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FRANCISCO TOBAR Y GARCIA
POETA Y ESCRITOR.- Nació en Quito el 3 de Noviembre de 1928. Hijo legítimo del Dr. Julio Tobar Donoso (Véase su biografía en el Tomo II) y de Angela García Gómez naturales de Quito y Guayaquil, respectivamente.

Fue el cuarto de una familia de cinco hermanos criados en una casona de la calle Cotopaxi, cerca de la iglesia de La Merced, dentro de las más estrictas normas de un catolicismo de dos misas diarias y golpes de pecho, por lo tanto hipócrita, trasnochado, fanático, anacrónico y a vinagrado, según sus propias palabras.

Primero asistió a un Jardín de Infantes de las monjas de la Providencia y en 1932, con motivo de la llegada a Quito de la Compañía de teatro francés de Louis Jouvet, su madre lo prestó para que hiciera el papel de niñito en una obra, pues como le hablaba solamente en ese idioma, el niño lo dominaba con gran fluidez.

Entre el 34 y el 35 estuvo un año alojado en casa de su pariente materno Manuel Larraín curándose un asma incipiente en el intenso frío seco de Santiago de Chile. Era triste y melancólico, pues añoraba a la joven Consuelo Pino Plaza, fallecida cuando era novia de un tío suyo y a la que el niño había considerado como una verdadera madre.

De regreso a Quito ingresó al pensionado Borja donde fue soñador, enfermizo y “aprendía a tener miedo”, pues chocó con la rigidez imperante en dicha escuela y al llegar a los nueve años empezó a hacer teatro de títeres con su compañero Luis Mera. Sus padres siempre apoyaron toda manifestación de cultura. Representaban obras improvisadas y cobraban cinco centavos la entrada. De doce años empezó a ser inquieto y organizaba corridas de toros con unos perrazos del vecindario, utilizando trozos de encauchados rojos que terminaban destruidos a mordiscazos. Entonces comenzó a escribir versos que olvidó por ser obra inmadura y circunstancial.

El 41 ingresó al Colegio San Gabriel. El 44 hizo el papel de Sucre en la obra de teatro "La Sangre del Abel" dirigida por su piadoso profesor de Literatura el padre Jorge Chacón, S. J. quien solía recomendar en sus clases no leer ciertas obras de Balzac, Sola, Montalvo, Vargas Vila y Baudelaire, que por supuesto eran inmediatamente buscadas en la Biblioteca Municipal. Así, solamente por llevar la contraria, terminó siendo un cultísimo lector y un notable autodidacta.

A principios del 46 y cuando cursaba el quinto año de Secundaria, representó "Los Bandidos" de Schiller en el San Gabriel. En Julio estrenó su comedia breve "La farsa de un extranjero", primera de las obras suyas, compartiendo papeles con su compañero Jorge Córdova Guerrón. Se vivía entonces un saludable ambiente literario y otro de sus compañeros, Claudio Mena Villamar, formó "El Parnaso", con varios estudiantes poetas que se reunían en su casa.

También funcionaba una sociedad media secreta de alumnos literatos llamada "La araña negra" por una terrible logia antijesuita de no sé donde, cuyos miembros aspiraban a declarar una huelga para que no se les siguiera atormentando con la presión religiosa constante y todo lo demás, pero jamás llegaron a los hechos. Tobar considera que el mayor drama de su vida ha sido el religioso y por eso se considera un neo pagano (1) como rechazo plenamente conciente a una educación victoriana, apostólica y romana.


(1) Solamente desde 1987 solucionó el problema religioso.

El 47 se graduó de Bachiller en Filosóficas Sociales con la máxima nota de Diez, tras un grado al que asistió medio chispo, pues había ingerido un par de wiskys para los nervios y terminó dando una conferencia sobre el Quijote. Ese año entró a la Facultad de Jurisprudencia de la recién creada Universidad Católica.

El 48 vivió una bohemia de cantinas y mujeres y fue profesor del Colegio de Fátima de las monjas cubanas con S/. 1.000 mensuales de sueldo. Entonces su padre, quizá para alejarlo de ese género de vida, lo envió al Año Santo Compostelano y estuvo varios meses viviendo en España, Francia e Italia, luego radicó en Madrid, dedicado a cambiar los dólares de la colonia ecuatoriana por pesetas en Tánger, ganando un porcentaje sobre el diferencial cambiario.

Entre el 49 y el 53 presidió el "Café Bohemio" en su casa, para leer y discutir las obras de los miembros; vendió acciones en La Unión para la promoción del diario "El Tiempo" y formó parte del grupo cultural "Presencia" con Filoteo Samaniego, Ricardo Crespo Zaldumbide, Gonzalo Pesantes Reinoso y Francisco Paredes entre otros poetas "salidos de familias de la alta burguesía quiteña y las aulas del centenario colegio jesuítico de Quito y dieron el más hilarante, crudo y desolador testimonio de todo cuanto de antinatural y opresor había en el mundo construido entre esos dos polos".

Ese año apareció su primer poemario "El grifo mal cerrado" en 32 páginas, en el número 2 de la revista que sacaba su grupo, conteniendo un conjunto de poemas escritos en alguna mesa de café y que pasaron casi desapercibidos; pero el 51 se estrenó exitosa y muy tempranamente con "Amargo", poema largo y de páginas sin numerar, apareciendo en el No. 3 de "Presencia" y en separata aparte, con la vida de un muchacho llamado Amargo, cuya estructura de discurso narrativo, interior cuenta una historia con dejos autobiográficos, metáforas y alegorías. En continuado juego velan y desvelan impresiones eróticas. Una radical ambigüedad preside el poema y es clave de su tensión y hondura. Hay soledad y obscuras angustias y fue poema largo aliento, con muchos logros y primicia muy reveladora, según opinión de Hernán Rodríguez Castelo, a quien seguiremos en la parte poética de la obra de Tobar.

Alejandro Carrión opinó que al publicarse Amargo se tuvo la impresión de que algo nuevo y al mismo tiempo viejísimo, amanecía en la lírica ecuatoriana. Carrera Andrade y Gonzalo Escudero también saludaron alborozados al nuevo poeta y del exterior le llegaron voces de felicitación de poetas tan grandes como Vicente Aleixandre.

El 52 editó "Segismundo y Zalatiel" en 22 páginas, conteniendo dos poemas contradictorios; el uno "Segismundo lloroso", añoranza del mundo clásico de formas métricas y rimas consonantes y al mismo tiempo con la nota contemporánea de amarga ironía personal. El otro "Cuenta el cura Salatiel Murillo lo mucho que sufrió en el pueblo de Yanasqui", de forma narrativa de gran simplicidad a veces rayana en el desmaño, con empaque lírico de ritmo, tensión e ironía desolada, cuyo relato comienza desde la atormentada conciencia del cura, historia patética, intensa, con clima de realismo maravilloso y pesadilla, está en la línea de las formas narrativas que empezaba a estrenar el nuevo relato ecuatoriano. Estupenda empresa, pero de realización un tanto desigual.

El Cardenal de la Torre, al leer los poemas y sin comprender las imágenes y metáforas, cuando tuvo oportunidad de conversar con el Dr. Julio Tobar Donoso, padre del poeta, le dijo: "Ese tipo de poesía no es digna de ser escrita por un hijo de familia tan católica" y no condenó la obra solamente por consideraciones al amigo. “Yo he sido vanidoso, orgullosos, terco, En ese tiempo mi empeño de escritor le inquietaba mucho a mi padre. Gente que le decía que yo estaba escribiendo una literatura prohibida pero él callaba y respetaba mi trabajo”

El 53 se graduó de Abogado y escribió la tesis "Delitos contra la vida" pues le apasionaba el derecho penal, pero su profesor no quizo aceptarla a pesar de tener más de 440 páginas porque, según dijo, le faltaba la segunda parte y por solamente eso no es Doctor. Ya estaba casado con María Augusta Cobo Albornoz y era padre de familia, acostumbraban pasar largas vacaciones en Playas, provincia del Guayas, junto al mar.

Ese año dejó las cátedras de Gramática y Literatura donde las monjas, pasó de ayudante de la Tesorería de la Universidad Católica de Quito y desde el 55 fue Tesorero hasta el 60, que ascendió a de profesor de Gramática y Literatura Española a la Facultad de Filosofía y Letras de dicha Universidad donde luego dictó Estética y Literatura Comparada.

El mismo 53 dio a la luz "Naufragio" en edición reservada con solo 14 estrofas, poemario que vio un total de cuatro ediciones, donde ensayó una nueva forma de verso arrancada al griego bajo la influencia del padre Aurelio Espinosa Pólit, que le confió su primera versión de las Geórgicas, traducida del Latín al Castellano, a fin de que le propusiera enmiendas a los versos que estimare de menor valor (2).

"Naufragio" fue una obra trabajada largamente hasta obtener su versión final y definitiva en 1962 en 104 páginas. "En un clima de alegorías religiosas, obscuras y obscuramente sacras imágenes de mar, el mar y el bosque sepultado en el mar. Todo, preparativos de ceremonia mortal; que, como símbolo ominoso, preside el quehacer marinero. El poema es de sostenido aliento y los manes de Góngora presiden esta empresa, de redescubrimiento y trasmutación estética del mundo".


(2) De las 24 enmiendas propuestas por Tobar a Espinosa, este tuvo la humildad de aceptar 18 y cambió sus versos en cada uno de esos casos.

Arístides Meneguetti, un uruguayo anarquista, montó en Quito el grupo de "Teatro El Independiente". Tobar siempre había tenido aficiones por ese arte y dirigió la primera obra en el aula Benjamín Carrión de la Casa de la Cultura. De allí en adelante se hizo cargo del grupo hasta 1970. Fueron 17 años de continuo bregar por diversas ciudades del país y aún del exterior, siempre con llenos completos y hubo obras como "El César ha bostezado" que se representaron más de una semana con un éxito tal, que solo puede ser explicado por su carácter netamente antimilitarista y contrario a la prensa oficialista representada por el diario "El Comercio" durante la Dictadura de la Junta Militar del 63 al 66. Por eso la labor de Tobar ha sido única en el Ecuador y no ha tenido reprise. Ricardo Descalzi ha opinado: "Si el teatro en los últimos tiempos retornó a su sendero borrado, si su dormida expresión volvió a surgir removiendo el sopor, justo es reconocer que esta etapa abrió sus telones por la voluntad tesonera de Francisco Tobar, infatigable en su empeño de verter por sí mismo su pensamiento, revitalizando la escena. Mas, su dinamismo explosivo no tuvo un camino fácil, para imponerse luchó contra prejuicios de toda índole, acumulando sobre si críticas acerbas, entredichos y soterradas conjeturas. Su teatro no se ciñe a las técnicas, limita la acción para dar movimiento a los pensamientos, se inmoviliza a que corran las ideas y ésta es la característica casi general de sus obras dramáticas. Recorre todos los caminos del arte dramático, va con soltura desde la comedia a la tragedia, pasando por el auto religioso y la escenificación heroica, expresándose en prosa o en verso como debe antojarsele de pronto. Desde 1948 escribió su primera pieza seria "Los prejuicios sociales" y luego "Final para una Historia" y "Después del olvido", Luego saldrían de su pluma "Yanasqui" o "Casa de Naipes", condenada al olvido a pesar de constituir el primer paso serio en su carrera de autor.

En 1954 editó "Smara" con 20 sonetos en 25 páginas buscando la perfección formal y al mismo tiempo cantando a la nada. Smara es el nombre de una ciudad perdida en el desierto, que después él conoció. Son sonetos "de mensajes obscuros donde la cotidiana alcoba se trasmuta extrañamente y cobra livideces desoladas y hondas, ganando en tensión I frica y poder de sugestión hasta el estremecimiento".

En 1956 el Teatro Intimo que dirigía el Dr. Carlos Loewenberg presentó su última función. Puso en privado "La Res", una de las primeras obras de Tobar, en el local donde el grupo naciera, el Bodegón de la cueva del Búho, marcando el final de la actividad teatral de Loewenberg. De allí en adelante incursionarían en el teatro el grupo del Teatro Experimental Universitario y el Teatro Independiente, bajo las direcciones de Sixto Salguero y Francisco Tobar García, respectivamente.

Ya desde el 54 Tobar había montado sus obras: "El Miedo", donde trató sobre la muerte y la soledad humanas, sus temas de siempre; "Las Mariposas" y "Jempera". El 55 puso en el Club femenino de Cultura "En una sola carne" que se representó seis veces. El 57 pasó al aula Benjamín Carrión de la CCE y montó "La Tiniebla exterior" estrenada con gran éxito. Y "La llave del abismo". El 63 dio una variedad de obras propias y ajenas, como "Jueves" de Ernesto Albán Gómez. Ese año salieron por primera vez de gira por Guayaquil, luego viajaron por el resto del país. Tobar era un infatigable director y actor principal.

En 1957 escribió en "Trece años de cultura nacional" edición de la CCE, un pequeño trabajo titulado "Teatro durante los años 1944 a 1956 visto por un autor".

Descalzi no encuentra en sus piezas nada positivo, que sin ser un destructor es el relator dramático de la vida, expuesta con frialdad y realismo hasta provocar náusea y desprecio. Sus parlamentos están escritos con sobrada altura, sin desfigurar el idioma, como una prueba de su vigorosa capacidad intelectual, pero cuando el ambiente requiere un léxico popular lo utiliza sin temores. Su estilo es elegante, casi con cierto refinamiento, sobre todo en sus obras poéticas, donde la donosura la logra sin fútiles recargos, en versos de calidad y perfección". En 1957 logró el premio nacional de teatro. Tobar está considerado el mayor dramaturgo ecuatoriano del siglo XX y al mismo tiempo se le puede situar entre los primeros poetas nacionales de todos los tiempos.

Entre 1961 y el 63 dirigió la editorial de la Casa de la Cultura con tino, idoneidad y entereza. (3).

De allí en adelante la vida de Tobar se reflejó en su teatro que fue ganando terreno sobre su poesía, a través de numerosísimas obras, algunas de las cuales fueron recogidas en dos tomos con el título de "Teatro" en 1962 en la CCE en mas de ochocientas páginas, y son: 1) El Miedo, comedia en prosa y en un acto, estrenada en 1954. 2) Las Mariposas, comedia en prosa y en un acto. 3) En una sola carne o La Trampa, comedia en prosa y en tres actos estrenada en 1955. 4) La Res, tragedia en prosa y en un acto. 5) Atados de Pies y Manos, tragedia en prosa y en tres actos. 6) El Limbo o Todo lo que brilla es oro, comedia en prosa y en tres actos estrenada en 1958. 7) La Parábola, comedia en prosa y en dos actos. 8) Trasmigración del avaro, comedia en prosa en cinco actos y un Prólogo, estrenada en 1959 en el teatro Sucre. 9) Los Dioses y el Caballo, drama heroico en prosa y verso y en cuatro actos, estrenada en 1956 en un colegio. 10) El Silencio, tragedia en verso y cinco actos, estrenada en el Colegio de la Providencia en 1860 con sus alumnas. 11) Ares o Mares o La Noche no es para dormir, Comedia en verso y en tres actos, estrenada en 1960. 12) La Llave del abismo, tragedia en verso y en tres actos estrenada en 1961; también son suyas y están inéditas: 13) Alguien muere la víspera, comedia en verso y 4 actos estrenada en 1962 en la Casa de la Cultura. 14) Una Gota de lluvia en la arena, tragedia en verso y en cuatro actos estrenada en 1963, que tiene mucho de autobiográfico. 15) El Arca de Noé, comedia en prosa y en tres actos, estrenada en 1963. 16) El Ave muere en la orilla, tragedia en verso y en tres actos, estrenada en 1964. 17) El Recreo, comedia en verso y

(3) Renunció cuando la CCE fue reestructurada por la dictadura de la Junta Militar de Gobierno en 1963.
en tres actos, estrenada en 1964. 18) Las Ramas desnudas, tragedia en prosa y en tres actos, conteniendo varias piezas muy bien estructuradas, estrenada en 1965, ambientada en New York donde Tobar pasó buena parte del 64. 19) El César ha bostezado, comedia en prosa y en dos actos, estrenada en 196S, en plena dictadura (de la que ya se ha tratado) 20) Extraña ocupación, comedia en verso y en cuatro actos, estrenada el 66, cuyo fondo único es la muerte, simbolizada en la sirvienta vestida de luto en espera de su muda actuación. 21) La Gallina de los huevos de oro, comedia en prosa y en tres actos, estrenada el 66. 22) Cuando el Mar no exista, tragedia en verso y en tres actos, estrenada el 67. 23) Un León sin melena, comedia en verso y en cuatro actos, estrenada el 67. 24) La Dama ciega, tragedia en verso y en tres actos, que no se llegó a estrenar por cuanto la cooperativa del Teatro Independiente se opuso, debido a que era un claro alegato en favor del pretendido divorcio de su autor.

Entonces recibió la Orden Nacional al Mérito en el grado de Oficial por su contracción al teatro nacional. El 67 puso cuatro piezas cortas de diferentes autores internacionales. El 68 la comedia "Un hombre de provecho" que hizo recordar a "El burlador de Sevilla". El 69 la tragedia "En los ojos vacíos de la gente".

El teatro de Tobar es intelectual y tan talentoso y torrentoso —dice Descalzi- que casi no da tiempo a pensar y luego agrega: "Contiene abundancia de planteamientos ágiles, fugaces, desconcertantes, rápidos, oportunos y extraños. En ciertos momentos, el impromptu, el equívoco, la paradoja, la salida esquiva, desnuda de prejuicios, impacta y sorprende el cauce normal de la escena. En sus primeras piezas detenía el desarrollo pero después logró un gran dominio de la escena a pesar del alto cuociente de intelectualidad de sus personajes, todos capaces de expresión en términos brillantes, de oportunos esguinces, en una especie de competencia de mentes privilegiadas. Sin embargo, en sus obras últimas, sacrifica en aras del desarrollo de la acción ese error - si cabe así llamarlo- para dar paso a la plasticidad escénica".
Le place situar sus obras en ambientes marinos, en ciudades del país y aún del exterior. Tiene un especial recuerdo para Playas de Villamil, balneario de la provincia del Guayas donde pasó algunas felices vacaciones en su infancia, en casa de su abuelito materno Carlos García Drouet, la figura familiar más amada del pasado.

"En el estudio intrínseco de las tramas planteadas se saborea una tendencia fatalista, siempre bajo la escenificación de la muerte simbolizada en variadas dimensiones. Si siente el miedo de la carne hacia el misterio y como antítesis, la rebelión, cuando en insolente patetismo sus personajes se dan el lujo de negar a Dios y blasfemar a su albedrío. Por eso se ha acusado a sus obras de ser teatro de elite y para elites, no exento de denuncias cuando sus personajes se entrecruzan en contadas ocasiones con las clases humildes. Sus dramas tienen una reminiscencia de su propia vida y en algunos, de su ambiente familiar pasado, lo cual le da un riquísimo campo de estudio, para marcar sus impresiones con fuerza expresiva y vital cromatismo. Por eso tiene su tono de realidad indiscutible, matizada de símbolos y de intelectualismos que le da sabor de farse o de intento dramático. Tobar es un autor leal a su medio y por lo tanto un dramaturgo honrado. Mas que un reformista, un revolucionario a su manera".

El 70 presentó el drama "El Búho tiene miedo a las tinieblas" y la comedia "Asmodeo Mandinga". Ese drama fue como su despedida de las tablas, pues en conversación con Rodríguez Castelo le había confesado: "me siento cansado, mi última obra es mi visión negativa y tristísima de un mundo que nos ha tocado vivir...!"

Paco recordaba que durante sus años en "El Independiente" le tocó ser primer actor y director con lleana Woolf, Amparo Fegan, Poppy Crespo, Rosario Mera, Martha Rojas, Vrenely Stadler, Leonella Barios de Lundgen, Flor de María Alcívar, Walther Franco, Julian Terneus, Miguel Ordóñez, Holger Recalde, Francis Hamilton, Francisco Martínez y otros más, durante veintiséis temporadas que compartió con ellos; el teatro daba mucho dinero y todos ganaban, los programas se imprimían llenos de propaganda, el público y la crítica respondían al esfuerzo realizado.

Durante esas épocas viajó con el teatro Independiente invitado por gobiernos amigos y estuvo en el Perú, Chile, Argentina y México, ejercía la tesorería de la Universidad Católica, era Profesor titular. El 67 ingresó a la Academia Ecuatoriana de la Lengua y desde 1969 mantuvo un programa irónico de gran sintonía en el canal 8 de TV denominado "El Hombre impredecible".

De esas obras el propio Paco ha opinado: "En el Miedo me anticipé a todo cuanto he escrito después sobre la muerte y la soledad" y el crítico Martín Rosa le escribió diciendo que se trataba de una tremenda obrita que todo lo tenía, aunque para muchos podría estar falta de recursos, pobre y mal escrita. De "Las Mariposas" indicó que en el fondo es una pieza descarada. "No tuve ninguna piedad de los personajes y jugué con ellos como un titiritero; marionetas sin sangre, aves disecadas. Mas, la comedia helada me llevó a mi perfecto destino y juré servir al teatro con todas mis fuerzas".

De "La Res" confiesa que no tuvo éxito, por pretender romper con todas las convenciones teatrales, cuando el público ignora lo que son las convenciones. La buena gente se asustó frente a una pieza que exigía un elemental aunque difícil ejercicio de memoria: el público era lanzado del presente al pasado, se le obligaba a correr hacia un futuro inexplicable, "Rodríguez Cátelo ha manifestado que quizá es su pieza "Parábola" lo mejor de Tobar, donde un clima de angustia que se había ido tensando se torna atmósfera kafkiana, y los personajes llegan a nivel de símbolo a veces por alusión explícita. Pieza potente de la que se ha indicado que nada tiene que envidiar a las mejores de la actual dramaturgia mundial.

Después de esta pieza se cierra el primer ciclo de la obra de Tobar, para dar paso a otro, muy diferente, cuyas notas son fantasmas y cínicos, intrigas de salón que llegan hasta el crímen, buenos burgueses contrapuestos a seres extraños en la temática; ironía chispeante, acre, profunda como catalizador estético y una mayor plenitud de habla, con invencible tendencia al verso y con lugares de hermosa poesía, en cuanto a la forma externa. Por eso, y por cuanto el papel de loco, de extraño, de cínico que escogería para sí Tobar como actor, en larga cadena que enlaza al Lulli de Todo lo que brilla es oro con el Clemente de La Noche no es para dormir, al Lautaro de la Llave del Abismo, con el personaje más extraño de la serie, el Olavo de Cuando el mar no exista, le dio justamente fama de eso, en la vida real. Y aunque su teatro sea extraño, no por eso deja de ser netamente ecuatoriano, porque vivisecciona a una clase alta burguesa, aristocrática y decadente, que critica sin misericordia y que realmente existe en la realidad, y esto lo hizo con hilarante humorismo y acre causticidad, con penetrante sinceridad, de suerte que su teatro es un amplio panorama donde se asoman los punzantes problemas de una parte social del país, a la que el autor se debe por nacimiento y educación. Su situación económica era próspera pero su vida hogareña se había venido deteriorando con el paso del tiempo, al punto que ese año volcó sus sentimientos a la poesía, consiguiendo su obra más acabada "Canon Perpetuo", Quito, 134 páginas, poemario calificado por Rodríguez Castelo como "una de las obras más ambiciosas, hondas y bellas de la generación y de la lírica ecuatoriana del siglo, donde prosiguió la alta empresa de "Naufragio", con aliento más largo, mayor pasión y una libertad como pocas veces conociera la lírica americana; en más de ocho mil apretados versos y tres grandes partes, sucesivas y reiterativas a la vez: Scorpio, Himnos a Sydia y Cantos Boreales, discurso de desenfadado autismo, que da a menudo en la confesión y confidencia más directa, apenas veladas por imágenes y símbolos arquetípicos o extraños, en un amargo recuerdo de una infancia acosada y poblada de espantos, desgarramiento entre instinto y razón, para llegar a un nuevo, apasionado y jubiloso apropiarse de la vida y de la naturaleza, que se canta en febriles e iluminados himnos. El amor, un amor redescubierto, es la puerta para abrirse a una limpia y como original comunión con la naturaleza, dentro de un clima de religiosidad exaltada y balbuciente. La parte final acaba por oponer la naturaleza a las censuras, las ansias de la vida a las costumbres del miedo, el asombro de ver a los encogimientos, la verdad más desgarrada a las apariencias. Una amarga victoria que se consigue a través de las jornadas más desoladas ¡Cuántos cantos, dolorosísimos, sombríos, funerarios! Invitación a redescubrir el júbilo de vivir, la comunión con la naturaleza y el amor a Dios en lo más hondo del abismo.

Entre el 64 y el 68 sostuvo una ardua pugna interna en la Universidad Católica contra el rector padre Luis Orellana Ricaurte, S. J. por conseguir cambios de métodos y políticas de enseñanza. El 69, época en que ya había salido dicho rector escribió su comedia "Balada para un imbécil" (4) y con su obra de teatro "En los ojos vacíos de la gente" le fue conferido el premio internacional UNESCO que consiste nada más y nada menos en que la obra premiada pasa a formar parte del patrimonio artístico de la humanidad y es preservada por dicha institución para siempre.

Ese año fue entrevistado por Rodríguez Castelo para el Diario "El Tiempo" de Quito.

(4) Años más tarde, posiblemente a comienzos de los noventa, Monseñor Luis Orellana Ricaurte fue enviado a Guayaquil, por la Conferencia Episcopal. Le encargaron la Pastoral en la Arquidiócesis, pero no se acostumbró y a los pocos meses regresó a Quito. Era un anciano fuerte y saludable, pero totalmente anacrónico. Una tarde invernal con sol, mosquitos y 32 grados de calor, le encontré casualmente en la zona de las bahías, cruzando por el maremagum de comerciantes totalmente descamisados y sudorosos, que allí se alborotan, gritan y putean. Iba el buen Monseñor totalmente uniformado de negro como se estilaba antes del concilio de 1962, con todos los ribetes moradas en la sotana, gorro y medias, y una Biblia de páginas doradas al brazo. Su figura despertaba curiosidad pues no es usual ver fantasma del pasado en medio del trabajo urbano. Realmente Monseñor Orellana, no le había hecho para Guayaquil. El lo comprendió así y se fue a su cómodo retiro en la capital, lejos de la humanidad doliente, a dialogar consigo mismo y con Dios, lo que no está del todo mal. ¡No señor!.
En 1965 publicó en Madrid su pieza teatral en un acto y en verso "Las sobras para el gusano". Ediciones Aguilar, 45 páginas, monólogo de una mujer que se encuentra agonizando y revive su vida paso a paso. El 67 apareció en la CCE "Tres piezas de Teatro" en 332 páginas, con 1) Extraña Ocupación, 2) La Dama Ciega y 3) Cuando el Mar no existía. El 70 salió "El Amargo misterio y otras piezas" en 243 páginas indicándose que la obra que dio el título a esta edición no pudo ser representada por razones técnicas, por ser teatro estático. Su argumento está basado en la vida del profeta Oseas que casó con una prostituta. Ese mismo año apareció en la colección Cien Clásicos Ariel, dentro del volumen No. 96 correspondiente al Teatro Contemporáneo, su obra "En los ojos vacíos de la gente", entre las páginas 67 y 149, basada en el drama de su parienta la poetisa ibarreña Dolores Bethancourt, que se suicidó por la persecución desatada en su contra por la curia ibarreña, a causa de sus versos eróticos, que rompió poco antes de su trágico fin.

Ese año se exilió voluntariamente a España en desesperado afán de huir del círculo vicioso de conflictos personales que le atormentaban, al punto que la idea de la muerte como única salida o escape, se había convertido en el tema central de sus obras. Así pues abandonó a su esposa e hijas causando el consabido escándalo social que esta clase de viajes suele provocar. Se fue con carmen Hurtado Vinces, de Quevedo a quien conoció en la Universidad.

Al principio fue obrero de imprenta en Madrid pues no tenía dinero, pero meses después fue llevado por Antonio Iglesias Laguna a formar parte del staf de escritores de la Revista "Crítica Literaria", la más importante en su género en España, donde trabajó por algunos años bajo la paternal dirección de Ramón Solís e hizo amistad con muchísima gente importante del mundo de las letras europeo y latinoamericano.

El 71 fue designado Adjunto Cultural de la Embajada en Madrid, el 80 pasó de Encargado de Negocios a Haití o de "Embajador Chiquito", pues tuvo que hacer las veces de Jefe de Misión por falta del titular. El 84 fue cambiado a Ministro Consejero en Caracas y el 86 volvió a Quito de Jefe del Departamento Cultural de la Cancillería.

Durante los años que vivió en el exterior colaboró con tres crónicas semanales para "El Comercio" y "El Tiempo de Quito" y escribió circunstancialmente para "El Universo" de Guayaquil, tratando siempre sobre temas relacionados con novelas, arte y personajes.

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