QUINTILIANO SANCHEZ
RENDON
POETA Y ESCRITOR-
Nació en Quito el 13 de Abril de 1848. Hijo
legítimo de José Sánchez Villagómez
y de Micaela Rendon Olais, quiteños de clase
media.
En 1860 empezó sus estudios
de Humanidades Clásicas en el colegio de San
Luis, que prosiguió poco después exitosamente
con los jesuitas, hasta llegar a traducir a los clásicos
latinos. Entre el 65 y el 68 enseñó
Literatura y lengua Latina en el San Luis. El 68 pasó
a Latacunga contratado para el colegio San Vicente,
reputado el mejor de la República, dictó
las mismas materias y tuvo por discípulo a
Juan Abel Echeverría Llona. Fruto de sus experiencias
pedagógicas fue un texto de "Arte Métrica"
escrito hacia 1870 y publicado ese año para
uso de sus alumnos.
En 1875 apoyó la candidatura
presidencial del liberal Antonio Borrero. El 76 editó
un "Prontuario de Retórica y Política"
en 229 páginas, "donde se descubre su
generosidad en el aplauso, el anhelo de exaltar la
obra de sus compatriotas, el ningún egoísmo
para cubrir el elogio de las producciones de los escritores
a quienes consideraba dignos de atención y
encomio en el tiempo de su enseñanza"
(1) y cuando el 8 de septiembre de ese año
se produjo la revolución liberal en Guayaquil,
que llevaría al poder al General Ignacio de
Veintemilla, con Echeverría fundó en
Latacunga el periódico político "El
Republicano" para la defensa del sistema constitucional,
fue perseguido, perdió la cátedra y
tuvo que salir con su socio a Colombia, soportando
en el destierro numerosas contradicciones y penurias
económicas que le llevaron a componer hermosas
poesías, reunidas en "Acentos de un proscrito".
(1) Dice Isaac J. Barrera que
Sánchez dio una prueba de su comprensión
inteligente el poner de relieve la obra poética
de Abelardo Moncayo, ciudadano perseguido entonces
por haber tomado parte en la tragedia del 6 de Agoto
de 1875.
En 1879 volvió a Quito después de más
de dos años de ausencia para seguir dedicado
a la enseñanza y al periodismo, El 1o. de Enero
de 1881 fundó "La Revista Literaria"
y allí apareció su famosa "Oda
al Chimborazo" dedicada a su amigo Carlos R.
Tobar, un romance histórico "La Hija del
Shyri" dedicado a Roberto Espinosa, así
como numerosos artículos políticos y
polémicos denunciando la dictadura que preparaba
el Presidente de la República en favor de sí
mismo y cuando ésta se produjo en Marzo de
1882, volvió al destierro en Colombia hasta
fines de ese año, que regresó por la
frontera como secretario de la expedición armada
del General Ezequiel Landázuri Benitez y entró
a la capital el 10 de Enero de 1883.
Entonces le designaron Director
de la Gaceta Oficial y de allí pasó
a Ministro del Tribunal de Cuentas, sin dejar por
eso de seguir en el estudio de los clásicos,
de hacer felices traducciones y hermosos poemas que
publicó hasta los últimos años
de su vida.
El mismo año 83 intervino
en el Certamen Nacional de Poesía promovido
por el Centenario de la muerte de Bolívar,
con su "Canto a Bolívar", y compartió
el segundo premio con Emilio Abad (2) De ese tiempo
es su "Oda al Cotopaxi" y en los Anales
de la Universidad Central apareció publicada
su traducción en verso de la "Oda a Melpómene"
de Horacio. Por todo ello, en 1884 fue designado profesor
de lengua Latina en el Seminario Menor de Quito y
sacó sus "Recuerdos de la Restauración",
obra muy poco conocida.
El 87 fue elegido miembro de
la Academia ecuatoriana de la Lengua. Su Discurso
y la contestación del padre Manuel José
Proaño, S. J. aparecieron en las Memorias de
esa institución en 1889.
(2) El primer premio lo obtuvo
Remigio Crespo Toral por su composición en
verso blanco titulada "Los últimos pensamientos
de Bolívar".
Entonces ocurrió el
distanciamiento de los miembros conservadores de la
Academia, con la Política del Presidente Antonio
Flores Jijón, que fundó el partido político
Progresista, dividiendo a la derecha ecuatoriana.
EI 31 de Enero de 1889, cuando
Vicente Pallares Peñafiel y Trajano Mera fundaron
la "Revista Ecuatoriana", empezó
a dar a la luz numerosas poesías de tono menor,
rehuyendo el tratamiento de los temas políticos
que solo acarrean disenciones y problemas y así
salieron “A mi hija Delia María",
'Treinta y uno de Diciembre", “La Niña
y el Colibrí", "El río San
Pedro", "Contemplación", "Rimas".
Igualmente publicó romances históricos
y didácticos escritos en prosa o verso como
"Pedro de Candía", "Quiquiz",
"Guayanay y Ciguar", "Una fiesta de
Intiraimi", "La hija del traidor",
"La muerte del Marqués"y "Sayri
Túpac".
El 90 ingresó a la Congregación
de Caballeros de la Inmaculada y por su sólida
virtud llegó a Prefecto. En Agosto del 92 contestó
el discurso de ingreso a la Academia de Francisco
Febres-Cordero Muñoz, conocido en religión
como Hermano Miguel, con una Alocución de 16
páginas que recién salió a la
luz en 1942, en la imprenta de La Salle.
Por ese tiempo fue víctima
de varias críticas burlescas aparecidas en
el periódico "Don Venancio", donde
escribían con humor cáustico varios
académicos del bando conservador de la talla
de Carlos R. Tobar y José Modesto Espinosa,
distanciados por causas políticas del partido
progresista al que se pertenecía Sánchez.
El origen de esas pullas, que
mucho daño le hicieron dada su alta condición
de humanista, fue la publicación de una de
sus historietas; "La gallina cenizosa",
en la Revista Ecuatoriana. Poco después "Don
Venancio" siguió dándole duro por
dos de sus poesías, ciertamente poco afortunadas,
tituladas "Amor" y "Glorias Póstumas",
insertas en la célebre Antología que
ese año editó nada menos que la propia
Academia, como ejemplos de perfección literaria,
dignos de ser imitados.
“Erró Sánchez, pues fue múltiple
y vastísimo”, también tentó
la poesía religiosa y "no es solo la abundancia
de amor lo que campea en esa clase de composiciones,
sino su celo apostólico y su saber doctrinario"
y como no gustaba de meterse a político, pues
tenia suficiente ocupación con sus tareas de
maestro retraído y pacífico, de conducta
piadosa y arreglada nadie le importunó cuando
advino la revolución liberal del 5 de Junio
de 1895.
"En 1901 fue electo Director
de la Academia en reemplazo del Dr. Carlos R. Robar
y a su dedicación se debieron los numerosos
ingresos que experimentó dicha institución".
El 3 dio a la luz pública en el periódico
"La Ley", un pequeño ensayo de 16
páginas bajo el título de "Nuestra
eterna cuestión de límites con el Perú",
relievando la obra evangelizadora en el oriente del
padre Enrique Vacas Galindo, trabajito que sirvió
"para ordenar y popularizar muchos de los fundamentos
de nuestra defensa territorial, antes no sistematizada
por falta de documentación".
El 5 sorprendió a la
crítica nacional con una obra de controversia
socio-política "Amar con desobediencia",
novelando costumbres contemporáneas en 637
páginas que debe ser leída por todo
estudiosa de nuestra literatura, porque allí
"analizó los cambios que se iban produciendo
en la sociedad ecuatoriana a causa de los gobiernos
liberales. Por eso su autor advirtió en el
prólogo, que el episodio a contarse se entrelazaría
con el acontecimiento político y entonces la
convirtió a su novela en una obra de tesis,
escrita bajo el punto de vista conservador y usando
una técnica anacrónica".
Los personajes reales señalados
la consideraron menos que mediocre. Manuel J. Calle,
mencionado bajo el remoquete de "Malvenuto Pillastrón"
por su conocido pseudónimo de Benvenuto con
que diariamente firmaba sus artículos de prensa,
la criticó mordazmente, pero eso pareció
no importarle una higa a don Quintiliano que ya estaba
curado de espantos desde las pifias recibidas en Don
Venancio y quizá por ello, adelantándose
a los acontecimientos o lo que es lo mismo, curándose
en sanidad, había escrito en la Advertencia:
"Si alguien se cree retratado, con su pan se
lo coma", para agregar: "Si algún
mérito tuviere esta novela, ella vivirá
a pesar de las censuras y dicterios que se me prodiguen"
y vaya si cosechó censuras y dicterios en exceso;
sin embargo "Amar con desobediencia", a
pesar de haberse constituido en un sonado best seller
del momento, no ha vuelto a gozar de popularidad y
hoy solo es un título más de la bibliografía
ecuatoriana.
En 1907 publicó su traducción
en prosa del Tratado de la Vejez de Cicerón,
que dedicó a su amigo el Dr. Luis Felipe Borja
y salió en las Memorias de la Academia. El
10 apareció la segunda edición corregida
y aumentada de su Prontuario con el título
cambiado a "Compendio de Retórica y Poética"
en 340 páginas, libro utilísimo para
los estudiantes secundarios de la República,
que lo habían venido utilizando cuarenta años
y volvió a agotarse.
Ese año formó
parte de la Junta Patriótica Nacional durante
la movilización militar que felizmente no llegó
a convertirse en conflagración con el Perú.
Entonces se difundió por toda la República,
un afiche hoy clásico, con los retratos de
sus miembros.
Estaba viejo, aunque no anciano,
pues siempre fue de buena salud. Ya había traducido
algunas Églogas de Virgilio y no continuó
en ese afán por considerar que no podían
mejorarse las del colombiano Miguel Antonio Caro.
Tenía numerosas leyendas como la del Padre
Almeida, publicada parcialmente en las Memorias y
que lamentablemente nunca concluyó. También
gustaba hacer de gramático y en la revista
de la Asociación Católica de la Juventud
Ecuatoriana editó "El régimen de
un verbo a otro".
Vivía viudo y modestamente
en una casa propia ubicada en el barrio de la Flores
entre Mejía y Olmedo al lado de San Agustín
y de su matrimonio con Amalia Baquero Melo tenía
numerosa descendencia, entre la cual sobresaldrían
después su hijo el poeta Manuel María
Sánchez, que ocupó el Ministerio de
Instrucción Pública entre 1914 y el
16; Luis Pompeyo Sánchez autor de varias obras
de teatro y Carlos Sánchez Médico distinguido.
Visitaba a su amiga, mi tía
bisabuela Zoila Rosa Tinajero Freile, haciéndose
acompañar hasta la puerta de un familiar cualquiera.
Ya en la amplia sala, con muebles grandes y negros
forrados de terciopelo rojo, conversaban dos o tres
horas sobre temas elevados y piadosos, incluyendo
otros de la más variada naturaleza y casi siempre
relacionados con la ciencia y la literatura, pues
ella era una señorita culta, a quien había
conocido de profesora en el colegio de monjas del
Buen Pastor. En muchas ocasiones la tertulia se deslizaba
a la política, el costo de la vida y la simple
chismosería lugareña, pero todo ello
sin la menor malicia. También intercambiaban
opiniones sobre la vida de las comunidades y los oficios
de las congregaciones pías, el Padre tal o
la Madre cual. En ocasiones les dio por aprender el
francés con diccionario.
Durante sus dos últimos
años sufrió mucho a consecuencia de
una caída en media calle y tuvieron que entablillarle
la pierna derecha, muriendo de las complicaciones
provocadas por su asma bronquial que nunca le había
abandonado, en Quito, el 24 de Julio de 1925, a los
77 años de edad.
Menudo y hablantín,
con tendencias a explicar como si estuviera disertando
en una de sus clases, al final de sus días
decidió no seguir usando su plancha postiza
porque le causaba molestias en las encías,
que por dicha razón se le secaron, dándole
una apariencia algo cómica.
El bigote poblado y cano, el
pelo tirando a blanco amarillento, corto y ondulado.
Grandes las orejas, lentes pequeños aunque
gruesos por su miopía. Usaba levitón
negro de casimir o de tafetán según
la ocasión, que jamás se sacaba o abría
durante las visitas. El cuello almidonado y de pajarita,
el corbatín amplio y negro.
Blanco, sonrisa fácil
y agradable, pues reía mucho y a veces de sus
propios chistes, que casi siempre eran coreados y
hasta festejados porque era un académico quien
los pronunciaba. Escuchaba con atención y suma
cortesía a todos, incluso a los pequeñines,
para quienes tenía especiales muestras de aprecio.
Sus despedidas eran ceremoniosas, protocolarias y
muy largas, tanto para las entradas como para las
salidas, que iniciaba con repetidas venias y zalemas.
De viejecito su figura se volvió muy conocida
en las calles quiteñas por su costumbre de
salir todas las tardes a dar una vuelta por los barrios,
a saludar amigos y conocidos a ventearse.