heredé por lo Carbo y no hay que hacerle mucho caso" y siguió medicándose constantemente y caminando de su casa a la Vieja Casona todas las mañanas como terapia saludable a su dolencia. Se puso más delgado y el 29 de Junio del 87 publicó "Escudos de armas solicitados por antiguos pobladores de Guayaquil y Portoviejo" con material traído de España para Robles y Chambers, fallecido en Noviembre del año anterior, sin haberlo publicado.

En Febrero del 88 decidió finalmente editar todo lo suyo en conjunto y comenzó por reunir tres de sus artículos sobre la fundación, aunque en realidad sólo trataban de los primeros años de vida de la ciudad de Santiago en la costa, que aparecieron en un parvo volumen de 40 páginas de "Poco y mucho sobre la fundación de Guayaquil", título que traslució algún sentimiento de culpa por no haber aportado más sobre el tema. (5)

El Viernes 17 de Abril a eso de las siete de la noche, asomado al balcón de su departamento se le ocurrió enviar a su hijo a comprar unos alimentos y cuando éste regresó, media hora después, le encontró muerto en su cama, con uno de sus perritos al lado, deduciéndose que debió sentir algo extraño y tuvo tiempo de acostarse. Tenia el rostro tranquilo, los ojos cerrados y 70 años de edad.

De estatura mediana, tez canela, pelo ralo y cano, rasgos regulares, miope que usaba anteojos bifocales. De joven gordo y alegre pues lo mejor de su personalidad siempre fue un carácter encantador y discreto, atento, jovial, risueño.

Con sus alumnos siempre servicial. Nunca se le conoció una mala palabra, un gesto díscolo, una carcajada, un chiste de doble sentido, una salida descompuesta. Todo en él denotaba al caballero, al hombre bondadoso y de bien, que amaba a su ciudad y se preocupaba del pasado.

Tuvo muchos amigos y hasta gustó de la bohemia y de la conversación chispeante y anecdótica. Más maestro que juez o abogado, pudo dar como historiador mucho pero le faltó carácter para tomar decisiones (6)

Metódico en su vida privada, ahorrativo, dejó fortuna. La Universidad de Guayaquil ha decidido reunir su obra dispersa y editarla en un volumen.

(5) Para entonces había concluído la vieja, polémica sobre la fundación de Santiago de Guayaquil, pues los esposos Dora León y Adam Szawzdi presentaron el 82 en el Congreso Latinoamericano de Historia celebrado en Buenos Aires, un arSienal de documentos relativos a reforzar la teoría del Ing. Aspiazu sobre la fundación de la ciudad de Santiago el 15 de Agosto de 1534 por mano del Mariscal Diego de Almagro en las llanuras de Liribamba. Acta de fundación que siempre se ha conservado inserta en el Libro Verde de Cabildos de Quito, como parte de los protocolos Itinerantes del Escribano Gonzalo Díaz de Pineda, que acompañó a la expedición de Almagro.

Así pues. el capítulo se había cerrado después de la oposición de varios historiadores que demoraron el triunfo de la verdad casi 30 años.

Otros artículos suyos son "El Piloto Mayor y las primeras naves españolas en el Pacífico" sobre Bartolomé Ruiz, "Guayaquil en la revolución quiteña de las Alcabalas", "De Capellán de las Galeras Reales a Capellán de Guayaquil", "Los esclavos negros en América", "Pedro Carbo la fundó" y "Cinco más uno" sobre la fundación de la Universidad de Guayaquil, "Circunscripción eclesiástica del litoral ecuatoriano", "Llámase a Bolívar para que independice al Perú", etc.

(6) En el No. 41 de los Cuadernos de Historia y Arqueología los esposos Szawszdi publicaron en 1974 "Las autoridades de la ciudad de Santiago (Santiago de Guayaquil) 1534-1616 trabajo erudito y onomástico, en apoyo a la teoría de Aspiazu, demostrando que los primeros Alcaldes de Cabildo habían sido en 1534 Diego de Tapia, Gonzalo Farfán, Cristóbal de Ayala y Marcos Varela. Y que Antonio de Rojas fue de los segundos con Diego Daza el 35; sin embargo Julio siguió en sus trece y el 88 incurrió en el error de publicar Poco o Mucho, incluyendo el artículo de Rojas, “ El primer Alcalde de la ciudad de Santiago el Capitán Antonio de Rojas, sin cambiarle el título ni parte de su contenido, como hubiere sido lo más lógico reconocer.