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LEONIDAS PLAZA GUTIERREZ
PRESIDENTE DE LA REPUBLICA.- Nació el 18 de Abril de 1865 (1). Hijo legítimo de José Buenaventura Plaza Centeno, colombiano, maestro de escuela. Diputado a las Cámaras de Barbacoas, a las legislaturas del estado, del cual fue Procurador y representante al Congreso de 1864. Después se trasladó a Bahía de Caráquez y actuó como agente de la Casa Seminario y en el periodismo, y de Alegría Gutiérrez Sevillano, mujer hermosa, alta, de facciones aristocráticas y exquisitas maneras sociales, ambos barbacoanos.

"Desde muy pequeño vivió en Charapotó y para ganarse la vida vendía chicha en las casas particulares e impedía que los borricos se comiesen el cacao recientemente cosechado y puesto al sol a secar. Muchacho, viajaba a canoa donde sus parientes los Andrade Plaza, después huyó de la casa de sus padres y pasaba el día revolcándose en la arena en las playas del mar, ora cuidando del ganado en una hacienda de sus tíos los Santos Centeno".

En Febrero de 1883 se sumó en un cuartel de Bahía a las fuerzas Regeneradoras del General Alfaro y avanzó con ellas sobre Portoviejo, Montecristi, Jipijapa y Mapasingue. El 3 de Junio tomó parte en el combate de los baños del estero salado y desalojaron a las fuerzas del gobierno que los ocupaban. El General José María Sarasti, que comandaba las fuerzas del interior de la República y se hallaba presente, consiguió de Alfaro que ordenara el cese de los fuegos, impidiéndoles tomar ese día a Guayaquil.

(1) En Charapotó existe la partida de bautizo de un José León Julio Plaza Gutiérrez, a quien la familia dice que le cambiaron el nombre sus padres, por amor a un hijo anterior llamado Leonidas que murió niño. Roberto Andrade publicó en 1912 que el único Leónidas era nacida en Barbacoas, puerto colombiano a orillas del río Telembí, y que la partida de bautizo en Charapotó corresponde a un hermano suyo.
También asistió al combate de Puerto Liza con el vapor de guerra "Huacho" y otros de la flotilla dictatorial, que pusieron en fuga con bastantes daños y bajas. Finalmente el 9 de Julio entró a Guayaquil como Teniente del Batallón Esmeraldas.

El 14 de Noviembre de 1884 plegó en Charapotó a la revolución liberal contra el presidente Caamaño y formando parte del contingente armado de su pariente Juan Francisco Centeno pasó a Bahía y se embarcó en Diciembre en el vapor "Alajuela":

Al día siguiente se produjo el desigual combate naval de Jaramijó. El Alajuela dio buena cuenta del Huacho en pocos minutos. Plaza estuvo entre los primeros que abordaron con Fidel Andrade y el Contramaestre Pancho Domínguez; las restantes fuerzas navales del gobierno al mando del General Reinaldo Flores llegaron a toda máquina en el "Nueve de Julio", tratando de ayudar a los suyos, pero hallaron a los dos barcos incendiados, que se iban a pique.

Mientras tanto Alfaro y los suyos habían ganado las playas a nado y se internaban en las selvas de Esmeraldas, combatiendo en retirada hasta las fronteras por Tumaco.

Después de sufrir esta odisea huyó a Panamá y tuvo que ganarse la vida como simple jornalero, pero el 18 de Agosto de 1885 el gobierno colombiano le obligó a salir de allí. Entonces Alfaro le recomendó ante su amigo personal Francisco Menéndez, presidente liberal de la República del Salvador, quien lo ascendió a Mayor, le confió la custodia de la plaza fuerte de Santa Ana y el 89 ascendió a Gobernador del estado de Sonsonate, con capital en el puerto de La Unión.

Contra él se levantó el caudillo conservador Carlos Ezeta y en la lucha murió Menéndez en 1890. Plaza plegó a Ezeta y fue ascendido a Coronel y destinado a la guerra contra Guatemala. Entonces se rebeló contra Ezeta el General José María Rivas apoyando al Dr. Rafael Ayala, que como Vicepresidente de la República era el llamado a asumir el mando. Plaza salió en defensa de Ezeta y fue derrotado por el General Letona, mereciendo la repulsa de su jefe Ezeta que hasta llegó a amenazarlo con el fusilamiento, pero después cambió de idea y lo envió a la frontera hondureña en persecución de unos guerrilleros. Llegado Plaza a la población de Sensuntepeque, que acababa de ser desocupada por los guerrilleros, la condenó al saqueo. Ezeta le premió con la Subsecretaría de guerra y le mandó a la frontera con Guatemala.

Poco después, en audaz maniobra que tuvo buen resultado, Plaza y Antonio Ezeta hermano del presidente de la República, atacaron a Rivas en San Salvador, venciéndolo. De allí en adelante pasó a desempeñar la Inspección General de Aduanas, hasta que el General Amaya le convenció para conspirar contra Ezeta, pero la trama fue descubierta y fue expulsado a California.

Al arribar a Acapulco telegrafió a Antonio Ezeta pidiéndole protección y el presidente "le colmó de aprobios por su deslealtad" en dos telegramas que mandó a publicar en los periódicos.

Plaza comprendió que ya nada más podía hacer en Centroamérica, regresó a Panamá "donde lavó botellas", siguió a Guayaquil y tomó a consignación varios cientos de quintales de azúcar en Valdez y Cía. que llevó a vender a Nicaragua, donde se puso al servicio del presidente conservador Roberto Sacasa en 1892, contra quien conspiró al poco tiempo el General liberal Juan de Dios Zelaya, que triunfó en la batalla de Masalla.

Plaza figuró entre los vencidos, pero usando de la Influencia de Alfaro consiguió nuevamente entrar al ejército nicaragüense, aunque por poco tiempo, pues se dedicó a conspirar con un señor Ortiz hasta que fueron sorprendidos y expulsados a Costa Rica en 1893, donde el presidente Rafael Iglesias Castro el 8 de Diciembre le nombró Comandante de armas del puerto de Alajuela con el grado de General.

Ese año y con motivo del serio conflicto con el Perú, se apresuró a enviar un telegrama ofreciendo su espada y persona en la defensa de la integridad territorial ecuatoriana y como el asunto no pasó a mayores, siguió viviendo en Costa Rica.

En Junio del 95 se valió de cuanto medio estuvo a su alcance para que Alfaro le trajera a Guayaquil y no lo consiguió por su pasada conducta. En el puerto, varios familiares y amigos intercedieron en su favor y finalmente Alfaro consintió en su venida.

Llegó cuando el ejército había viajado a la sierra y estuvo en Cajabamba poco antes de la batalla de Gatazo, donde prestó oportuna ayuda a Medardo Alfaro en lo más recio del combate, en calidad de Jefe de Estado Mayor y a la cabeza del batallón Daule, que sostuvo en todo momento los fuegos.

Desde el 26 de Enero de 1896 fue designado Gobernador del Azuay, pero renunció a las pocas semanas dejando en su reemplazo al Coronel Carlos Otoya, quien tuvo que hacer frente a la reacción conservadora del 23 de Mayo de ese año, apoyándose en el Coronel Ullauri, para dispersar a los revolucionarios del Azuay.

A principios de Junio regresó a la sierra y se puso a las órdenes del General Juan Francisco Morales, quien le nombró Comandante en Jefe de la Campaña del centro. El 3 de Julio batió a las guerrillas conservadoras en Quimiag, al tiempo que el presidente Alfaro las arrollaba en Chambo. Luego siguió con Flavio Alfaro al punto denominado Santo Domingo y en Huapante derrotaron al Coronel Francisco Bucheli y lo ahuyentaron; en Cuenca la situación era muy diferente pues la ciudad acababa de ser ocupada por los conservadores del General Antonio Vega Muñoz.
Alfaro se dio cuenta de la gravedad del momento y dejando de Gobernador del Chimborazo al Coronel Daniel Andrade y de Comandante de Armas a Plaza, se trasladó con el grueso del ejército y tomó Cuenca el 23 de Agosto, mientras Plaza abandonaba Riobamba y abría operaciones en el Tungurahua ayudado por el Coronel Pedro Concha que triunfó en Daldal el 18 de Agosto.

En Octubre asistió como Diputado a la Convención Nacional que se inauguró en Guayaquil y Alfaro le obtuvo la concesión del Generalato, confirmándole el grado que ya había usado en Centroamérica.

En 1898 viajó a esas repúblicas. En 1900 fue Comandante en Jefe de las provincias del Sur con sede en Loja, salió electo Diputado por el Tungurahua y cumplió en todo con la voluntad del presidente Alfaro, incluso acostumbraba viajar las mañanas a Pomasqui donde veraneaba la familia presidencial y empezó a cortejar a América Alfaro, de solo quince años, hija del viejo luchador, quien como padre amoroso, se emocionó y hasta pensó en algún momento en planes matrimoniales.

En 1901 volvió a la Cámara de Diputados y con el apoyo oficial la presidió, respaldando todos los proyectos del gobierno, especialmente el relacionado con el empresario norteamericano Archer Harman para la construcción del ferrocarril Guayaquil-Quito.

Terminadas las sesiones pidió a Alfaro que le nombrara Cónsul en los Estados Unidos o en Europa, pero el presidente prefirió tenerlo cerca en Quito.

Para la sucesión presidencial de 1901 surgieron las candidaturas del General Manuel Antonio Franco, del banquero Lizardo García y del Dr. Manuel Benigno Cueva. El primero contaba con la oposición conservadora que le atribuía equivocadamente el crímen del joven periodista Víctor León Vivar, el segundo no era mayormente conocido en el país y el tercero estaba invalidado legalmente por haber desempeñado la Vicepresidencia de la República entre 1897 y el 99.

Entonces, ante el fracaso de esas candidaturas, José Peralta, Abelardo Moncayo y Juan Benigno Vela intercedieron reiteradamente ante el presidente Alfaro para que apoyara a Plaza. El 11 de Noviembre de 1900 se inauguró el primer Comité placista en Quito y el 14 el de Guayaquil. Finalmente Alfaro cedió y Plaza triunfó ampliamente en las elecciones como candidato oficial con 65.781 votos, contra sus oponentes Lizardo García y Manuel Antonio Franco que solo lograron 7.916 y 196 votos respectivamente; pero Alfaro se arrepintió de su apoyo y le pidió que renunciara, pues habían rumores de un entente de Plaza con los conservadores y no quería que el liberalismo fuere traicionado. EI electo tomó posesión del mando el 1o. de Septiembre y no designó a Alfaro para la Comandancia General del Ejército o para la gobernación del Guayas, como se lo tenía prometido. El distanciamiento fue por demás evidente. "Plaza ocultaba la energía indomable de su carácter tras una permanente sonrisa placentera y tras una benevolencia ingénita que los observadores superficiales confundían con visible incapacidad para las grandes resoluciones”. Además, su matrimonio con Avelina Lasso Ascázubi le había abierto las puertas de la alta sociedad quiteña.

Su gabinete ministerial quedó conformado de la siguiente manera: En el Interior Miguel Valverde. En Relaciones Exteriores César Borja Lavayen, que se excusó y dio paso a José Peralta. En Instrucción Pública Julio Arias. En Hacienda Juan Francisco Game. En Guerra y Marina Flavio Alfaro. Entonces, con gran habilidad y fondos del estado compró algunas plumas espléndidas y con dineros de los fondos fiscales hizo publicar periódicos como La Linterna y Sanción y dio verdadera libertad de prensa. Suprimió la policía secreta, impuso orden en la marcha administrativa, intentó dar cierta sensación de honradez y hasta pasó por tacaño en los gastos públicos, pero no se paró en los medios para conseguir sus fines. Con gran sentido práctico procuró que se continuasen los trabajos del ferrocarril y prosiguió la política alfarista de reformas liberales a través de un Congreso dócil y obediente. El 3 de Octubre de 1902 se dictó la Ley de Matrimonio Civil y Divorcio y el 13 de Octubre de 1904 la Ley de Cultos. El 26 de Junio de ese último año habíase producido un enfrentamiento armado en el puesto fronterizo de Angostero y el 28 ocurrió otro peor en Torres Causana, pero no se llegó a la guerra con el Perú.

En esa primera administración Plaza abrió las cárceles. Se despojó de las facultades omnímodas y suprimió la pena de ostracismo, recibiendo a los ex-combatientes fronterizos que también estaban cansados de tantas luchas y guerrillas, de suerte que su período restauró la armonía social del país. Entonces pudo comenzar su labor de progreso a través de nuevas leyes. En 1904 se trató de poner fin al problema territorial con el Perú entregándole una salida al Pacífico al Brasil, lo que no pudo ser aplicado. La obra del ferrocarril avanzó hasta Alausí y se construyó el famoso paso de la nariz del diablo; sin embargo, la reacción clerical continuó activa y los conatos de sublevación, aunque en menor escala que con Alfaro, siguieron produciéndose en la sierra.

Al término de su período impuso la candidatura oficial de Lizardo García, antiguo oponente suyo en 1901 y luego su aliado común contra Alfaro. García triunfó ampliamente, asumió el poder el 1o. de Septiembre de 1905 y designó a Plaza Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Washington.

Plaza había demostrado en el ejercicio del poder ser un hombre "frío, calculador, no violento, que en las reuniones sociales gustaba cambiar los pesados bailes de etiqueta con las rumbosas chilenas, no sin disgusto de las aristrocráticas damas, pero con gran regocijo de la democrática concurrencia. Era amigo de ganarse la buena voluntad de todos y no le importaba prometer en falso cualquier cosa y eludir luego el cumplimiento con una excusa y una delicada sonrisa, que aún al perjudicado por la falsía le cortaba las alas para ir a engrosar las filas de la oposición. Andaba por las calles sin escolta, sin el andamiaje de la etiqueta presidencial. No se incomodaba ni ante los insultos más groseros ni ante los ataques más despiadados a su honra", según opinión del historiador Wilfrido Loor.

El 1o. de Enero de 1906 estalló en Riobamba la revolución alfarista y tuvo que regresar inmediatamente a Guayaquil llamado por el diligente Vicepresidente de la República Dr. Alfredo Baquerizo Moreno. Arribó el 18 de Enero, tres días después de ocurrida la batalla de Chasqui que abrió las puertas de Quito a la revolución, pero ni eso lo inmutó y lanzó su célebre frase: "Esta revolución se la sofocará a sombrerazos" y se proclamó Director de la guerra. El día 19, en vista de que el presidente García se había asilado en la legación de Colombia en Quito, reconoció como gobierno legítimo al del Vicepresidente Baquerizo, quien formó su gabinete; pero ese mismo día el Cuerpo de Policía de Guayaquil se declaró por Alfaro, abrió las puertas del cuartel al pueblo, repartieron fusiles y municiones y reconocieron al Dr. Emilio Arévalo como Jefe Civil y Militar de la plaza. Al medio día atacaron el Cuartel de Artillería y el batallón Vencedores. En medio del fragor del combate. Plaza, con el revólver en la mano y viéndose amenazado de muerte, se embarcó a Panamá, siguió a New York y llevó vida de proscrito durante cinco años hasta Septiembre de 1911, siendo recibido en Quito con estruendosas ovaciones, cuando regresó en esa fecha.

Alfaro se había caído a consecuencia de un cuartelazo militar y gobernaba constitucionalmente el presidente Emilio Estrada, quien designó a Plaza en el Ministerio de Hacienda, donde permaneció poco tiempo, renunciando por diferencias de criterio con el primer magistrado, para ocupar una Diputación por Esmeraldas.

Muerto Estrada el 21 de Diciembre de ese año, se encargo del poder Carlos Freile Zaldumbide, que pasó a ser un títere en manos de Plaza, por el temor reverencial que le guardaba, Al día siguiente Plaza lanzó su candidatura a la presidencia en Quito y fue respondido el 28 con la proclamación de la Jefatura Suprema del General Pedro J. Montero en Guayaquil. Así las cosas, arribó Alfaro al puerto, mientras subía el ejército a la sierra comandado por Flavio Alfaro y bajaba de la sierra otro ejército a las órdenes de Plaza y del General Julio Andrade.

Los primeros encuentros se dieron en los cerros cercanos a Huigra el 11 de Enero de 1912 y fueron favorables al ejército de la sierra, que el 14 arribó en tren a Naranjito, ocupando esa plaza tras largo tiroteo. De allí a Guayaquil sólo había un paso, que fue muy disputado.

La población de Milagro, con Enrique Valdez a la cabeza, plegó a Plaza. Alfaro aconsejó desde Guayaquil el abandono de Yaguachi, mas su sobrino Flavio no le obedeció y el día 17, haciendo prodigios de valor, resistió varias horas de cruento ataque, fue herido en un muslo y perdió su caballo. Por eso tuvo que retirarse Flavio a Guayaquil, como había sido el plan original y a su arribo fue cancelado por Montero, diviéndose aún más el liberalismo con la separación de los Flavistas. Plaza llegó a enterarse de esto y les mandó a proponer la paz, que fue aceptada en principio.

El 20 se reunieron los comisionados en Duran. Las bases fueron presentadas por los monteristas y el 21 las aprobó Plaza, quien accedió a dar amplias garantías a los vencidos. El 22 entró en el puerto y lo primero que hizo fue mandar a apresarlos, pues en la confianza de que se respetaría lo firmado, los vencidos ni siquiera habían buscado asilo.

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